Cuando consideramos abandonar los estudios
A lo largo de su carrera universitaria, son muy pocos los estudiantes que en ningún momento se cuestionen sobre si continuar o no con sus estudios. Es necesario aceptar estos cuestionamientos, pero a la vez comprender que dejar la universidad es una decisión que no se puede tomar a la ligera. Hay algunos aspectos que hay que poner en la balanza antes de cerrar definitivamente los libros.
A cualquiera le habrá pasado: después de suspender un examen que habíamos preparado con esmero y dedicándole toda nuestra energía, o bien al no obtener satisfacciones de lo que pensábamos era nuestra verdadera vocación, nos preguntamos si vale la pena seguir estudiando. En ciertos momentos, todos los estudiantes nos cuestionamos sobre si seguir con nuestra carrera será la única decisión posible; y entonces ésta se nos torna una pesada carga.
Sin embargo, más allá de que estos planteamientos sean comunes, abandonar los estudios es una decisión drástica que puede acarrearnos consecuencias indeseables en el futuro: menores posibilidades de empleo, frustración personal, sensación de fracaso, críticas por parte de nuestra familia y hasta depresión. Por ello, es fundamental preguntarnos por los verdaderos motivos que nos empujen a dudar al respecto. Sólo entonces estaremos en condiciones de hacernos responsables de la decisión que finalmente tomemos.
¿Por qué elegí esta carrera?
Muchas veces uno se inscribe por verdadera vocación o interés en el área. Pero en otras oportunidades, las presiones familiares y sociales influyen para la elección de la carrera. En estos casos, vale cuestionarse si definitivamente soy yo el que quiere estudiar o si son mis padres los que desean que obtenga el título. Recuerda que una carrera implica muchísimo esfuerzo y desgaste por tu parte, y no vale la pena que lo inviertas por nadie más que no seas tú.
¿Siento que los estudios no me dejan tiempo para nada más?
Un noviazgo, un nuevo empleo o la posibilidad de un viaje son situaciones que alteran nuestra rutina y hacen que sintamos que la universidad nos abruma. Esto es porque quisiéramos invertir nuestras horas libres de otra manera. Tal vez no necesariamente haya que ser tan drástico como para abandonar todo, sino que baste con exigirnos un poco menos –cursar menor cantidad de materias, por ejemplo- o bien organizar mejor nuestro tiempo.
¿Me imagino ejerciendo la profesión para la cual me estoy formando?
En ocasiones, nos cuesta relacionar aquello que estamos estudiando con el futuro trabajo para el cual nos prepara la carrera. Por ejemplo, un futuro psicólogo puede preguntarse para qué seguir una materia como estadística, si lo que le interesa es tratar la violencia familiar; o un futuro médico abrumarse estudiando química orgánica, que parece tan distante del trato con pacientes. Pero es importante mantener una visión a largo plazo. Fijarse una meta clara a futuro nos ayudará a transitar los pasos más arduos en nuestra carrera.
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