El molinero Domenico Scandella, al que llamaban Menocchio, había nacido en 1532 en la montañosa Montereale Valcellina, pequeña aldea de la región de Friuli, en la Italia septentrional. Casado y padre de once hijos de los cuales habían fallecido cuatro, la lectura de Dante, Boccaccio y Servet había alimentado tanto la imaginación del molinero que en 1583, con apenas 52 años, fue denunciado ante el Santo Oficio por hacer proselitismo en contra de la Iglesia y de Cristo. A pesar de que Menocchio se presentó voluntariamente ante los inquisidores, el franciscano Fra Felice da Montefalco le hizo arrestar y trasladar encadenado a la cárcel de la Inquisición en Concordia Sagittaria.
En su primer interrogatorio no mostró dificultad en confesar una sorprendente lista de lecturas, así como en dar una inesperada, retorcida y laboriosa respuesta sobre el origen del universo y de la propia humanidad: Al principio esteno era nada, y del agua del mar fue batida como una espuma, y se coaguló como un queso, del cual luego nace gran cantidad de gusanos, y estos gusanos se convirtieron en hombres, de los cuales el más poderoso y sabio fue Dios.
En el juicio, Menocchio no sólo aireó su muy particular visión cosmogónica sino también sus dudas acerca de la virginidad de María y del comportamiento poco misericordioso de la Iglesia, entre otros asuntos delicados. La audacia de sus afirmaciones alcanzó tal grado que el desconcertado jurado tanteó si se encontraba ante un loco, por lo que uno de los hijos de Menocchio aprovechó para difundir que había razones para tomar a su padre como tal. Sin embargo, el Santo Oficio no le creyó, pues aquel hombre pedía perdón pero no renegaba de nada. Menocchio fue condenado a abjurar de la herejía y a realizar diversas penitencias emparedado entre los dos muros que limitarían el universo para el resto de sus días. Como el reo cumplió con el castigo durante tres años, la pena se conmutó por otra menor, permanecer en su pueblo natal como cárcel perpetua. En Montereale, el molinero friulano fue nombrado camarero de la iglesia de Santa María y a la vez logró permiso para ejercer diversos oficios además del de molinero, como maestro de escuela, segador, e incluso guitarrista.
Dios un gusano
Con el tiempo el piadoso Menocchio abandonó toda prudencia y volvió a compartir sus fantasías con quien él creía que estaba capacitado para entenderlas. Habían transcurrido más de quince años desde la primera vez que fue interrogado, tenía 67 años y había encanecido. Nuevas denuncias provocaron un segundo proceso, el último. Menocchio fue declarado relapso por unanimidad y se dictaminó que el sentenciado fuera sometido a tortura hasta arrancarle el último nombre de sus cómplices. Convertido en miembro infecto del cuerpo de Cristo, el papa Clemente VIII exigió su muerte. Por aquellos mismos días terminaba en Roma el proceso contra un ex fraile, Giordano Bruno, que como Menocchio moriría en la hoguera por orden del Santo Oficio.