La Tierra está rodeada de cinturones de radiación que comienzan aproximadamente 1.000 kilómetros por encima de la superficie.
Estos han sido estudiados durante años para comprender exactamente su forma y tamaño y la NASA acaba de presentar nuevos datos que sorprenden al mundo.
“Los cinturones de radiación de la Tierra, las zonas de partículas cargadas que rodean nuestro planeta, fueron descubiertas hace más de 50 años, pero su comportamiento aún no se entiende por completo.
Nuestras últimas observaciones muestran que normalmente no hay tanta radiación en el cinturón interior como lo pensábamos anteriormente.
Estas son Buenas noticias para las naves espaciales que vuelan en la región”, se lee en las cuentas en redes sociales de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos.
Los cinturones de radiación son conocidos también como ‘los cinturones de Van Allen’, en honor de su descubridor, James van Allen, y están sujetos a la radiación del Sol, lo que hace que se contraigan o se ensanchen.
El año pasado, los científicos de la NASA aseguraron que los cinturones de Van Allen no son tan simples. “La forma de los cinturones en realidad es muy diferente dependiendo de qué tipo de electrones predominen”, indicaron.
Los cinturones varían dependiendo en gran medida de la energía de los electrones, lo que significa que van a tener simultáneamente diferentes estructuras.
La NASA también precisó en 2013 que estos son unas regiones críticas para la sociedad moderna, que depende de las tecnologías espaciales.
Se ven afectados por las tormentas solares y el clima espacial y pueden crecer drásticamente.
Cuando esto ocurre, pueden representar peligros para las comunicaciones y los satélites GPS, así como para los seres humanos en el espacio.
Es por esto, que en el reciente reporte de la NASA se señala que son “buenas noticias para las naves espaciales que vuelan en la región”.
Y para los que empiecen con el Hombre no fue a la Luna sobre por la radiación de el cinturón de Van Allen:
Aunque todavía no se entendía muy bien la dinámica de los cinturones de radiación en los años 60, la NASA era consciente de su peligro para las misiones tripuladas.
De hecho, lejos de infravalorar el riesgo de los cinturones Van Allen y las partículas solares, la agencia espacial norteamericana dio una importancia enorme a este tema. Para medir la radiación, las misiones Apolo incorporaban varios dosímetros y sensores.
Cada nave llevaba un instrumento específico para medir la radiación al atravesar los cinturones de radiación, el denominado instrumento VABD (Van Allen Belt Dosimeter).
Además, cada astronauta portaba un dosímetro personal (PRD, Personal Radiation Dosimeter) con el fin de medir la dosis acumulada.
Este aparato era transportado en los bolsillos de los trajes de vuelo y de EVA.
Disponía de una pequeña pantalla que mostraba la dosis acumulada en un momento dado y, cada 12 horas, los astronautas debían registrar y comunicar a Houston la lectura de las dosis.
Además del PRD, los astronautas llevaban tres dosímetros pasivos repartidos por distintas zonas de la ropa (pecho, tobillo y muslo) para ser analizados después del vuelo.
Las tripulaciones tenían también a su disposición un medidor de radiación portátil, el RSM (Radiation Survey Meter), que era usado regularmente para comprobar los niveles de radiación en distintas zonas de la nave.
Como vemos, la NASA consideró desde un principio que la radiación era un tema de gran importancia.
La NASA había puesto el límite de radiación para las misiones Apolo -de unos diez días de duración- en 400 rad (4 Gy) para dosis absorbidas en piel y 50 rad (0,5 Gy) en órganos internos (hematopoyéticos).
Eran unos límites muy elevados comparados con los estándares actuales, principalmente porque todavía no se entendía muy bien los efectos de la radiación a largo plazo, especialmente los causados por partículas energéticas.
Claro que se trataba de límites operativos, esto es, que, en caso de superarlos, se creía que la tripulación tendría bastantes probabilidades de quedar inutilizada inmediatamente y morir poco después, con la consiguiente pérdida de la misión.
En cualquier caso, las dosis medidas durante las misiones Apolo resultaron ser muy inferiores a las esperadas y claramente por debajo de los límites operativos, como podemos ver en la siguiente tabla:
Les dejo un interesante vídeo filmado en la Misión Apolo 15, realizando una prueba en la Luna:
Estos han sido estudiados durante años para comprender exactamente su forma y tamaño y la NASA acaba de presentar nuevos datos que sorprenden al mundo.
“Los cinturones de radiación de la Tierra, las zonas de partículas cargadas que rodean nuestro planeta, fueron descubiertas hace más de 50 años, pero su comportamiento aún no se entiende por completo.
Nuestras últimas observaciones muestran que normalmente no hay tanta radiación en el cinturón interior como lo pensábamos anteriormente.
Estas son Buenas noticias para las naves espaciales que vuelan en la región”, se lee en las cuentas en redes sociales de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos.
Los cinturones de radiación son conocidos también como ‘los cinturones de Van Allen’, en honor de su descubridor, James van Allen, y están sujetos a la radiación del Sol, lo que hace que se contraigan o se ensanchen.
El año pasado, los científicos de la NASA aseguraron que los cinturones de Van Allen no son tan simples. “La forma de los cinturones en realidad es muy diferente dependiendo de qué tipo de electrones predominen”, indicaron.
Los cinturones varían dependiendo en gran medida de la energía de los electrones, lo que significa que van a tener simultáneamente diferentes estructuras.
La NASA también precisó en 2013 que estos son unas regiones críticas para la sociedad moderna, que depende de las tecnologías espaciales.
Se ven afectados por las tormentas solares y el clima espacial y pueden crecer drásticamente.
Cuando esto ocurre, pueden representar peligros para las comunicaciones y los satélites GPS, así como para los seres humanos en el espacio.
Es por esto, que en el reciente reporte de la NASA se señala que son “buenas noticias para las naves espaciales que vuelan en la región”.
Y para los que empiecen con el Hombre no fue a la Luna sobre por la radiación de el cinturón de Van Allen:
Aunque todavía no se entendía muy bien la dinámica de los cinturones de radiación en los años 60, la NASA era consciente de su peligro para las misiones tripuladas.
De hecho, lejos de infravalorar el riesgo de los cinturones Van Allen y las partículas solares, la agencia espacial norteamericana dio una importancia enorme a este tema. Para medir la radiación, las misiones Apolo incorporaban varios dosímetros y sensores.
Cada nave llevaba un instrumento específico para medir la radiación al atravesar los cinturones de radiación, el denominado instrumento VABD (Van Allen Belt Dosimeter).
Además, cada astronauta portaba un dosímetro personal (PRD, Personal Radiation Dosimeter) con el fin de medir la dosis acumulada.

Este aparato era transportado en los bolsillos de los trajes de vuelo y de EVA.
Disponía de una pequeña pantalla que mostraba la dosis acumulada en un momento dado y, cada 12 horas, los astronautas debían registrar y comunicar a Houston la lectura de las dosis.

Además del PRD, los astronautas llevaban tres dosímetros pasivos repartidos por distintas zonas de la ropa (pecho, tobillo y muslo) para ser analizados después del vuelo.

Las tripulaciones tenían también a su disposición un medidor de radiación portátil, el RSM (Radiation Survey Meter), que era usado regularmente para comprobar los niveles de radiación en distintas zonas de la nave.

Como vemos, la NASA consideró desde un principio que la radiación era un tema de gran importancia.
La NASA había puesto el límite de radiación para las misiones Apolo -de unos diez días de duración- en 400 rad (4 Gy) para dosis absorbidas en piel y 50 rad (0,5 Gy) en órganos internos (hematopoyéticos).
Eran unos límites muy elevados comparados con los estándares actuales, principalmente porque todavía no se entendía muy bien los efectos de la radiación a largo plazo, especialmente los causados por partículas energéticas.
Claro que se trataba de límites operativos, esto es, que, en caso de superarlos, se creía que la tripulación tendría bastantes probabilidades de quedar inutilizada inmediatamente y morir poco después, con la consiguiente pérdida de la misión.
En cualquier caso, las dosis medidas durante las misiones Apolo resultaron ser muy inferiores a las esperadas y claramente por debajo de los límites operativos, como podemos ver en la siguiente tabla:

Les dejo un interesante vídeo filmado en la Misión Apolo 15, realizando una prueba en la Luna: