En un tren de cristal
Tejiéndome el sudario,
a costo de mis borrachos pies,
ahogado, cegado, atormentado,
solo me sulfuro en tu calor;
dicen de los portales,
de escuchar paredes,
me enredo y las arañas,
tejen, y solo, dejo ser,
que el aire es barato,
y mis bolsillos agujerie ,
que la nada me convida,
y yo no le quiero ver.
Acompañándome
los buenos samaritanos,
que al prójimo le es,
junto a ellos,
sigo sin entender el sentido
de esta dogma-paradoja
la cual ya estaba cuando llegué.
Me tropiezo las esquinas,
y en el reflejo
de los charcos ya se ve,
la estela de humo,
de cristal el tren,
me voy a perder
