El hábito de comerse las uñas es conocido como onicofagia y es considerado una autoagresión producto de la ansiedad, estrés y depresiones por lo que no se cura con castigos físicos sino con terapia psicológica. Tensión, ansiedad, estrés o cualquier motivo es suficiente para quienes en cuestión de minutos devoran sus uñas, cayendo en la “onicofagia”, enemiga de la estética y la salud. El comerse las uñas es considerado un hábito patológico que incluye negativamente en la estética de las manos, boca y dientes. AUTOAGRESIÓN La onicofagia es considerada como una autoagresión originada por la ansiedad, que aparece desde corta edad. “El comerse las uñas no es maña como dicen algunos adultos, es una manifestación de ansiedad cuyo fin último es una agresión”. El comerse las uñas es adquirido desde el vientre cuando la madre atraviesa un embarazo con muchos problemas emocionales o bien puede ser adquirido al seguir el ejemplo de algún familiar o amigos. En ocasiones el hábito de comerse las uñas persiste hasta la edad adulta, lo que puede ser parte de diferentes manifestaciones como: insomnio, depresión, dificultad en las relaciones sexuales, aislamiento, trastornos de alimentación, etc. “Detrás de todo estos indicios hay un problema de fondo que no ha sido tratado y está creando desestabilidad en las personas”.