Más allá de lo que señalan los relatos ficticios de la Biblia, gracias a la historia, sabemos que la gente del glorioso Antiguo Egipto y la de los pueblos judíos no se llevaban bien en lo más mínimo, entre otras cosas, porque los egipcios esclavizaron al pueblo judío. Pero volviendo a la Biblia, en Números 16:41-49 se narra como los egipcios habían esclavizado a los judíos, pero que éstos, a su vez, contaban con la figura de Dios en su equipo. Para darle su merecido a los egipcios, Dios envió lo que se menciona como las 10 plagas, que tuvieron comienzo con la transformación del Nilo en sangre pura y culminaron con un infanticidio a gran escala en el que Dios mató a todos los primogénitos de los egipcios y también los animales. Muchos de esos primogénitos eran adultos, pero entre 14.700, otros tantos eran niños.
“44 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 45 Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros. 46 Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado. 47 Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo, 48 y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. 49 Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré.”
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