
Ésta tumba ha pasado desapercibida. Se encontró por casualidad en Jerusalén y es del siglo I, no sólo está el osario, sino también 12 cajas funerarias.
Llevado todos los objetos a la Sede de la Autoridad de Antigüedades de Israel, los arqueólogos examinan los osarios con detalle, tras retirar dos milenios de polvo. Cuando vieron los diseños se dieron cuenta que no era una simple tumba. El nombre de José hijo de Caifás aparece grabado en dos de los recipientes. El historiador del siglo I, Flavio Josefo llama así, al sumo sacerdote que decretó la muerte de Cristo.
Dentro de los cofres de piedra se encontraron, monedas, telas, lámparas de aceite, los huesos de un hombre de unos 60 años y dos clavos. Luego de un año de estudios, concluyen que es el osario del sumo sacerdote Caifás, es entonces la primera vez que los arqueólogos descubren una persona de los Evangelios.
Caifás tuvo un rol bastante negativo, como explica la profesora de la Universidad de Ottawa Adele Reinhartz, es el hombre que planeo la muerte de Jesús.
Los arqueólogos que investigaron el enterramiento, dicen que el nombre Caifás es poco común, tanto por fuentes judías como en el Nuevo Testamento.
Mucho tiempo después de éste descubrimiento, el periodista de investigación Simcha Jacobovici, mirando lo que se había encontrado en la tumba de Caifás, interpreta que esos dos clavos pudieran ser de la cruz del mismo Cristo. Según el profesor James Tabor, de la Univerity North Carolina at Charlotte, dice que encuentra clavos en todas las excavaciones pero son de ventanas y puertas, pero ninguno dentro de un osario.
Convencido de que esos clavos están relacionados con la crucifixión, el periodista visita al Dr. Gideon Avni, y desafortunadamente le explica que los clavos se han perdido.
Posteriormente el profesor Israel Hershkovitz de la Universidad de Jerusalén, lo llama para decirle que allí tienen dos clavos que llegaron hace muchos años desde una tumba, puede que sean los mismos. Este profesor tiene en su poder, bueno en poder de la Universidad, el único clavo que hay en el mundo que se sabe que es de una crucifixión pues está fusionado con un hueso del pie y pertenece también al siglo I. Los otros dos clavos, tienen algunas características que lo hacen candidatos a que también sean clavos de una crucifixión, pues tienen las puntas dobladas, de no ser así el cuerpo de la persona simplemente se resbalaría y caería.
El DR. Aryeh Shimron, Geo-arqueólogo que a pesar de su escepticismo dice que es digno de estudio. Usan un microscopio electrónico de barrido, que amplía la imagen hasta 500 mil veces y analiza la composición química en el punto exacto que se está viendo. Allí vieron indicios que pueden relacionarlos con los clavos perdidos, y para eso ha hecho unos exámenes increíblemente minuciosos, incluso algunos llevaron varios años. Los isotopos de carbono y oxigeno respaldan totalmente que los clavos provienen del osario de Caifás.
Quizás el sumo sacerdote ha pedido que lo entierren con la prueba de un acto que lo ha perseguido toda su vida: la crucifixión de Jesús. ¿Se arrepintió Caifás por lo que había hecho?
Las historias no tienen nada que ver con las interpretaciones que muy adecuadamente acomodan las religiones para su conveniencia.