Quien dijo que en la guerra todo vale?
Las guerras son malas y hacen aflorar las peores ideas de la gente, de eso no cabe duda, pero hay aberraciones que no podemos imaginar que hayan pasado, y es que durante la Segunda Guerra Mundial, se usó a los perros como bombas.
Lo que inventamos para destruir…
Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, y no siempre los humanos les hemos correspondido, no solo con maltratos y abandonos, sino que nuestro ingenio destructor ha hecho un uso grotesco de los pobres animales.
Durante la Segunda GuerraMundial el ejército soviético estaba siendo castigado por los temibles tanques alemanes y no veía forma posible de anular tan terrible arma. Pero la solución llegó en forma de can. Se ideó atar bombas ataba bombas a los perros y enviarles contra los carros blindados.
El origen de tan macabra idea está en el científico Pavlov, el creador de la psicología conductivísta (o conductismo), cuyos experimentos se basan en el intento de modificar la conducta animal mediante estímulos que crean determinadas respuestas. De hecho a esta brigada de perros explosivos se les conoce históricamente como “los perros de Pavlov”.
Para adiestrar a los perros se les daba de comer bajo un tanque durante semanas para que asociaran la aparición de dicho elemento al hecho de que pudieran comer. Días antes de soltarlos en la batalla se les privaba de alimento y se les soltaba en el frente para que fueran directos hacia los tanques enemigos.
Los perros llevaban puesto un chaleco con explosivos y en cuanto pasaban bajo el tanque enemigo, donde el blindaje es más débil, un detonador consistente en una palanca, se doblaba haciendo estallar la carga, que si bien en la mayoría de los casos no mataba a los tripulantes, al menos anulaba el avance del tanque y su mortífero ataque.
Así, tras este triste episodio de nuestra historia, queda claro que si en el mundo desaparecieran por completo todas las armas, usaríamos hasta nuestros amigos para matarnos unos a otros.