Se trata de un organismo que probablemente vivió hace unos 4.000 millones de años junto a una chimenea hidrotermal.
En los últimos días se determinó que LUCA («Last Ultimate Common Ancestor» o en español: el último antepasado común) es el organismo del que descendemos todos los seres vivos de la Tierra. A partir de allí, los investigadores han tratado de determinar las características de este ser excepcional y propagar la vida tal y como la conocemos.
Ahora se busca recrear un «retrato genético» de LUCA, para lograr una clasificación sistemática de más de seis millones de genes, Según el estudio, nuestro primer antepasado fue un microorganismo muy simple y que probablemente vivió hace unos 4.000 millones de años junto a una chimenea hidrotermal en el fondo de los primitivos océanos terrestres.
Este trabajo lo está llevando un equipo dirigido por William Martin, de la Universidad alemana Heinrich Heine y se centró en los genes de los dos mayores (y más antiguos) grupos de organismos unicelulares que existen: bacterias y arqueas.
Hay características que son comunes a todos los seres vivos, ya que todos poseemos el mismo código genético y esto a su vez demuestra un origen común. Estas características debieron ser parte del ancestro universal y son las siguientes:
Capacidad de reproducción dada por la réplica de la información genética contenida en el ADN, el cual va agrupado en genes y se compone de cuatro bases nitrogenadas: A, G, C y T.
Varios tipos de ARN como el ribosomal, el mensajero y el de transferencia, compuestos por las bases nitrogenadas A, G, C y U.
Desde el ADN se expresa el código genético con el ARN como intermediario para la producción de proteínas mediante los procesos de transcripción y traducción.
Las proteínas están formadas por los llamados 21 aminoácidos naturales. los cuales son codificados en el genoma: alanina, arginina, asparagina, aspartato, cisteína, fenilalanina, glicina, glutamato, glutamina, histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina, prolina, serina, tirosina, treonina, triptófano, valina y el último en ser descubierto en los tres dominios, la selenocisteína. Todos estos aminoácidos son alfa-levógiros.
Presencia de cientos de enzimas, como las que actúan sobre el ADN para su replicación (polimerasas), control (topoisomerasas) y reparación (ligasas), además de enzimas que actúan sobre el ARN, o las que catalizan las reacciones bioquímicas del metabolismo y otras.
Uso del nucleótido ATP, forma básica para la transferencia de la energía celular.
Estructura celular simple (procariota), lo que implica que debió ser un microorganismo unicelular, con un citoplasma de agua conteniendo elementos solubles como el nucleoide (ADN) y ribosomas (70S); rodeando al citoplasma una membrana celular compuesta de una bicapa lipídica; reproducción por fisión binaria y capacidad de conjugación genética.
Dentro de la célula, la concentración de sodio fue menor que en el exterior, mientras que la de potasio fue mayor. Este gradiente se mantuvo por acción de los canales iónicos de las proteínas transmembranales.
Un organismo muy simple
Los 355 genes sugieren que LUCA fue un organismo muy simple que podía sobrevivir sin oxígeno, obteniendo energía a partir del dióxido de carbono, hidrógeno y otros gases calientes expulsados por la Tierra a través de fisuras en la corteza terrestre en el fondo del océano. LUCA, además, poseía una enzima que le permitía sobrevivir a temperaturas muy elevadas, incluso de varios cientos de grados, y que la hacía dependiente de los elementos metálicos, como el hierro. Organismos parecidos abundan aún en la actualidad, y resulta curioso pensar que su existencia se consideraba imposible hasta hace apenas cuarenta años, cuando aún se pensaba que todas las formas de vida necesitaban luz y oxígeno para sobrevivir.
Sin embargo, y aunque LUCA es nuestro antepasado más antiguo, no tuvo por qué ser, necesariamente, el primer ser vivo de la Tierra, sino el más afortunado de todos los que había, el que consiguió sobrevivir y perpetuarse para llegar a ser el «padre» de todos los seres vivientes que hoy pueblan nuestro planeta.
Otros investigadores, aún más escépticos, no creen que la vida pudiera surgir espontáneamente alrededor de las fuentes hidrotermales oceánicas, y apuestan más bien por la posibilidad de que surgiera en pozas de agua superficiales, donde los rayos ultravioleta pudieron poner en marcha las reacciones químicas necesarias.
Martin, por su parte, afirma que el genoma reconstruido de LUCA no incluye ninguna de las codificaciones genéticas necesarias para la síntesis de energía a partir de la luz, sino solo las que se necesitan para alimentarse, exclusivamente, de energía química, cosa que hacía sin problema en la oscuridad de las profundidades marinas.