Ladron de cadáveres William Burke (1792-1829), un obrero irlandés que emigró a Escocía en 1817, fue uno de los asesinos más conocidos y más imprudentes. Puso un negocio de ropa usada en Edimburgo y, lo que es mas importante, alquiló una habitación a William Hare, un irlandés que era dueño de una pensión con comida para vagabundos y unos.
Esta fue la época de los ladrones de cadáveres aquellos que robaban tumbas por la noche para proveer de cadáveres para disección a los anatomistas. Los ladrones de cadáveres debían pagar fuertes multas o bien eran deportados, pero si dejaban las vestimentas de los cuerpos no podían ser acusados de robo u ofensa grave.
En aquel tiempo había una gran demanda de cadáveres porque sólo se permitía emplear para disección los cuerpos de aquellos hombres que habían sido ejecutados por asesinato, los que eran relativamente pocos, y porque la anatomía acababa de empezar a ser considerada una ciencia. En 1827 Burke y su compañero dieron inicio a su carrera. Uno de los pensionistas de Hare, un anciano llamado Donald, había muerto debiéndole 4 libras y el dueño de la pensión convenció a Burke de que tenían a su alcance una fuente de ingresos fácil.
La pareja quitó la lapa del ataúd en el que las autoridades de la parroquia había guardado a Donald, escondió el cuerpo en una cama, llenó el ataud con resina, lo volvió a sellar y luego vendió el cadáver por 7 libras con 10 chelines al Dr. Robert Knox, director de una escuela de anatomía en Surgeon's Square. Burke y Hare pronto aumentaron sus actividades. Otro pensionista estaba por morir, pero su agonía duraba demasiado y ellos lo ayudaron a pasar la puerta de la muerte asfixiándolo con una almohada. Luego vendieron su cuerpo a Knox por 10 libras.
Burke y su socio pensaron que si el cuerpo presentaba algún tipo de herida, no les pagarían por el “producto” e irían inmediatamente a la cárcel donde serían juzgados y ejecutados, por lo que idearon la forma de matar a sus víctimas sin levantar sospecha. Sujetaban el cuerpo de su víctima con fuera, mientras uno de ellos le tapaba la boca y la nariz impidiendo que así pudiera respirar. Las víctimas morían asfixiadas en pocos minutos.
Hare y su esposa y Burke y su amante, Helen Me Dougal, dieron muerte a 14 o 28 infortunados más de forma similar, recibiendo 14 libras por cada cadáver. Al asfixiar a sus víctimas tenían cuidado de no dejar rastros de violencia de modo de aparecer como simples ladrones de tumbas. Cuando las provisiones de la pensión mermaron, comenzaron a atraer nuevas víctimas eligiendo para ello a viejas brujas, borrachos y prostitutas a los que a menudo emborrachaban. Si un candidato ofrecía demasiada resistencia a una almohada, Burke lo sostenía mientras Haré lo asfixiaba apretando sus manos contra la nariz y la boca de la víctima.
Pero los asesinos se descuidaron. Primero mataron a Mary Paterson, una voluptuosa joven de 18 años tan suelta con su cuerpo que fue rápidamente reconocida por los jóvenes estudiantes de medicina de Knox que hasta la preservaron antes de la disección como un perfecto ejemplo de belleza femenina. Luego mataron a «Daft Jamie» Wilson, un inofensivo idiota que era muy conocido y vivía de hacer recados en las calles de Edimburgo.
Finalmente los vecinos comenzaron a sospechar y la policía los atrapó con el cuerpo de una mujer llamada Mary Dougherty que había desaparecido. Hare delató a sus cómplices en el juicio, el cual comenzó en Navidad. Él y su esposa fueron puestos en libertad y Helen McDougal también, por falta de pruebas. Burke, por alguna razón, se negó tontamente a prestar declaración.
Fue condenado y ahorcado un mes más tarde, el 28 de enero de 1829, ante una multitud de 30.000 personas. La palabra con la que el asesino contribuyó al lenguaje se oía aún mientras estaba de pie en el cadalso en el Grassmarket; los espectadores exhortaban a los verdugos con gritos de: «¡ Burke him! ¡Burke him!» (no lo cuelguen, asfíxienlo o estrangúlenlo hasta que muera).
La muchedumbre también quería «burke» a Haré a pesar de su inmunidad, pero el verdadero cerebro escapó y se cree que murió de muerte natural muchos años después en Inglaterra, donde vivió bajo un nombre falso. Durante el proceso la esposa de Haré había asistido al tribunal con su bebé para ganar la simpatía del jurado a pesar de que el niño sufría de tos convulsa.
Burke, quien firmó una confesión admitiendo unos 16 asesinatos, fue diseccionado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Edimburgo luego de ser ahorcado y sus restos fueron vistos por decenas de miles de personas. Alguien debe saber dónde se encuentra su esqueleto, en el rincón de algún salón de clases. En cuanto al Dr. Knox, la gente se volvió en contra de él después de la ejecución e intentó destruir su escuela. La policía intervino para salvarle la vida. A pesar de sus protestas de inocencia se vio forzado a abandonar la ciudad.
William Burke no fue el primero que asesinó para lucrarse con los cadáveres ni el primero en asfixiar a sus víctimas por este motivo. Dos enfermeras, Helen Torrence y Jean Valding habían sido ahorradas por el mismo crimen en 1752. Pero debido a la publicidad del raso el nombre de Burke pasó a significar literalmente el acto de u ahogar o tapar la boca» y quizás el uso se acentuara cincuenta años más tarde en relación con el asesino Thomas Henry Burke, subsecretario de Irlanda.
Es una ironía que el nombre de Burke, en la forma de «to burke», u burke» y «burking», sea tan recordado ya que quizá fue Hare quien tuvo mayor intervención en el momento de asfixiar a las víctimas debido a que su cómplice tenía más fuerza para sujetarlas. Se cree que Burke y Hare fueron los inspiradores de The Body Snatcbers de Robert Louis Stevenson.
Como resultado de sus «asesinatos de anatomía», las leyes de disección existentes fueron modificadas y esto facilitó la tarea de quienes trabajaban en dicha rama de la medicina pues lo que a partir de ese momento no hubo necesidad de recurrir a medios ilegales para obtener cadáveres.
