Jung usó el término “arquetípico” para describir todas las realidades psicológicas de un carácter biológico y psico-biológico. La habilidad de un recién nacido para succionar es arquetípica, como el sonreír, fruncir el seño, llorar o todas esas cualidades recurrentes referidas a los comportamientos y gestos que nos hacen humanos. Algunas “unilaterales psicologías extravertidas” dicen que estas cualidades están programadas desde fuera, ya que creen que, al nacer, la psique humana es una “pizarra limpia” o Tabula Rasa. Jung proclamó que hay un potencial arquetípico en el niño sin el cual nunca podría tener lugar una “programación”.
Innata en la mayoría de los animales, este substrato o predisposición arquetípica, se expresa desde el primer momento de vida, como por ejemplo en la necesidad arquetípica de vincularse con una figura materna. Esta urgencia de la necesidad que se tiene de una madre es un ejemplo, muy sencillo e introductorio, de lo que Jung llamó Arquetipos. Los rituales de interacciones sociales, los juegos de apareamiento, maneras de percibir y evaluar lo percibido, entre tantos, constituyen una serie de arquetipos de de comportamientos eternamente repetidos entre los seres humanos.
El concepto de Inconsciente Colectivo, este Inconsciente donde se hallan los Arquetipos, sustrato psíquico compartido por toda la humanidad y atemporal, ha “irritado” a algunos, probablemente porque la idea de que existe un Inconsciente Colectivo parece disminuir las posibilidades del Ego de ser único y supremamente libre. En realidad, así como poseemos rasgos personales, que nos hacen únicos, también debemos vivenciamos determinadas experiencias o aprendizajes que son arquetípicas. Protágoras, filósofo griego, dejó escrito esta idea hace muchos siglos atrás al decir que: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Esto significa que nada ocurrirá al hombre que no sea propio de su naturaleza humana. Es decir, por analogía, al gorrión le sucede lo propio de su especie, y al león lo de la suya. Todo lo que se refiere a nosotros es tan único como nuestra huella digital o el ADN, aunque al mismo tiempo todos seamos también simplemente humanos. Como sucede con las paradojas, esta es una idea al principio nueva para nosotros, pero que como ya mencionamos, es una idea que se encontraba en la Filosofía de todos los pueblos antiguos.
Si miramos alrededor en una habitación a la luz de las “bombitas” de luz y las lámparas, deduciremos con facilidad que la energía o la electricidad es la misma en cada una. Esta imagen proporciona alguna comprensión de la naturaleza del Inconsciente Colectivo. Cada uno de nosotros es una “bombita” de luz única, separada y distinta, con un voltaje y una marca determinada, pero el principio animador en cada uno de nosotros es el mismo: “La energía eléctrica”. Este concepto puede ir en contra de nuestro egocentrismo, pero si lo contemplamos en profundidad, veremos que es verdad. Somos igualmente personales e impersonales al mismo tiempo. Los Arquetipos principales que se expresan en nosotros en esta época y que destaca Jung son: El Personaje o la máscara; Anima y Animus, arquetipos contra sexuales; La Sombra o lo oculto; y el Self o el sí-mismo, como sinónimo de la Consciencia Real u Objetiva, latente en nuestro interior hasta que lo hagamos consciente. Es nuestra elección el decidir hacer conscientes a los Arquetipos, que nos impulsan a lograr una vida más consciente e integrada, o el continuar en la oscuridad de la ignorancia.
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