Piratas en Somalia - ¿héroes o villanos?
Hace unos meses, la piratería en aguas de Somalia se convirtió en una de los temas estrella en periódicos y noticieros. ¡Los barcos occidentales estaban siendo atacados por piratas sin escrúpulos! Sin embargo, en prácticamente ningún medio se habló de dos males que, en parte, están en el origen de la piratería: la pesca ilegal y los vertidos tóxicos que durante años barcos extranjeros han llevado a cabo en aguas somalíes.
Pero, ¿cúales son las condiciones que hacen que la pesca ilegal sea tan lucrativa y, aparentemente, sencilla?
Este país africano lleva años inmerso en una tremenda guerra civil que lo ha dejado sumido en el caos. El conflicto saltó a finales de los años ochenta, cuando una oposición armada al gobierno de Mohammed Siad Barré se hizo de facto con la mayor parte de territorio. Este enfrentamiento fue agravado por las guerras entre clanes y la autoproclamación como estados de dos regiones: Somaliland y Puntland, aunque nunca han obtenido el reconocimiento internacional.
Sin haber estado nunca realmente estabilizada, en 2006 la situación estalla de nuevo cuando milicias islamistas pretenden derrocar al gobierno provisional por permitir la presencia de tropas etíopes, consideradas invasoras. Finalmente, son precisamente esas tropas las que se enfrentan y vencen a los islamistas.
La situación es tan compleja que es difícil resumirlo en unas pocas líneas. Baste con decir que actualmente, tras unas elecciones y la retirada de las tropas de Etiopía, la situación de inestabilidad continúa y los islamistas amenazan la seguridad del país. A las prácticamente inexistentes estructuras políticas hay que añadirle las terribles hambrunas que han azotado el país durante los últimos años.
Teniendo estos datos en cuenta, es fácil entender el por qué de esa falta de cualquier tipo de orden o de institución que sirva para garantizar justicia, igualdad o seguridad a sus ciudadanos.
Está situación es especialmente grave en las aguas de Somalia. Son más de 3.000 kilómetros de costa que están prácticamente a merced de cualquier barco que quiera, ya sea pescar ilegalmente o verter todo tipo de sustancias a sus fondos.
Porque estos son, principalmente, los dos problemas a los que tendrían que enfrentarse unas hipotéticas autoridades somalíes. Autoridades, por descontado, que o no existen o se ocupan de otros asuntos.
En 2003 más de 600 kilómetros de costa somalí se vio azotada por un tsunami. Además de la tragedia que esta enorme fuerza de la naturaleza conlleva, las aguas levantaron y llevaron hasta tierra firme una gran cantidad de vertidos tóxicos.
Uranio radioactivo, cadmio, mercurio, productos químicos… Por culpa de esos vertidos se han envenenado tierras y pozos de agua y muchas personas han enfermado, además, por supuesto, de los efectos devastadores para el medio ambiente.
Esto supone una violación completa de la legalidad internacional y un abuso por parte de los países que vierten estos residuos. Por otro lado, es una actividad que se realiza con bastante asiduidad en las costas de países en desarrollo con total impunidad.
Pero es la pesca ilegal la que ha acabado por soliviantar a la población costera somalí y lo que ha llevado a los piratas a arriesgar sus vidas para asaltar barcos, una actividad que es mucho más lucrativa que sus antiguos trabajos.
La High Seas Task Force, una entidad nada sospechosa ya que está formada por los ministerios de pesca de varios gobiernos occidentales, calcula que la pesca ilegal sustrae de aguas somalíes unos 90 millones de dólares estadounidenses anualmente. Por hacer una comparación ilustrativa, el año pasado los piratas “recaudaron” 75 millones de dólares.
Los barcos que pescan en la zona son de orígenes diversos, entre ellos de España, país que aporta, además, un puerto el de Las Palmas, que según la Environmental Justice Foundation, sirve de puerto de conveniencia para los veleros que pescan ilegalmente en África del Este.
Por eso, ellos se denominan a si mismos como la Guardia Costera Nacional Voluntaria, aunque evidentemente no tiene nada que ver con un voluntariado y los beneficios, y también el riesgo, pueden ser muy elevados.
¿Por qué? Pues porque por el Golfo de Adén transita aproximadamente el 11 por ciento del tráfico marítimo de petróleo mundial, por lo que las presas, lentos, pesados y desarmados buques, son muchas y fáciles. Y, sobre todo, apetitosas.
Hace unos meses, la piratería en aguas de Somalia se convirtió en una de los temas estrella en periódicos y noticieros. ¡Los barcos occidentales estaban siendo atacados por piratas sin escrúpulos! Sin embargo, en prácticamente ningún medio se habló de dos males que, en parte, están en el origen de la piratería: la pesca ilegal y los vertidos tóxicos que durante años barcos extranjeros han llevado a cabo en aguas somalíes.
Pero, ¿cúales son las condiciones que hacen que la pesca ilegal sea tan lucrativa y, aparentemente, sencilla?
Somalia: un estado que no es estado
.
Este país africano lleva años inmerso en una tremenda guerra civil que lo ha dejado sumido en el caos. El conflicto saltó a finales de los años ochenta, cuando una oposición armada al gobierno de Mohammed Siad Barré se hizo de facto con la mayor parte de territorio. Este enfrentamiento fue agravado por las guerras entre clanes y la autoproclamación como estados de dos regiones: Somaliland y Puntland, aunque nunca han obtenido el reconocimiento internacional.
Sin haber estado nunca realmente estabilizada, en 2006 la situación estalla de nuevo cuando milicias islamistas pretenden derrocar al gobierno provisional por permitir la presencia de tropas etíopes, consideradas invasoras. Finalmente, son precisamente esas tropas las que se enfrentan y vencen a los islamistas.
La situación es tan compleja que es difícil resumirlo en unas pocas líneas. Baste con decir que actualmente, tras unas elecciones y la retirada de las tropas de Etiopía, la situación de inestabilidad continúa y los islamistas amenazan la seguridad del país. A las prácticamente inexistentes estructuras políticas hay que añadirle las terribles hambrunas que han azotado el país durante los últimos años.
Aguas desprotegidas
Teniendo estos datos en cuenta, es fácil entender el por qué de esa falta de cualquier tipo de orden o de institución que sirva para garantizar justicia, igualdad o seguridad a sus ciudadanos.
Está situación es especialmente grave en las aguas de Somalia. Son más de 3.000 kilómetros de costa que están prácticamente a merced de cualquier barco que quiera, ya sea pescar ilegalmente o verter todo tipo de sustancias a sus fondos.
Porque estos son, principalmente, los dos problemas a los que tendrían que enfrentarse unas hipotéticas autoridades somalíes. Autoridades, por descontado, que o no existen o se ocupan de otros asuntos.
El tsunami de 2003 y los vertidos tóxicos
En 2003 más de 600 kilómetros de costa somalí se vio azotada por un tsunami. Además de la tragedia que esta enorme fuerza de la naturaleza conlleva, las aguas levantaron y llevaron hasta tierra firme una gran cantidad de vertidos tóxicos.
Uranio radioactivo, cadmio, mercurio, productos químicos… Por culpa de esos vertidos se han envenenado tierras y pozos de agua y muchas personas han enfermado, además, por supuesto, de los efectos devastadores para el medio ambiente.
Esto supone una violación completa de la legalidad internacional y un abuso por parte de los países que vierten estos residuos. Por otro lado, es una actividad que se realiza con bastante asiduidad en las costas de países en desarrollo con total impunidad.
¿Piratas, o Guardia Costera Nacional Voluntaria de Somalia?
Pero es la pesca ilegal la que ha acabado por soliviantar a la población costera somalí y lo que ha llevado a los piratas a arriesgar sus vidas para asaltar barcos, una actividad que es mucho más lucrativa que sus antiguos trabajos.
La High Seas Task Force, una entidad nada sospechosa ya que está formada por los ministerios de pesca de varios gobiernos occidentales, calcula que la pesca ilegal sustrae de aguas somalíes unos 90 millones de dólares estadounidenses anualmente. Por hacer una comparación ilustrativa, el año pasado los piratas “recaudaron” 75 millones de dólares.
Orígenes de los pesqueros
Los barcos que pescan en la zona son de orígenes diversos, entre ellos de España, país que aporta, además, un puerto el de Las Palmas, que según la Environmental Justice Foundation, sirve de puerto de conveniencia para los veleros que pescan ilegalmente en África del Este.
Por eso, ellos se denominan a si mismos como la Guardia Costera Nacional Voluntaria, aunque evidentemente no tiene nada que ver con un voluntariado y los beneficios, y también el riesgo, pueden ser muy elevados.
¿Por qué? Pues porque por el Golfo de Adén transita aproximadamente el 11 por ciento del tráfico marítimo de petróleo mundial, por lo que las presas, lentos, pesados y desarmados buques, son muchas y fáciles. Y, sobre todo, apetitosas.