Una relación puede gastarse, alguien de la clase puede parecernos, de golpe, demasiado atractivo: toda la mística que envolvía a nuestro novio o novia se evapora. En un tiempo posmoderno y vertiginoso, ¿tiene sentido ser fiel?
La semana pasada estuve charlando con un grupo de chicas y chicos sobre el tema de la fidelidad. “Creo que todos son fieles cuando se ponen de novios, pero luego es más complicado”. “No soporto la infidelidad, pero veo que es muy difícil que te sean fieles”. “Mi novia veía a otros, por eso corté”. Esos fueron algunos de los comentarios que recogí.
Si bien todos estaban convencidos de que la fidelidad es un valor fundamental, opinaron que, últimamente, pareciera que no ser fiel se ha puesto algo de moda. Comentan que, al principio de una relación, a nadie se le ocurre ser infiel, pero cuando se acaba la novedad…
Les conté que, en determinado momento, aparece en las relaciones una rutina sana que nos ordena y nos permite construir un vínculo más profundo. No vamos por la vida saltando apasionadamente todo el tiempo. Si así fuera, la relación no podría avanzar, ya que la pasión incesante nos enceguece y nos impide conocer al otro como verdaderamente es.
Algunos de los chicos con los que hablé dudaban de que pudieran ser fieles en determinados casos. Lógicamente, si estás de novio y vas a un boliche solo con tus amigos, tomás exageradamente y las chicas revolotean a tu alrededor, estás exponiéndote a una situación, quizás no buscada, pero que pone en riesgo la fidelidad hacia tu novia que tanto querés. Lo mismo les sucede a las mujeres.
Es que ser fiel no es sólo una palabra sino una decisión que tenés que tomar de día y con la mente en frío. Luego, la vas materializando a través de otras pequeñas decisiones que tomás en cada instante. Por un lado, conviene que no te expongas a situaciones que, quizás, no puedas manejar y, por el otro, tenés que aprender a verla venir y darte cuenta cuándo un lugar o una persona determinada te podrían descolocar. En estos casos, es muy útil saber decir que No.
¿Ustedes cómo viven la fidelidad? ¿Les cuesta ser fieles a sus parejas en un mundo como hoy?

La semana pasada estuve charlando con un grupo de chicas y chicos sobre el tema de la fidelidad. “Creo que todos son fieles cuando se ponen de novios, pero luego es más complicado”. “No soporto la infidelidad, pero veo que es muy difícil que te sean fieles”. “Mi novia veía a otros, por eso corté”. Esos fueron algunos de los comentarios que recogí.
Si bien todos estaban convencidos de que la fidelidad es un valor fundamental, opinaron que, últimamente, pareciera que no ser fiel se ha puesto algo de moda. Comentan que, al principio de una relación, a nadie se le ocurre ser infiel, pero cuando se acaba la novedad…
Les conté que, en determinado momento, aparece en las relaciones una rutina sana que nos ordena y nos permite construir un vínculo más profundo. No vamos por la vida saltando apasionadamente todo el tiempo. Si así fuera, la relación no podría avanzar, ya que la pasión incesante nos enceguece y nos impide conocer al otro como verdaderamente es.
Algunos de los chicos con los que hablé dudaban de que pudieran ser fieles en determinados casos. Lógicamente, si estás de novio y vas a un boliche solo con tus amigos, tomás exageradamente y las chicas revolotean a tu alrededor, estás exponiéndote a una situación, quizás no buscada, pero que pone en riesgo la fidelidad hacia tu novia que tanto querés. Lo mismo les sucede a las mujeres.
Es que ser fiel no es sólo una palabra sino una decisión que tenés que tomar de día y con la mente en frío. Luego, la vas materializando a través de otras pequeñas decisiones que tomás en cada instante. Por un lado, conviene que no te expongas a situaciones que, quizás, no puedas manejar y, por el otro, tenés que aprender a verla venir y darte cuenta cuándo un lugar o una persona determinada te podrían descolocar. En estos casos, es muy útil saber decir que No.
¿Ustedes cómo viven la fidelidad? ¿Les cuesta ser fieles a sus parejas en un mundo como hoy?