Los ingenieros siguen buscando la forma de proporcionarnos un vehículo que aúne las características de un coche y un avión, o de un coche y un bote o cualquier otra combinación extraña que pueda llamar la atención de los consumidores y llenar sus bolsillos. Uno de los últimos engendros de este tipo que hemos visto es el hovercraft volador de la firma Hammacher Schlemmer, que integra cualidades de un deslizador y un avión en un mismo aparato. Cuesta unos 150 mil euros, alcanza unos interesantes 100 kilómetros por hora y promete muchas horas de diversión. Pero ¿cumplirá? En las últimas décadas hemos visto docenas de aparatos que prometían a sus potenciales compradores la posibilidad de utilizarlos como coche y avión, o como coche y bote, o -en algunos casos- como las tres cosas a la vez. Esta búsqueda - quizás iniciada por Julio Verne en su novela “Dueño del mundo” en la que Robur el Conquistador viaja por el mundo en “El Espanto”, un vehículo anfibio que combina las capacidades de un automóvil, un barco, un submarino y un avión- ha proporcionado algunos vehículos utilizables, pero generalmente han sido modelos caros, fabricados en pocas cantidades y que jamás han conseguido convertirse en éxitos comerciales. Pero lejos de desanimarse, los ingenieros siguen buscando diseñar un engendro de este tipo que los saque de pobres. El último que hemos visto es el hovercraft volador de la firma Hammacher Schlemmer, que combina las características de un deslizador y un avión en un mismo aparato. Cuesta unos 150 mil euros, alcanza unos interesantes 100 kilómetros por hora y promete muchas horas de diversión. Es capaz de dar "pequeños saltos", casi como un avión. Cuando se encuentra en “modo deslizador”, desplazándose sobre un “colchón de aire” como cualquier hovercraft que se precie de tal, es capaz de funcionar sobre la tierra o el agua. Impulsado por un motor de gasolina de 130 CV de dos cilindros (1100 cm3) refrigerado por agua, es capaz de superar ligeramente los 100 kilómetros por hora de velocidad. Sin embargo, la verdadera diversión comienza cuando gracias a sus pequeñas alas y el empuje de su hélice trasera de 34 pulgadas (unos 86 centímetros) comienza a volar. En este modo, el conductor es capaz de abandonar las restricciones impuestas por el terreno y -como si fuese un ave- surcar el cielo comandado mediante una palanca no muy diferente a la que se puede encontrar en un avión ultraliviano y un par de pedales. En realidad, y dejando de lado las licencias poéticas, el “hovercraft volador” solo puede dar saltos relativamente pequeños, de unos 20 metros de altura, para superar obstáculos que un deslizador convencional sería incapaz de atravesar. Los controles son similares a los de un ultraliviano. La estructura de este vehículo está basada fuertemente en materiales como el PVC y la fibra de vidrio, y según el fabricante puede operar con vientos de hasta unos 40 kilómetros por hora y olas de hasta 1.5 metros de altura. La carga máxima que puede transportar, incluido el peso del piloto, es de unos 300 kilogramos. Es posible que resulte útil como “vehículo todoterreno” para quienes tienen la tarea de patrullar regiones pantanosas o inundables, pero es difícil que -con ese precio y prestaciones- consiga convertirse en un éxito de ventas No olviden comentar
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