Nueva ciudad. Nuevas posibilidades. Lujo, glamour, celebrities, pistolas doradas y coches rápidos. La decadencia en estado puro. El exceso máximo que el dinero puede comprar y una guerra abierta contra facciones de europeos decadentes, mexicanos, activistas hackers y unidades especiales del Gobierno que se empeñan en hacernos creer que el territorio de Steelport no es nuestro para poder controlar sus vicios y negocios como nos venga en gana. Bienvenidos una vez más a Saint's Row. Y recordad siempre esto: Nunca se tienen demasiadas balas, dinero, coches, consolas ni mujeres.
Todo eso solamente contribuyó a una cosa: Tres millones y medio de unidades vendidas hasta la fecha (aunque no la cifra esperada por THQ) y una popularidad entre los usuarios lo suficientemente alta como para que el estudio Volition Games regrese, tras sufrir despidos en su staff, con la ansiada por muchos tercera parte de una saga que siempre ha intentado dejar bien claro que se mueve en una trayectoria distinta a la del rey de los Sandbox: Grand Theft Auto.
Los Chicos del Barrio
Tras los hechos acaecidos en la secuela, ambientada cinco años después del Saint's Row original, los Saint se encuentran con que un nuevo jugador ha llegado a la ciudad: Se trata del Sindicato, dirigido por Phillipe Loren, que ya ha empezado a controlar por completo Stilwater, haciéndose con los territorios y sus negocios, además de sobornar a la poli. Los chicos Saints se ven forzados a realojarse en otra parte, en la ciudad de Steelport, una jungla urbana industrial (similar en estilo y arquitectura a Chicago según sus creadores) que ha crecido alrededor de sus factorías, la mayoría cerradas ahora debido a la crisis económica imperante. Todo un nauseabundo pozo de vicio, corrupción y pestilencia que salpica por igual a estamentos y zonas de la ciudad y que también está en el punto del mira del Sindicato, que ya controla los negocios del juego y la prostitución en el nuevo escenario.
Para complicar un poco más las cosas, no solo tendremos que enfrentarnos a la banda de The Morning Star, liderada directamente por Loren y compuesta por hombres de impecable aspecto, acento extranjero y estilo europeo que ya poseen el juego y la exclusiva de la prostitución, sino que tendremos otras dos facciones que no nos sembrarán de pétalos de rosas precisamente el camino hacia el control de Steelport: The Luchadores, encargados también del juego y los lucrativos narcóticos, controlados por el luchador mexicano Killbane; y The Deckers, comandados por el 'hacktivista' Mat Miller e integrado por genios de los ordenadores que controlan el blanqueo de dinero. Y cuando las confrontaciones entre los Saints y estos tres grupos aumenten en intensidad y destrucción, entrará en juego la STAG, unidad Táctica Especial Anti-Bandas del Gobierno que intentará terminar con cualquier actividad delictiva, provenga del bando que provenga. Nuestra interacción con el resto de bandas influirá en todo momento en la historia del juego, delimitando el comportamiento de estas y de las misiones posteriores que realicemos, así como el final del juego.