Encarando el exponencial crecimiento tecnológico y su tendencia a aumentar su aceleración con respecto a lapsos pasados, es inevitable contemplar y replantear los pensamientos y obras de varios filósofos con respecto a la humanidad y el papel de esta en torno a su hegemonía como especie en el planeta, y la manera en la que la lleve a cabo.
La diversidad, como posible mayor ventaja, y a la vez desventaja competitiva en relación a otros medios de vida.
La empatía es un sesgo evolutivo primordial a la hora de la preservación y propagación de la especie a través de la sociedad.
Es biológicamente impuesta en los genes a través de como evolucionaron los cerebros de la especie a través de un complejo sistema ubicado en la amígdala, el llamado sistema límbico es responsable de la capacidad del humano de sentir empatía, dicha capacidad le permite considerar a otro miembro en su sociedad como a un igual, sería un sistema moral y ético innatamente impuesto que delimite una línea mediante la cual un individuo no actuase de manera que pudiese infringir la estabilidad o integridad física, emocional o sus aptitudes con respecto a su supervivencia.
Este rasgo pese a lo elemental que resultase, como cualquier mutación no evoluciono sin defectos, imperfecciones, variantes y disfuncionalidades, ya sea en su tendencia a las generar tribalidades, dividiendo la especie, o en los distintos niveles en la que este sistema se encuentra desarrollado en cada individuo y la complejidad en la que se desarrolla o maneras en que actúa, también llevando en consideración la ausencia completa de esta, la falta total de empática, condición llamada psicopatía, que podría considerarse una ventaja de grado individual en quienes lo posean en contraposición a quienes sientan mayor grado de empatía.
Maquiavelo y Nietzsche, el ser humano y su egoísmo innato, su capacidad intrínseca para ser cruel, y su egocéntrica búsqueda de poder.
Maquiavelo, entre los tantos filósofos, pensadores y estrategas que consideraron una debilidad tener altos preceptos morales y éticos, basados en la ausencia de estos en la escala mayoritaria de individuos, al igual que muchos otros pensadores llego a la conclusión que la empatía irracional, al basarse en la inocencia, (considerando la incapacidad de un individuo de concebir crueldad hacia otro por su grado de empatía, ignora la capacidad del otro de realizar tal acción, por su ausencia de esta) al basarse en desconocimiento, mas allá de una virtud seria ignorancia, y como tal seria moralmente inferior en lugar de lo opuesto.
Un ser bajo estos preceptos seria débil, y jamás podría ostentar poder por encima de quienes puedan poner sus intereses ignorando el de los demás.
Tal regla pareciera indicar que las figuras de poder, por definición tendrían rasgos ególatras, narcisistas y apáticos.
Eso nos deja con el porcentaje más amplio de la sociedad en una posición débil y sumisa con respecto a los individuos de mayor influencia.
La relevancia de tener a la mayoría a merced de individuos que en su mayoría operan según sus propios intereses es la puerta a la brecha entre la mayor parte de las inequidades.
Un desperfecto relevante en la función biológica de la empatía puede observarse bajo el estudio de los efectos de la oxitocina, la llamada “hormona del amor”, lo interesante en esta hormona es que bajo varios estudios parece fomentar el comportamiento empático, y aumentar el grado de enlace entre dos individuos en interacción, mientras estos se consideren iguales, en tanto estudios recientes demostraron un comportamiento opuesto si dichos individuos no se considerasen “iguales”, si generasen alguna distinción, diferencia entre ellos, por ejemplo fuese de raza, cultura, nacionalidad o inclusive en asuntos triviales como la diferencia de equipos deportivos. En dichos casos la hormona pareciera acentuar rasgos agresivos y promover el comportamiento impulsivo, respuestas violentas, actos agresivos y etc.
La misma hormona que promueve el comportamiento social y cooperativo, es también responsable de dividir al humano como especie, dotándolo de amplias tendencias competitivas y tribales.
Considerando que la evolución funciona con base en errores, no es sorpresivo que la especie hegemónica del planeta se encuentre completamente dividida.
Pese a que sea controversial si la evolución del hipotálamo sea elemental en caso de cualquier especie, tomando como base la teoría de que si (como expertos del campo tales como Rchard Dawskin proponen), y la tendencia apunte a un aumento o desarrollo estructural superior de la masa encefálica y una capacidad racional cada vez más amplia, ¿sería el límite de esta dictada a base de la biología? ¿y en términos naturales?, ¿o el paso siguiente sea tecnológico y en términos artificiales? De ser la ultima el caso, ¿hasta donde serían de relevancia los rasgos primitivos e instintivos?, ¿y donde la razón necesita de las emociones, o del ego per se?
Seria egocéntrico de parte de la humanidad generar seres de mayor capacidad racional, para relegarlos a un papel de esclavos? Tal y como la palabra “robot” significa, al ser derivada del latín “robota”, por definición, “esclavo”.
Considerando el amplio porcentaje de empresas como Microsoft, Google, Apple, Amazon, Facebook entre tantas en sistemas de inteligencia artificial, y de proyectos privados cuyos costes que alcancen billones como es el caso del encabezado por Dmitri Itskov que ambiciona crear medios mediante los cuales se alcance la fusión entre el consiente humano biológico y un medio sintético que lo albergue, de manera que superando el cuerpo, “la mente” pudiera alcanzar una longevidad muy superior a la impuesta por la biología.
Posibilidades como esta y el exponencial y acelerado amento de los avances de estas tecnologías hacen posiblemente más que nunca un llamado a replantear los atemporales planteamientos filosóficos desde el inicio de la humanidad, sobre el que nos hace humanos, cual es el lugar de la humanidad, y donde pierde esta su esencia.