Todos estamos acostumbrados a vivir con palomas pero, algo muy extraño, es ver a una cría de esta especie en la ciudad. ¿Es que nacen siendo ya adultas?
En primer lugar, cuando hablamos de palomas, esas que vemos en parques, o cerca de terrazas donde puedan picotear sobras de algún plato abandonado, solemos referirnos a la Columbia livia domestica.
Esta subespecie aviar es el resultado de años de cruces entre las palomas silvestres que se reproducen entre acantilados y grietas de montañas de Europa, norte de África y Asia occidental. Aunque a día de hoy viven en las ciudades, aún tienden a anidar en bordes y en cavidades de edificios altos.
Las palomas sorprenden por su resistencia y aclimatación a cualquier situación. Son muy adaptables y buscan cualquier tipo de cavidad para esconder a sus crías. Muros, paredes y acantilados son sus lugares preferidos, y no árboles, porque no están cómodas. Sus nidos consisten en un entramado de ramas y hierbas y las palomas los ocultan tanto que los cubren, por eso nunca se ven.
Debra Kriensky, bióloga de conservación en la Audubon Society de Nueva York declara en IFLScience que sólo en los nidos podemos ver pichones, ya que no abandonan el nido hasta que le han crecido las plumas que les permiten volar, y cuando esto ocurre, ya se parecen más a una paloma adulta que a una bebé. Este proceso dura de 25 a 32 días y, a menos que las sorprendas en este corto periodo de tiempo en su nido, es muy difícil verlas.
Las palomas, que tienen una esperanza de vida de 3 a 5 años en libertad, se pueden reproducir en cualquier época del año, y cada hembra pone dos huevos tres veces al año.