La noticia causó una conmoción en el pueblo La Trinidad en la provincia de Tucumán. Después de tenerlo más de un año a resguardo de los curiosos, la familia Ibrahim, de Villa La Trinidad, decidió mostrarle a algunos vecinos su extraña mascota: mitad conejo, mitad gato. A partir de allí, fue incesante el desfile de la gente para ver al animalito, muy manso y dispuesto a estar en los brazos de los niños. Nancy (de 14 años), la “madre” del felino, le impuso el nombre de Eros Yutiel, pero en el pueblo todos hablan del “conegato”.
“Una de nuestras gatas quedó embarazada y el gatito que dio a luz nació casi sin nada de pelo. Después de dos meses comenzamos a ver que en la parte trasera y en la cola se parecía más a un conejo que a un gato. La madre lo rechazó desde el primer momento, así que yo me dediqué a criarlo. Le di leche con una mamadera chiquita hasta que aprendió a comer. Después le dimos alimento para gatos, pero le hizo mal, así que comenzó a comer las sobras de nuestras comidas (sobre todo verduras hervidas). Hoy le gusta mucho cuando le damos frutas, alfajores, licuados y helados”, le contó Nancy a LA GACETA. Eros Yutiel es el rey de la casa: duerme y ve dibujitos junto con los chicos de la casa, no sale de noche y lo sacan a pasear en brazos por la plaza.
Hoy ya tiene un año y tres meses y varios preguntaron por su precio: “pero él no se vende; es nuestra mascotita”, dice toda la familia. La madre de Nancy teme que lleven al animalito para examinarlo en la Universidad y que no se lo devuelvan, aunque quedó tranquila cuando le advirtieron que tiene derecho a pedir su restitución.
Los Ibrahim desconocen si en el fondo de su casa (donde hay cañaverales y otras fincas) vivían conejos silvestres o si había un criadero. La gata madre tuvo luego de este parto dos pariciones más, con gatitos normales.