
Un amor entre amigos

Daniel Demassi ♀
Capítulo I
Una tarde primaveral, me dirigí hacia el gimnasio, en el cual, haría lo de casi siempre, levantamiento de pesas, ejercicios cardiovasculares y de fuerza, entre otros. Estaba a pocos metros del sitio cuando la vi a ella, hermosa como siempre, era Juana, mi compañera de curso.
Nunca perdí la vista por ella. Estaba vestida con lencería rosa. Me encantaba. Solo quería verla más cerca. Así que me acerqué. Tuve una mejor imagen de su cuerpo bien amoldado. Era mi compañera, la más hermosa entre todas. Ella tenía 18 años recién cumplidos, y yo 17.
Me quedé tan embobado viéndola que me tropecé contra el asfalto, y me fui de cara a la vereda. Ella se percató que era yo el idiota que se había caído.
Me ayudó a levantarme. La saludé y le agradecí.
-Hola bombón, le dije, gracias por ayudarme.
-¡Hola Sebastián!, respondió, no fue nada.
En ese momento se me pasó por la mente comerle la boca, pero me contuve.
Ella me hablaba sobre su hermano y sus problemas, yo la escuchaba, pero mí mirada solo estaba fichándola de arriba abajo.
-¿Qué miras?, me dijo.
-Tu precioso cuerpo… le dije.
Ella no contesto. Recordé que tenía que ir hacia el gimnasio. Entonces me despedí de ella dándole un beso en su mejilla derecha. Ella me lo devolvió. Entré al gimnasio y lo comente al “Pichi” lo que sucedió.
-¡Eh pochi! No sabes con quien me encontré, le dije.
-Ni idea ¿con quién?, me dijo.
-Con Juana, le dije.
-¿Enserio?, ah, no, no, no, no, ¿y qué le dijiste?, me contestó.
-Mira, ella estaba hablando sobre su hermano, yo la escuchaba, pero al mismo tiempo la fichaba, de arriba abajo. Es muy pero muy hermosa. Necesito verla otra vez, le dije.
-Anda romántico, ¿qué te contesto?, dijo Pichi, le decimos así pero se llama Esteban.
-No me contestó, después me acordé que tenía que venir para acá. Así que le di un beso en su mejilla derecha, y ella me lo devolvió.
-¡No!, no te puedo creer. Ya la tienes. Seguí peleándola. Me dijo.
-Si vos lo decís, bue, un abrazo boludo. Cuídate.
-Chau Sebas.
Me dirigí hacia mi casa y allí estaba ella, en la puerta. Fue entonces cuando pensé: “Es ahora o nunca”.

Gracias por leerlo. ¡Comentá!

Nunca perdí la vista por ella. Estaba vestida con lencería rosa. Me encantaba. Solo quería verla más cerca. Así que me acerqué. Tuve una mejor imagen de su cuerpo bien amoldado. Era mi compañera, la más hermosa entre todas. Ella tenía 18 años recién cumplidos, y yo 17.
Me quedé tan embobado viéndola que me tropecé contra el asfalto, y me fui de cara a la vereda. Ella se percató que era yo el idiota que se había caído.
Me ayudó a levantarme. La saludé y le agradecí.
-Hola bombón, le dije, gracias por ayudarme.
-¡Hola Sebastián!, respondió, no fue nada.
En ese momento se me pasó por la mente comerle la boca, pero me contuve.
Ella me hablaba sobre su hermano y sus problemas, yo la escuchaba, pero mí mirada solo estaba fichándola de arriba abajo.
-¿Qué miras?, me dijo.
-Tu precioso cuerpo… le dije.
Ella no contesto. Recordé que tenía que ir hacia el gimnasio. Entonces me despedí de ella dándole un beso en su mejilla derecha. Ella me lo devolvió. Entré al gimnasio y lo comente al “Pichi” lo que sucedió.
-¡Eh pochi! No sabes con quien me encontré, le dije.
-Ni idea ¿con quién?, me dijo.
-Con Juana, le dije.
-¿Enserio?, ah, no, no, no, no, ¿y qué le dijiste?, me contestó.
-Mira, ella estaba hablando sobre su hermano, yo la escuchaba, pero al mismo tiempo la fichaba, de arriba abajo. Es muy pero muy hermosa. Necesito verla otra vez, le dije.
-Anda romántico, ¿qué te contesto?, dijo Pichi, le decimos así pero se llama Esteban.
-No me contestó, después me acordé que tenía que venir para acá. Así que le di un beso en su mejilla derecha, y ella me lo devolvió.
-¡No!, no te puedo creer. Ya la tienes. Seguí peleándola. Me dijo.
-Si vos lo decís, bue, un abrazo boludo. Cuídate.
-Chau Sebas.
Me dirigí hacia mi casa y allí estaba ella, en la puerta. Fue entonces cuando pensé: “Es ahora o nunca”.

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