Argentina, un país sin tanta buena gente
A continuación, comparto algo que encontré en Facebook, me pareció una reflexión interesante...
En los tiempos que corren parece como si viviéramos en un cuento. Un cuento, por ratos hermoso y por ratos de terror. Surge en mí la imperante necesidad de formularme una sola pregunta; ¿vivimos en Argentina? Si nos remitimos a la imagen que nos dan los medios masivos de comunicación, podemos pensar que si viviéramos en Burkina Faso, estaríamos mejor que en este país. En el otro extremo de la mesa, nos encontramos con una imagen todavía peor, un gobierno que nos habla de que todo está bien, que estamos mejor que nunca, que hay igualdad de expresión, que se defiende lo nacional, y que por el otro lado se mueve como la peor de las mafias.
Lo peor de todo, no son ni los medios de comunicación ni el gobierno. Es la gente que se auto convence de que el sistema es justo. Leo y oigo a oficialistas y a opositores por igual y puedo apreciar que es imposible mantenerse imparcial, porque no hay lugar para una tercera posolor=blue]Grave es escuchar personas fanatizadas con el gobierno nacional, que sin tener una sola pizca de formación e información opina en temas que desconoce, porque su presidenta y el séquito de desfachatados que la siguen, usan simplismos que no hacen otra cosa que confundir y generar discordia.
En ningún país civilizado del mundo, si los hay, se ha escuchado que el primer mandatario tilde al vicepresidente de “Okupa”; que una mujer, avalada y elogiada por el gobierno, que perdió a sus hijos en una ola de violencia desenfrenada, tenga la insolencia de pronunciar frases como: “El Parlamento no vale nada, todos los días nos hacen la contra”, o La protesta del campo contra las retenciones móviles, “Otro gobierno ya los hubiera desalojado a los palos y con gases como se lo merecían” o. Sobre la inauguración del Museo de la Memoria incentivado por, en aquel entonces presidente, Néstor Kirchner: "Que pena que no estén los FAL, las armas con la que nuestros hijos quisieron hacer la revolución. Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve". Pregunto: ¿Qué sistema de gobierno apoya a un ser humano que pareciera estar hecho de odio? Adivinemos juntos… y sí ¡Argentina!
Vergüenza ajena me da escuchar frases como: “con Néstor y Cristina recuperamos la dignidad”, “yo vivo bien gracias al modelo nacional y popular”. Míseros comentarios, de gente engañada que le da gracias a un funcionario que no está haciendo más que cumplir con su trabajo, sino, ¿para que cobran semejantes sueldos?Gracias se le da a personas que nos dejan enseñanzas ricas en valores éticos, no a los que nos dan bienes materiales y nos adulan de una manera escandalosa o que promueven la violencia disfrazados de ovejas.La dignidad es una cualidad propia de cada persona, no una especie de chip electrónico que se coloca o se quita según haya un gobierno u otro.
¿Y que pasa si damos nuestro punto de vista? La primera frase que les viene a la boca a estos individuos es “FACHO”, parece que hubiera una paranoia en la Argentina por atacar a cualquiera que se atreva a cuestionar a la jefa de Estado o a su “modelo” (en otros términos, ven milicos por todos lados). Otros calificativos del sector oficialista: “Gorila”, “lees a clarín”, “sos un golpista”, “no te acordás del 2001” o la típica “si tanto te molesta, ¿por qué no te vas del país?”. Este esquema propagandístico, que haría sonrojar a Goebbels, se va metiendo en la cabeza de la gente con poco juicio que luego es utilizada para defender por la fuerza, si fuera necesario, a todo el conjunto de parásitos que lo encabezan.
Como opinión, es muy difícil hacerle ver a muchas personas, que nadie puede arrogarse la representación del “pueblo” para sus propios fines. No son pocas las veces que los funcionarios del gobierno se refieren a la presidente y a su finado marido como “líderes de todos los argentinos”, es el atropello más grande que puede haber contra la Constitución Nacional. No necesitamos que nadie nos diga que hacer, a lo único que debemos subordinarnos es a nuestra conciencia, a nuestro deber ciudadano, consustanciado con la Constitución. Ese es el concepto de democracia. El delegarle nuestra soberanía personal a otro sujeto es, lo que a lo largo de nuestra historia nos ha quitado derechos, silenciado a muchos y fusilado a unos cuantos.
Es de vital importancia, eliminar los “ismos”, ya que cuando aparecen precedidos por el nombre o el apellido de alguien, la cosa siempre termina mal. Porque resulta más que evidente que solo se cumple la voluntad de quien lo representa. En una democracia real, se hace lo que dicen las mayorías, pero respetando a las minorías. En Argentina, irónicamente, se hace lo que dice Cristina sin escuchar al resto y como si fuera poco, es apoyada y defendida por sus “cipayos” y por gran parte del pueblo. ¿Y los que no están de acuerdo?. Vuelva a leer el quinto párrafo otra vez.
Ojalá algún día, ese 54% del que tanto hablan, tome conciencia y pueda darse cuenta de que los populismos autoritarios y el personalismo no coayudan a un auténtico desarrollo humano, no contribuyen a enriquecer espiritualmente a los individuos y no contribuyen, por lo mismo, a su perfeccionamiento moral ni a la consolidación de una auténtica personalidad auto sostenida. Que solo con el consenso, el diálogo, las ganas de participar y construir y; los valores éticos como la humildad, el compañerismo, la solidaridad, el respeto, entre otros tantos, podemos llegar a ser mejores como país y como personas.
Para finalizar, quisiera exhortar a todos los argentinos (me incluyo), a repensar la situación y a no dejarse mentir más. Si no pensamos por nosotros mismos, perdemos no solo nuestra soberanía personal, sino que estamos contribuyendo a que se genere la cultura del “no sé, ni me importa” que es lo que nos quita la fuerza como país y termina dividiéndonos.
Tengo la férrea convicción de que podemos llegar a ser, si nos lo proponemos, UN PAÍS CON BUENA GENTE.