Todo el universo está en constante movimiento. La luz, el sonido y la materia son expresión de este permanente y estable estado vibratorio: EXPANSION- CONTRACCIÓN, flujo y reflujo, Yin-Yang, muerte y nacimiento; así que es un proceso dinámico y continuo de transformación. Los griegos usaban la palabra cosmos con el significado de “orden”. Si en el cielo todo es constante, hay periodicidad y es pronosticable dentro de unos márgenes muy estrechos de irregularidad, en la superficie terrestre no hay orden sino caos relativo: emociones impronosticables, conflictos irracionales, crisis inesperadas, guerras.
Conquistar el orden en el mundo es una de las aspiraciones esenciales del ser humano y la Astrología nace del intento de buscar ese orden dentro del aparente caos percibido en la tierra. El dualismo entre orden celeste y desorden terrestre se acepta en cualquier parte como un hecho, sin embargo el orden está en todas partes, solo el ser humano es incapaz de verlo. El desorden observado por el ser humano en la tierra es una visión incompleta de su existencia Al observar el cielo y aplicar las leyes de la analogía, podemos ver como dentro del “caos” de la vida diaria hay un orden implícito cuya constatación y comprensión solo es posible si se persigue una visión más amplia de la que otorgan nuestros sentidos (así es arriba como abajo).
Un organismo está ordenado, pues la vida es orden, sin embargo al observarlo con microscopio cada célula parece actuar de forma caótica respecto a sus vecinas, así que depende de donde se mire. Podría decirse que el caos es el punto de partida de un camino, un proceso y una transición hacia ese gran todo que es también el Ser interior.
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