
Museo Van Gogh de Amsterdam en el que estaban las obras robadas.
“Algunas personas nacen para ser profesores. Otras nacen para ser futbolistas. Yo nací para ser ladrón”, afirma Octave Durham, el hombre que en la noche del 7 de diciembre de 2002, ingresó al Museo Van Gogh de Amsterdam en compañía de un cómplice, para robar dos pinturas que 14 años más tarde volvería a exhibir.
Sólo bastó con trepar hasta la azotea, romper una ventana y llevar a la realidad lo que sería un film curioso e interesantísimo para los pseudointelectuales.
“Vista del mar en Scheveningen” (1882)
De acuerdo a lo publicado en The New York Times una vez adentro removieron las obras que reposaban a la luz de las lámparas modernas de una estructura contemporánea; en una nación donde persiste el robo de arte y el crimen organizado, sin importar que tiempo atrás, nadie quisiera ver o comprar –sino hasta ahora- unos trazos absurdos que un extraño idealizaba.
Durham fue condenado en 2004 a más de 25 meses de prisión por confesar que las obras del pintor habían terminado en el hogar de un miembro de la mafia italiana.
“Congregación saliendo de la iglesia reformada en Nuenen” (1882-84)
“El robo tomó unos 3 minutos y 40 segundos (…) Cuando terminé, la policía estaba allí, y yo pasé enfrente conduciendo el auto con el que escapé. Me quité la máscara de esquí, bajé la ventana y los observé”, luego continuó diciendo: “Podía oírlos en mi escáner policial. No sabían que era yo”, relataba Durham en un documental difundido cuando las obras volvieron a su hogar.