Exclusiva con D’ELIA
“Alberto Fernández representa lo peor de la derecha argentina”
El piquetero y ahora ex funcionario acusa indirectamente al jefe de Gabinete de haberlo echado del Gobierno, y se cuida de criticar a Kirchner. Pero deja escapar algunas diferencias con el Presidente.
Alberto Trombetta
Pasaron unos días desde que el Gobierno decidió pedirle la renuncia como subsecretario de Tierras y Hábitat Social, luego de manifestarse a favor de Irán en la causa AMIA. Actúa, se viste y habla de la misma manera siendo o no funcionario, es decir, sencillo, claro, firme, convencido. Luis D’Elía recibió a El Diario de la República en su céntrica oficina de la ciudad de Buenos Aires para una nota exclusiva.
Sobre el escritorio aún conserva algunos papeles de su ex cargo público junto a muchísimos otros formularios, documentos, recortes. Está rodeado de diarios, y en las paredes y sobre una mesa ratona larga hay retratos y fotos de Perón, Evita, Lula, Evo Morales, Kirchner, una imagen de Fidel Castro y sólo falta Hugo Chávez. “Todavía no me trajeron un cuadro grande que mandé a hacer”, dice.
Nació el 21 de enero de 1957 en La Matanza, está casado con Alicia Sánchez, tiene 5 hijos. Fue diputado provincial, consejero general de Educación, integró el Servicio de Paz y Justicia durante la última dictadura militar, es el líder de la Federación de Tierra y Vivienda.
Al escucharlo se percibe que se trata de un hombre siempre dispuesto a dar batalla por lo que cree. Actitud que lo llevó a enfrentarse a adversarios de los que él mismo reconoce que le gustan: los poderosos, los importantes. Entre quienes forman esa larga lista se puede mencionar a Estados Unidos, al empresario Douglas Tompkins y de cabotaje a Alberto Fernández, el jefe de Gabinete.
En la charla hace referencia al episodio que le costó su cargo en el Ejecutivo nacional, habla de su sueño para América latina, reivindica la toma de la Comisaría de La Boca, se muestra orgulloso de haberle ganado una batalla a Eduardo Duhalde por disputas del comienzo de la gestión actual y reconoce que hoy existe otra pulseada en el Gobierno, y es entre la izquierda y la derecha oficialista.
Fustiga con vehemencia a Alberto Fernández, de quien asegura que “nunca vacila en armar operativos contra otros miembros del Gobierno y expresa lo peor de la derecha reaccionaria, entreguista, cipaya”.
Lo que sigue son palabras de un auténtico y en estado puro Luis D’Elía.
— Alberto Trombetta: ¿Cómo está viviendo este proceso en su vida política a partir de la renuncia al cargo que ocupaba en el gobierno nacional?
— Luis D’Elía: Con mucha serenidad. Con la tranquilidad de conciencia de haber obrado por convicción en un tema espinoso y de altísima gravedad geopolítica, estratégica, aún en el plano militar.
— T: Muchos quizá pensaron que pudo haberse arrepentido de la decisión de apoyar a Irán. ¿Es así?
— D: No, en absoluto. Al revés. Después de algunos días, de ver la reacción de distintos sectores sociales estoy más convencido de que hicimos lo correcto. Efectivamente hoy Jorge Lanata, Ricardo Kirschbaum (N de la R: editor general de Clarín), periodistas muy serios, independientes, más allá de los disensos que uno pueda tener con ellos, fueron categóricos en coincidir conmigo en que el expediente de la causa AMIA está contaminado de política internacional, que de alguna manera repone en sus ochocientas páginas prácticamente los mismos fundamentos que había tenido (Juan José) Galeano durante doce años. Dos informes de la CIA y el Mossad, donde la única prueba que hay son testimonios de disidentes iraníes, y no hay una sola prueba que vincule a Irán en lo que yo creo que es un fenomenal alegato contra el Islam y contra la religión musulmana carente de todo fundamento jurídico. Por ese expediente se echó por corrupto a Galeano y ahora estamos reponiendo, a instancias de Estados Unidos e Israel, las mismas hipótesis, con el agravante de que por lo mismo estamos pidiendo la captura, entre otros, de un ex presidente de la República Islámica de Irán. Creo que esto es una fenomenal movida del Departamento de Estado de Estados Unidos para ir al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y espero que sea Estados Unidos y no Argentina que lo haga, queriendo transformar a Irán en Estado terrorista y crear las condiciones mundiales para acciones militares allí.
— T: ¿Se puede pensar entonces que el Gobierno cedió a las presiones internacionales?
— D: Creo que hubo algún tipo de concesión o negociación. Si la hubo no lo sé, no tengo pruebas. Pero hay un dato que a mí me llama la atención: la doctora Sandra Arroyo Salgado, hace tres o cuatro meses era una oscura defensora de la Capital Federal. Dicen en Tribunales que salteó a siete jueces y hoy es la titular del Juzgado Federal de San Isidro, en reemplazo de Cultota, que era el subrogante de Marquevich. Sandra Arroyo Salgado no sería nadie si no fuera la esposa de (N de la R: fiscal en la causa AMIA, Alberto) Nisman. Es un dato muy llamativo, aunque con esto no digo absolutamente nada. En todo caso, a mí se me pide la renuncia por cuestionar una decisión de la Justicia argentina y no del Poder Ejecutivo, lo que también es llamativo.
— T: ¿Midió las consecuencias?, ¿imaginó lo que podía suceder, entre otras cosas tener que renunciar a su cargo?
— D: Yo no soy una persona que haga de los cargos un culto. Yo era responsable del Servicio de Paz y Justicia, zonal Oeste, durante la dictadura militar y hacíamos lo que teníamos que hacer, nunca pensábamos en las consecuencias. Siempre primero la conciencia. Acá pasó lo mismo. Me parece que desde la campanita de Wall Street para acá hubo algunos datos, síntomas que se profundizaron durante este episodio y me llamaron la atención. Creo que adentro del Gobierno...
— T: ¿Qué episodios?
— D: Cierto giro hacia estructuras tradicionales de la política. Ciertos giros económicos. La llegada de (Earl Anthony) Wayne, el nuevo embajador de Estados Unidos, y que al otro día tuviéramos el dictamen de Nisman. El show exhibicionista de Wayne visitando a todos los ministros argentinos, y eso es porque se le abre la puerta, porque si uno no le abre la puerta no se produce el encuentro. Intromisiones como la de Wayne en la Justicia argentina, ¿quién es para visitar a la Corte y decir que él apoya la reforma judicial argentina? ¿Quién es Wayne para elogiar la causa AMIA? Echamos a (el embajador de Venezuela Roger) Capella porque presumimos una teórica conducta en el mismo episodio, pero permitimos que Wayne venga a decirnos que la Justicia argentina es maravillosa con ese mismo expediente.
— T: ¿Cree que esto es consecuencia de otros episodios anteriores como el que lo enfrentó al empresario estadounidense Douglas Tompkins?
— D: Creo que un episodio definitivo fue el de Tompkins. El haber cuestionado a este empresario norteamericano, que está parado sobre el tercer reservorio de agua dulce del mundo, el haber planteado la Ley de Expropiación de sus tierras, casi 400 mil hectáreas, para que vuelva a ser el Parque Nacional Iberá y que el Estado sea garante de la soberanía allí. Eso me generó episodios muy duros. Joaquín Morales Solá, que suele funcionar como vocero de la Embajada de Estados Unidos, hace unos tres meses, desde el diario La Nación me pide la renuncia y también dice que si el Gobierno mantiene a D’Elía, ni la CIA ni el Mossad van a colaborar más en las investigaciones contra el terrorismo y contra el delito común en Argentina. Evidentemente había una presión norteamericana importante que terminó en el episodio Irán.
— T: ¿Se siente traicionado?
— D: No, no. Siento que este gobierno volvió a estar en disputa. Tuvo en disputa fuerte cuando estaba (Eduardo) Duhalde; nosotros tensionábamos con Duhalde y ganamos. Y ahora vuelve a estar en disputa.
— T: Usted es de los que más peleó por un montón de causas, por ejemplo con Duhalde...
— D: Duhalde, Lavagna, los intendentes. En algunas gané yo. Con Duhalde ganamos, pero esperemos que la fórmula en la provincia de Buenos Aires no sea Scioli-Díaz Bancalari porque terminamos con Chiche Duhalde como ministra de Economía. Yo siento que estoy dando una disputa.
— T: ¿Contra quién?
— D: Contra otro sector del Gobierno que tiene mucho poder, de estructura, de aparato. Creo que Alberto Fernández expresa la derecha de este gobierno. El es el cavallismo dentro de nuestro gobierno. Es una persona que quiere llevar al Gobierno a una alianza con el Partido Demócrata norteamericano, que expresa el sector financiero mundial, con España y con (Michelle) Bachelet (N de la R: presidenta de Chile). Creo que es el líder de la derecha de nuestro gobierno. Además, nunca vacila en armar operativos contra otros miembros del Gobierno. Enseguida te pone a Radio 10 y a Canal 9 a perseguirte o a tratar de estigmatizarte.
— T: ¿Siente que eso lo está aplicando con usted?
— D: A mí no me hace mella eso. Mi problema con él es político, porque él expresa la derecha de los ‘90, expresa la política marketinera, un mundo al que nosotros no queremos volver. En Estados Unidos está perdiendo (George) Bush, está perdiendo la corporación militar, industrial, petrolera, y están volviendo los demócratas. Si vos le preguntás a Fidel Castro qué prefiere, si los republicanos o los demócratas te va a decir a los demócratas. Ahora, con los dos tiene más o menos los mismos problemas. Yo les recuerdo a los lectores que los que gobernaban en los ‘90 eran el sector financiero internacional, con su ajuste estructural de nuestra economía, endeudamiento externo, apertura indiscriminada, que nos dejaron la peor catástrofe social de nuestra historia. Entonces, Alberto Fernández quiere llevarnos a eso. Un lugar al que los que construimos el kirchnerismo no queremos ir. Confío en el presidente de la República, confío en su capacidad de conducción política; hoy (por el jueves pasado) nos dio una satisfacción, ya que en el Congreso de Mercociudades criticó duramente a los Estados Unidos diciendo que siempre miró a Latinoamérica con la nuca y le deseó suerte a (Hugo) Chávez, a quien considera un amigo. Me parece entonces que este round se lo estamos ganando a Alberto Fernández. Me parece que el Presidente entre las relaciones carnales que plantea Alberto Fernández con Estados Unidos y el Mercosur, más Venezuela y Bolivia, la región, la integración latinoamericana, creo que va a elegir esto último.
— T: ¿Entonces siente que quien lo echó del Gobierno fue el jefe de Gabinete, Alberto Fernández?
— D: Yo no quiero caer en debates menores. El es una persona que no tiene ningún problema en operar contra otros miembros del gabinete, utilizando métodos que creo lo reducen en política. Y de hecho lo hizo. Me parece que él no tiene que estar más en el centro de la cuestión, él representa lo peor de este gobierno. El es el líder de la derecha kirchnerista. Nosotros lo queremos ubicado ahí, a la derecha, donde tiene que estar Alberto Fernández. (Sobre el final del reportaje, D’Elía aclarará que todo lo que dijo sobre Fernández es en respuesta a las imputaciones que el jefe de Gabinete hizo sobre él en el programa “A Dos Voces” de la señal de cable Todo Noticias).
— T: ¿Quiénes más están a la derecha en este gobierno?
— D: El líder de la derecha de este gobierno es Alberto Fernández. El empuja este tipo de situaciones y divisiones que son una regresión al pasado.
— T: Muchos consideran que usted se transformó más en chavista que en kirchnerista
— D: Yo soy un soldado de lo que sucede en la región. Soy soldado de Kirchner, de Chávez, de Lula, de Evo Morales, de todos los compañeros que quieren un destino para América latina que tenga crecimiento económico, distribución de la renta nacional, integración latinoamericana, integración política, económica, integración de los pueblos. Y admito que hay otros que tienen otros sueños: una Argentina chiquitita, mezquina, gatoparda, jodida, que expresa lo peor en términos de valores culturales. Y eso en el Gobierno creo que lo lidera Alberto Fernández.
— T: ¿Qué opina de Carlos Kunkel, una de las espadas del gobierno nacional?
— D: Es un tipo de la izquierda kirchnerista. Seguramente le han dicho por estas horas que vaya a contestarle a D’Elía. Es un tipo que se comió muchos años de cárcel, un militante consecuente, en muchos temas pienso parecido a él, aunque a veces concede demasiado con el PJ. El se compró enterito al menemismo y al duhaldismo. Cuando él era funcionario del menemismo y del duhaldismo, nosotros estábamos haciéndole en la calle marchas y paros a Menem, estábamos en otra actitud. Pero no voy a debatir con Carlos. Mi debate es con Kirchner y con el líder de la derecha kirchnerista Alberto Fernández.
— T: ¿El debate con Kirchner por dónde pasa?
— D: No, no hay debate con Kirchner. El es como el referí del partido, el que conduce. Ahora, a imagen y semejanza de los ‘70, empieza a aparecer una derecha y una izquierda.
— T: ¿Es decir que Alberto Fernández representa a la derecha y usted a la izquierda?
— D: No, yo soy uno de los que está a la izquierda. Sería un hipócrita si dijera que represento a todos. Hay otros movimientos sociales como los de (Jorge) Cevallos, (Emilio) Pérsico, hay otros compañeros. Yo estoy parado a la izquierda de Kirchner.
— T: ¿Esto lo obliga a Kirchner a tomar una definición?
— D: Va a haber una pulseada, porque hasta ahora el que quería interpretar a todo el kirchnerismo era Alberto Fernández y nosotros eso no lo vamos a permitir.
— T: El diario La Nación mencionó esta semana que Cristina Fernández de Kirchner está tratando de reposicionarse con la clase media y que una de las condiciones era que usted se alejara del Gobierno. ¿Qué opina de ese tema en general y de la senadora nacional en particular?
— D: Con Cristina no me voy a meter. Creo que hay sectores que buscan satanizarme. Yo fui el vocero oficioso de este gobierno durante tres años, el Presidente tiene una consideración pública que anda ya por el 70%, algunas cosas comuniqué e hice para que el Presidente estuviera donde está. Si se me puede acusar de algo es en poner mucha pasión en la defensa de los más pobres, en una línea en la cual nosotros disputamos del centro a la izquierda. El Presidente creció de la mano nuestra. Y creció en momentos en los que tenía todo el Partido Justicialista en contra y buena parte de los sectores sociales en contra. Nosotros ahí lo defendimos a capa y espada, y mal no le fue; entonces tanto mal a este gobierno no le hemos hecho.
— T: ¿Le duele no estar más dentro del Gobierno?
— D: Voy a ser muy equilibrado en política. A mí se me echó por cuestionar un fallo judicial, no por cuestionar ningún acto del Poder Ejecutivo. En cambio, Alberto Fernández puede enviar a los “batatas” (en alusión a Marcelo “Batata” Ferreira) a los trabajadores del Hospital Francés y sigue en el Gobierno sin ningún problema. El goza de impunidad. La posición que yo tuve en la causa AMIA es lo que sostiene el principal organismo de derechos humanos del país que son las Madres de Plaza de Mayo, periodistas calificadísimos como Kirschbaum, Lanata y otros, y buena parte de la sociedad que en la calle me dicen: “D’Elía, qué valentía”, y otras cosas que no puedo reproducir en un reportaje. Por lo pronto no somos tratados de la misma manera. Hubo otro subsecretario que le hizo una marcha al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y que está a y nadie le reclamó nada.
— T: ¿Cuáles son sus máximos aciertos y cuáles los errores que tuvo en su relación con el Gobierno?
— D: [/b]Suelo obrar en política a conciencia.[/b] En un país donde el cálculo político, el gatopardismo, el doble discurso, las conductas disociadas son parte del manual de la política, el que obra a conciencia a veces parece un pelotudo. Por ahí lo que hice aquella noche en la Comisaría de La Boca fue políticamente incorrecto pero mataron a un compañero mío. Encuentro a Martín (“Oso” Cisneros) en el piso, acribillado de siete tiros sin que yo haya podido defenderlo. O primero había ido a hablar con el ministro (Gustavo) Béliz, a pedirle por Martín; después fui a hablar con (Oscar) Parrilli, a quien le dije que nos iban a matar a un compañero en La Boca, y cuando vi el cadáver, esa noche fuimos a la Comisaría, y la verdad es que nos puteamos con los milicos, estuvimos protestando ahí hasta que detuvieran al asesino. Eso es políticamente incorrecto. Como ser humano, como dirigente social, si me vuelve a pasar haría lo mismo. No soy de los que le matan a un compañero y mira para otro lado, no está en mi naturaleza. Será un error de fábrica, digamos. Lo que más le molestó al FTV de todo lo que se dijo vinculado con la Comisaría de La Boca es que se intentó por sobre todas las cosas estigmatizarme y siempre supe que fue una operación armada por Alberto Fernández.
— T: Se habla de la candidatura de Cristina Kirchner, ¿qué opinión tiene?
— D: Quiero esperar que pase el tiempo, no quiero tomar decisiones.
— T: ¿Cree que es lo mismo que sea Néstor Kirchner o Cristina Kirchner?
— D: Creo que son dos cuadros políticos excelentes. Pero me parece que tienen miradas del mundo y concepciones ideológicas con algunos matices.
— T: Muchos consideran que la elección de Misiones fue una bisagra en la política argentina, ¿coincide con ese diagnóstico?
— D: Misiones instala contradicciones que va a haber que saldar en la visa social y política de los argentinos. El Presidente manejó muy bien durante estos años dos grandes contradicciones: una es Imperio-Nación, y la verdad tuvo episodios, y por eso para mí es el mejor presidente de los últimos cincuenta años, y la verdad es que algunos me llenaron de orgullo. Por ejemplo lo que fue el 4 de noviembre del año pasado en Mar del Plata, frente a Bush, parando el ALCA, con cien mil tipos en la calle, y con él cumpliendo un papel desbordante en la Cumbre de Presidentes creo que es el pico más alto de la confrontación Imperio-Nación. Y otra contradicción que maneja muy bien es la de pueblo-oligarquía, que es una contradicción en la que están los Alberto Fernández, que plantea la Argentina para pocos, chiquitita, que hay que volver a la mirada cavallista de los ‘90, y está la visión de la izquierda kirchnerista, que creo que es la que comparte el Presidente, lo que significa una Argentina con crecimiento económico, con distribución de la renta nacional, que abogue por el salario, por los que están afuera, que contenga. Misiones introduce una tercera cuestión, que es la renovación de la política, que es una materia pendiente que exige la sociedad desde diciembre de 2001. Necesitamos renovación de la política.
— T: ¿El Presidente hizo esa lectura?
— D: Dio señales fuertes. Lo de Fellner y Solá son señales fuertes. También está el hecho de estar pensando limitar los mandatos de los intendentes bonaerenses por ley.
— T: ¿Qué pasaría, qué le diría si lo tuviera ahora enfrente a Alberto Fernández?
— D: Nada. Yo soy un hombre tranquilo, respetuoso. Me parece que el problema con él es político, porque expresa lo peor de la derecha reaccionaria, entreguista, cipaya, que no tiene nada que ver con nosotros. El tiene mucho poder dentro de este gobierno y entonces cualquiera que ose enfrentarlo, cuestionarlo; por ejemplo yo sé que a partir de este reportaje va a caer sobre mí toda la pauta de medios que maneja este caballerito, como le gusta decir a mi amigo Fidel Castro. Este caballerito tiene medios que se le subordinan y va a utilizarlos para tratar de estigmatizarme socialmente. Pero a mí siempre me gustan las grandes peleas, me gusta pelearme con gente de peso, así que es hora de darle debate a este señor que me parece que es una pésima influencia en este gobierno.
— T: ¿Hay alguna posibilidad de que sea candidato en La Matanza?
— D: No, yo no quiero ser candidato a nada. Sí quiero que el gobierno de Néstor Kirchner avance. Voy a defender a este gobierno como dije alguna vez a los tiros y en la calle.
— T: Observando su despacho pueden verse fotos con Lula, Morales, Kirchner, retratos de Perón y Evita. ¿Qué significan estas personalidades en tu vida?
— D: Este es mi mundo. El mundo de una América latina unida, donde sus movimientos sociales protagonizaron los cambios y hoy lo expresan los presidentes de la región, una América nacional, popular, profundamente transformadora, respetuosa de los procesos nacionales de cada país. No es hora de andar dividiendo entre revolucionarios y reformistas, es hora de unidad del continente.
— T: Hablemé de Perón y Evita.
— D: Perón fue un gran conductor, un visionario, la referencia más alta de todo el siglo XX. Y Evita es la pasión peronista llevada al límite. Me río cuando algunos hacen de la moderación un culto, y ahí digo ¿qué carajo tenía que ver Evita con la moderación? Es la política más venerada por todo el pueblo argentino, y más respetada, inclusive universalmente.
— T: La semana pasada en estas mismas páginas apareció Mariano Grondona, quien entre otras cosas contó que le hizo un reportaje a Perón en el ‘67 y que en la charla de ocho horas nunca mencionó ni a Evita ni a Isabelita. Además, dijo que él cree que las mujeres del peronismo siempre fueron “mujeres de”. ¿Coincide con ese análisis?
— D: No, yo creo que Evita fue Evita y nunca “la mujer de”. Con brillo propio, con talento propio, con un perfil que trasciende los tiempos. Lo mismo creo de Cristina Fernández, quien me parece una mujer brillante, que no es “la mujer de”, sino Cristina Fernández.
— T: ¿A quién destaca, respeta, de la oposición?
— D: Muchas cosas de Claudio Lozano, Rodolfo Terragno, a los Rodríguez Saá.
— T: ¿Carrió?
— D: No.
— T: ¿Por qué?
— D: No, porque me parece que hizo un giro donde se gorilizó mal. Hizo un giro hacia la centroderecha que no comparto. Una visión muy antiperonista de la vida y de la historia.
— T: ¿Qué opinión tiene de la pelea del radicalismo por encolumnarse o no detrás de Lavagna?
— D: Me parece patética. Tengo un hermano radical, y ya que esto es para un diario de San Luis puedo mencionar que él se pasa la mitad del año en esa provincia, en El Trapiche, y yo también voy en el verano. Bueno, decía que tengo un hermano radical, y el otro día leíamos la vida de Yrigoyen, de Manuel Gálvez, que es una vida medio novelada. Yendo a los orígenes del radicalismo, a mí me hace acordar a la Corriente Clasista y Combativa, porque desde 1890 a 1907 fue una organización fierrera, no era una organización electoral, era una organización que generó la lucha armada en la provincia de Buenos Aires, con episodios muy fuertes en Témperley, Lomas de Zamora... ¿Qué quedó de aquella Unión Cívica Radical de Leandro N. Alem, su sobrino Hipólito Yrigoyen, de los grandes postulados relacionados con la incorporación de las mayorías populares, que uno las podía leer en continuidad con los caudillos federales, con Perón? No queda nada.
— T: ¿Qué piensa de la idea de Alfonsín de ir en desmedro de su partido en pos de unirse a Lavagna?
— D: Es muy de Alfonsín. Es un tipo que nunca en política logró materializar lo que propuso. Su administración terminó en un gran fiasco, y no se mueve por convicciones, sino por pura especulación. Dejó a los argentinos algunos regalitos como el Pacto de Olivos, de lo que recién estamos queriendo salir.
— T: ¿Qué reflexión hace sobre la desaparición de Jorge Julio López?
— D: Es un pésimo mensaje para la democracia, la libertad y los derechos humanos de la Argentina. Si aparece muerto o no aparece, son mensajes terribles.
— T: Cuentemé cómo lo pasa en las vacaciones en El Trapiche, San Luis.
— D: Es muy lindo. El río, ese pueblo espectacular. Mi hermano Ariel, que es profesor de educación física, se va con toda su familia y yo muchas veces voy a pasar unos días con él, y si no hay lugar alquilamos por ahí. Nos gusta mucho a mí, mi mujer y a mis hijos ir a San Luis, porque es un lugar propio para descansar, bañarse, tomar sol, andar a caballo. Somos muy felices ahí.
— T: ¿Qué significa en su vida política su esposa?
— D: Es mi compañera desde hace casi 25 años. Nos conocimos de muy pibes, militando en las Comunidades Eclesiales de Base, un ámbito de pertenencia y militancia durante la dictadura de la izquierda cristiana, de los teólogos de la liberación. Tuvimos grandes maestros como Musante, Montes... Aprendimos mucho juntos, pasamos las buenas y las malas, y Alicia, mi esposa, es el sentido común, el criterio, la sensibilidad, la compañera de todas las horas.
— T: ¿Qué significa el espacio de la Federación de Tierra y Vivienda?
— D: Significa la resistencia de miles y miles de argentinos al modelo neoliberal conservador de los ‘90. En la pared de un gimnasio que tenemos en La Matanza hay una frase muy linda que dice: “El sueño es la lucha y la esperanza de construir una patria para todos”.
— T: ¿Existe la posibilidad de que vuelva a la calle?
— D: Yo lo dije cuando estaba en el Gobierno. La clase obrera nunca renuncia a sus instrumentos de lucha. Así que esa pregunta prácticamente no tiene respuesta.
[/b]— T: ¿Cómo se define?
— D: Soy un tipo muy común, de costumbres normales, que tengo mi lugar en el mundo en El Tambo, en La Matanza, en el asentamiento donde vivo hace más de 25 años. Nací en La Matanza hace 50 años y nunca me fui. Fui concejal, diputado provincial, dirigente social, consejero general de Educación. La Matanza es mi mundo, mi vida, mi lugar, y creo que voy a morir ahí. Soy un tipo que actúa por convicciones en un mundo donde las convicciones importan muy poco.
FUENTE
http://www.grupopayne.com.ar/archivo/06/0612/061203/15b.php
“Alberto Fernández representa lo peor de la derecha argentina”
El piquetero y ahora ex funcionario acusa indirectamente al jefe de Gabinete de haberlo echado del Gobierno, y se cuida de criticar a Kirchner. Pero deja escapar algunas diferencias con el Presidente.
Alberto Trombetta
Pasaron unos días desde que el Gobierno decidió pedirle la renuncia como subsecretario de Tierras y Hábitat Social, luego de manifestarse a favor de Irán en la causa AMIA. Actúa, se viste y habla de la misma manera siendo o no funcionario, es decir, sencillo, claro, firme, convencido. Luis D’Elía recibió a El Diario de la República en su céntrica oficina de la ciudad de Buenos Aires para una nota exclusiva.
Sobre el escritorio aún conserva algunos papeles de su ex cargo público junto a muchísimos otros formularios, documentos, recortes. Está rodeado de diarios, y en las paredes y sobre una mesa ratona larga hay retratos y fotos de Perón, Evita, Lula, Evo Morales, Kirchner, una imagen de Fidel Castro y sólo falta Hugo Chávez. “Todavía no me trajeron un cuadro grande que mandé a hacer”, dice.
Nació el 21 de enero de 1957 en La Matanza, está casado con Alicia Sánchez, tiene 5 hijos. Fue diputado provincial, consejero general de Educación, integró el Servicio de Paz y Justicia durante la última dictadura militar, es el líder de la Federación de Tierra y Vivienda.
Al escucharlo se percibe que se trata de un hombre siempre dispuesto a dar batalla por lo que cree. Actitud que lo llevó a enfrentarse a adversarios de los que él mismo reconoce que le gustan: los poderosos, los importantes. Entre quienes forman esa larga lista se puede mencionar a Estados Unidos, al empresario Douglas Tompkins y de cabotaje a Alberto Fernández, el jefe de Gabinete.
En la charla hace referencia al episodio que le costó su cargo en el Ejecutivo nacional, habla de su sueño para América latina, reivindica la toma de la Comisaría de La Boca, se muestra orgulloso de haberle ganado una batalla a Eduardo Duhalde por disputas del comienzo de la gestión actual y reconoce que hoy existe otra pulseada en el Gobierno, y es entre la izquierda y la derecha oficialista.
Fustiga con vehemencia a Alberto Fernández, de quien asegura que “nunca vacila en armar operativos contra otros miembros del Gobierno y expresa lo peor de la derecha reaccionaria, entreguista, cipaya”.
Lo que sigue son palabras de un auténtico y en estado puro Luis D’Elía.
— Alberto Trombetta: ¿Cómo está viviendo este proceso en su vida política a partir de la renuncia al cargo que ocupaba en el gobierno nacional?
— Luis D’Elía: Con mucha serenidad. Con la tranquilidad de conciencia de haber obrado por convicción en un tema espinoso y de altísima gravedad geopolítica, estratégica, aún en el plano militar.
— T: Muchos quizá pensaron que pudo haberse arrepentido de la decisión de apoyar a Irán. ¿Es así?
— D: No, en absoluto. Al revés. Después de algunos días, de ver la reacción de distintos sectores sociales estoy más convencido de que hicimos lo correcto. Efectivamente hoy Jorge Lanata, Ricardo Kirschbaum (N de la R: editor general de Clarín), periodistas muy serios, independientes, más allá de los disensos que uno pueda tener con ellos, fueron categóricos en coincidir conmigo en que el expediente de la causa AMIA está contaminado de política internacional, que de alguna manera repone en sus ochocientas páginas prácticamente los mismos fundamentos que había tenido (Juan José) Galeano durante doce años. Dos informes de la CIA y el Mossad, donde la única prueba que hay son testimonios de disidentes iraníes, y no hay una sola prueba que vincule a Irán en lo que yo creo que es un fenomenal alegato contra el Islam y contra la religión musulmana carente de todo fundamento jurídico. Por ese expediente se echó por corrupto a Galeano y ahora estamos reponiendo, a instancias de Estados Unidos e Israel, las mismas hipótesis, con el agravante de que por lo mismo estamos pidiendo la captura, entre otros, de un ex presidente de la República Islámica de Irán. Creo que esto es una fenomenal movida del Departamento de Estado de Estados Unidos para ir al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y espero que sea Estados Unidos y no Argentina que lo haga, queriendo transformar a Irán en Estado terrorista y crear las condiciones mundiales para acciones militares allí.
— T: ¿Se puede pensar entonces que el Gobierno cedió a las presiones internacionales?
— D: Creo que hubo algún tipo de concesión o negociación. Si la hubo no lo sé, no tengo pruebas. Pero hay un dato que a mí me llama la atención: la doctora Sandra Arroyo Salgado, hace tres o cuatro meses era una oscura defensora de la Capital Federal. Dicen en Tribunales que salteó a siete jueces y hoy es la titular del Juzgado Federal de San Isidro, en reemplazo de Cultota, que era el subrogante de Marquevich. Sandra Arroyo Salgado no sería nadie si no fuera la esposa de (N de la R: fiscal en la causa AMIA, Alberto) Nisman. Es un dato muy llamativo, aunque con esto no digo absolutamente nada. En todo caso, a mí se me pide la renuncia por cuestionar una decisión de la Justicia argentina y no del Poder Ejecutivo, lo que también es llamativo.
— T: ¿Midió las consecuencias?, ¿imaginó lo que podía suceder, entre otras cosas tener que renunciar a su cargo?
— D: Yo no soy una persona que haga de los cargos un culto. Yo era responsable del Servicio de Paz y Justicia, zonal Oeste, durante la dictadura militar y hacíamos lo que teníamos que hacer, nunca pensábamos en las consecuencias. Siempre primero la conciencia. Acá pasó lo mismo. Me parece que desde la campanita de Wall Street para acá hubo algunos datos, síntomas que se profundizaron durante este episodio y me llamaron la atención. Creo que adentro del Gobierno...
— T: ¿Qué episodios?
— D: Cierto giro hacia estructuras tradicionales de la política. Ciertos giros económicos. La llegada de (Earl Anthony) Wayne, el nuevo embajador de Estados Unidos, y que al otro día tuviéramos el dictamen de Nisman. El show exhibicionista de Wayne visitando a todos los ministros argentinos, y eso es porque se le abre la puerta, porque si uno no le abre la puerta no se produce el encuentro. Intromisiones como la de Wayne en la Justicia argentina, ¿quién es para visitar a la Corte y decir que él apoya la reforma judicial argentina? ¿Quién es Wayne para elogiar la causa AMIA? Echamos a (el embajador de Venezuela Roger) Capella porque presumimos una teórica conducta en el mismo episodio, pero permitimos que Wayne venga a decirnos que la Justicia argentina es maravillosa con ese mismo expediente.
— T: ¿Cree que esto es consecuencia de otros episodios anteriores como el que lo enfrentó al empresario estadounidense Douglas Tompkins?
— D: Creo que un episodio definitivo fue el de Tompkins. El haber cuestionado a este empresario norteamericano, que está parado sobre el tercer reservorio de agua dulce del mundo, el haber planteado la Ley de Expropiación de sus tierras, casi 400 mil hectáreas, para que vuelva a ser el Parque Nacional Iberá y que el Estado sea garante de la soberanía allí. Eso me generó episodios muy duros. Joaquín Morales Solá, que suele funcionar como vocero de la Embajada de Estados Unidos, hace unos tres meses, desde el diario La Nación me pide la renuncia y también dice que si el Gobierno mantiene a D’Elía, ni la CIA ni el Mossad van a colaborar más en las investigaciones contra el terrorismo y contra el delito común en Argentina. Evidentemente había una presión norteamericana importante que terminó en el episodio Irán.
— T: ¿Se siente traicionado?
— D: No, no. Siento que este gobierno volvió a estar en disputa. Tuvo en disputa fuerte cuando estaba (Eduardo) Duhalde; nosotros tensionábamos con Duhalde y ganamos. Y ahora vuelve a estar en disputa.
— T: Usted es de los que más peleó por un montón de causas, por ejemplo con Duhalde...
— D: Duhalde, Lavagna, los intendentes. En algunas gané yo. Con Duhalde ganamos, pero esperemos que la fórmula en la provincia de Buenos Aires no sea Scioli-Díaz Bancalari porque terminamos con Chiche Duhalde como ministra de Economía. Yo siento que estoy dando una disputa.
— T: ¿Contra quién?
— D: Contra otro sector del Gobierno que tiene mucho poder, de estructura, de aparato. Creo que Alberto Fernández expresa la derecha de este gobierno. El es el cavallismo dentro de nuestro gobierno. Es una persona que quiere llevar al Gobierno a una alianza con el Partido Demócrata norteamericano, que expresa el sector financiero mundial, con España y con (Michelle) Bachelet (N de la R: presidenta de Chile). Creo que es el líder de la derecha de nuestro gobierno. Además, nunca vacila en armar operativos contra otros miembros del Gobierno. Enseguida te pone a Radio 10 y a Canal 9 a perseguirte o a tratar de estigmatizarte.
— T: ¿Siente que eso lo está aplicando con usted?
— D: A mí no me hace mella eso. Mi problema con él es político, porque él expresa la derecha de los ‘90, expresa la política marketinera, un mundo al que nosotros no queremos volver. En Estados Unidos está perdiendo (George) Bush, está perdiendo la corporación militar, industrial, petrolera, y están volviendo los demócratas. Si vos le preguntás a Fidel Castro qué prefiere, si los republicanos o los demócratas te va a decir a los demócratas. Ahora, con los dos tiene más o menos los mismos problemas. Yo les recuerdo a los lectores que los que gobernaban en los ‘90 eran el sector financiero internacional, con su ajuste estructural de nuestra economía, endeudamiento externo, apertura indiscriminada, que nos dejaron la peor catástrofe social de nuestra historia. Entonces, Alberto Fernández quiere llevarnos a eso. Un lugar al que los que construimos el kirchnerismo no queremos ir. Confío en el presidente de la República, confío en su capacidad de conducción política; hoy (por el jueves pasado) nos dio una satisfacción, ya que en el Congreso de Mercociudades criticó duramente a los Estados Unidos diciendo que siempre miró a Latinoamérica con la nuca y le deseó suerte a (Hugo) Chávez, a quien considera un amigo. Me parece entonces que este round se lo estamos ganando a Alberto Fernández. Me parece que el Presidente entre las relaciones carnales que plantea Alberto Fernández con Estados Unidos y el Mercosur, más Venezuela y Bolivia, la región, la integración latinoamericana, creo que va a elegir esto último.
— T: ¿Entonces siente que quien lo echó del Gobierno fue el jefe de Gabinete, Alberto Fernández?
— D: Yo no quiero caer en debates menores. El es una persona que no tiene ningún problema en operar contra otros miembros del gabinete, utilizando métodos que creo lo reducen en política. Y de hecho lo hizo. Me parece que él no tiene que estar más en el centro de la cuestión, él representa lo peor de este gobierno. El es el líder de la derecha kirchnerista. Nosotros lo queremos ubicado ahí, a la derecha, donde tiene que estar Alberto Fernández. (Sobre el final del reportaje, D’Elía aclarará que todo lo que dijo sobre Fernández es en respuesta a las imputaciones que el jefe de Gabinete hizo sobre él en el programa “A Dos Voces” de la señal de cable Todo Noticias).
— T: ¿Quiénes más están a la derecha en este gobierno?
— D: El líder de la derecha de este gobierno es Alberto Fernández. El empuja este tipo de situaciones y divisiones que son una regresión al pasado.
— T: Muchos consideran que usted se transformó más en chavista que en kirchnerista
— D: Yo soy un soldado de lo que sucede en la región. Soy soldado de Kirchner, de Chávez, de Lula, de Evo Morales, de todos los compañeros que quieren un destino para América latina que tenga crecimiento económico, distribución de la renta nacional, integración latinoamericana, integración política, económica, integración de los pueblos. Y admito que hay otros que tienen otros sueños: una Argentina chiquitita, mezquina, gatoparda, jodida, que expresa lo peor en términos de valores culturales. Y eso en el Gobierno creo que lo lidera Alberto Fernández.
— T: ¿Qué opina de Carlos Kunkel, una de las espadas del gobierno nacional?
— D: Es un tipo de la izquierda kirchnerista. Seguramente le han dicho por estas horas que vaya a contestarle a D’Elía. Es un tipo que se comió muchos años de cárcel, un militante consecuente, en muchos temas pienso parecido a él, aunque a veces concede demasiado con el PJ. El se compró enterito al menemismo y al duhaldismo. Cuando él era funcionario del menemismo y del duhaldismo, nosotros estábamos haciéndole en la calle marchas y paros a Menem, estábamos en otra actitud. Pero no voy a debatir con Carlos. Mi debate es con Kirchner y con el líder de la derecha kirchnerista Alberto Fernández.
— T: ¿El debate con Kirchner por dónde pasa?
— D: No, no hay debate con Kirchner. El es como el referí del partido, el que conduce. Ahora, a imagen y semejanza de los ‘70, empieza a aparecer una derecha y una izquierda.
— T: ¿Es decir que Alberto Fernández representa a la derecha y usted a la izquierda?
— D: No, yo soy uno de los que está a la izquierda. Sería un hipócrita si dijera que represento a todos. Hay otros movimientos sociales como los de (Jorge) Cevallos, (Emilio) Pérsico, hay otros compañeros. Yo estoy parado a la izquierda de Kirchner.
— T: ¿Esto lo obliga a Kirchner a tomar una definición?
— D: Va a haber una pulseada, porque hasta ahora el que quería interpretar a todo el kirchnerismo era Alberto Fernández y nosotros eso no lo vamos a permitir.
— T: El diario La Nación mencionó esta semana que Cristina Fernández de Kirchner está tratando de reposicionarse con la clase media y que una de las condiciones era que usted se alejara del Gobierno. ¿Qué opina de ese tema en general y de la senadora nacional en particular?
— D: Con Cristina no me voy a meter. Creo que hay sectores que buscan satanizarme. Yo fui el vocero oficioso de este gobierno durante tres años, el Presidente tiene una consideración pública que anda ya por el 70%, algunas cosas comuniqué e hice para que el Presidente estuviera donde está. Si se me puede acusar de algo es en poner mucha pasión en la defensa de los más pobres, en una línea en la cual nosotros disputamos del centro a la izquierda. El Presidente creció de la mano nuestra. Y creció en momentos en los que tenía todo el Partido Justicialista en contra y buena parte de los sectores sociales en contra. Nosotros ahí lo defendimos a capa y espada, y mal no le fue; entonces tanto mal a este gobierno no le hemos hecho.
— T: ¿Le duele no estar más dentro del Gobierno?
— D: Voy a ser muy equilibrado en política. A mí se me echó por cuestionar un fallo judicial, no por cuestionar ningún acto del Poder Ejecutivo. En cambio, Alberto Fernández puede enviar a los “batatas” (en alusión a Marcelo “Batata” Ferreira) a los trabajadores del Hospital Francés y sigue en el Gobierno sin ningún problema. El goza de impunidad. La posición que yo tuve en la causa AMIA es lo que sostiene el principal organismo de derechos humanos del país que son las Madres de Plaza de Mayo, periodistas calificadísimos como Kirschbaum, Lanata y otros, y buena parte de la sociedad que en la calle me dicen: “D’Elía, qué valentía”, y otras cosas que no puedo reproducir en un reportaje. Por lo pronto no somos tratados de la misma manera. Hubo otro subsecretario que le hizo una marcha al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y que está a y nadie le reclamó nada.
— T: ¿Cuáles son sus máximos aciertos y cuáles los errores que tuvo en su relación con el Gobierno?
— D: [/b]Suelo obrar en política a conciencia.[/b] En un país donde el cálculo político, el gatopardismo, el doble discurso, las conductas disociadas son parte del manual de la política, el que obra a conciencia a veces parece un pelotudo. Por ahí lo que hice aquella noche en la Comisaría de La Boca fue políticamente incorrecto pero mataron a un compañero mío. Encuentro a Martín (“Oso” Cisneros) en el piso, acribillado de siete tiros sin que yo haya podido defenderlo. O primero había ido a hablar con el ministro (Gustavo) Béliz, a pedirle por Martín; después fui a hablar con (Oscar) Parrilli, a quien le dije que nos iban a matar a un compañero en La Boca, y cuando vi el cadáver, esa noche fuimos a la Comisaría, y la verdad es que nos puteamos con los milicos, estuvimos protestando ahí hasta que detuvieran al asesino. Eso es políticamente incorrecto. Como ser humano, como dirigente social, si me vuelve a pasar haría lo mismo. No soy de los que le matan a un compañero y mira para otro lado, no está en mi naturaleza. Será un error de fábrica, digamos. Lo que más le molestó al FTV de todo lo que se dijo vinculado con la Comisaría de La Boca es que se intentó por sobre todas las cosas estigmatizarme y siempre supe que fue una operación armada por Alberto Fernández.
— T: Se habla de la candidatura de Cristina Kirchner, ¿qué opinión tiene?
— D: Quiero esperar que pase el tiempo, no quiero tomar decisiones.
— T: ¿Cree que es lo mismo que sea Néstor Kirchner o Cristina Kirchner?
— D: Creo que son dos cuadros políticos excelentes. Pero me parece que tienen miradas del mundo y concepciones ideológicas con algunos matices.
— T: Muchos consideran que la elección de Misiones fue una bisagra en la política argentina, ¿coincide con ese diagnóstico?
— D: Misiones instala contradicciones que va a haber que saldar en la visa social y política de los argentinos. El Presidente manejó muy bien durante estos años dos grandes contradicciones: una es Imperio-Nación, y la verdad tuvo episodios, y por eso para mí es el mejor presidente de los últimos cincuenta años, y la verdad es que algunos me llenaron de orgullo. Por ejemplo lo que fue el 4 de noviembre del año pasado en Mar del Plata, frente a Bush, parando el ALCA, con cien mil tipos en la calle, y con él cumpliendo un papel desbordante en la Cumbre de Presidentes creo que es el pico más alto de la confrontación Imperio-Nación. Y otra contradicción que maneja muy bien es la de pueblo-oligarquía, que es una contradicción en la que están los Alberto Fernández, que plantea la Argentina para pocos, chiquitita, que hay que volver a la mirada cavallista de los ‘90, y está la visión de la izquierda kirchnerista, que creo que es la que comparte el Presidente, lo que significa una Argentina con crecimiento económico, con distribución de la renta nacional, que abogue por el salario, por los que están afuera, que contenga. Misiones introduce una tercera cuestión, que es la renovación de la política, que es una materia pendiente que exige la sociedad desde diciembre de 2001. Necesitamos renovación de la política.
— T: ¿El Presidente hizo esa lectura?
— D: Dio señales fuertes. Lo de Fellner y Solá son señales fuertes. También está el hecho de estar pensando limitar los mandatos de los intendentes bonaerenses por ley.
— T: ¿Qué pasaría, qué le diría si lo tuviera ahora enfrente a Alberto Fernández?
— D: Nada. Yo soy un hombre tranquilo, respetuoso. Me parece que el problema con él es político, porque expresa lo peor de la derecha reaccionaria, entreguista, cipaya, que no tiene nada que ver con nosotros. El tiene mucho poder dentro de este gobierno y entonces cualquiera que ose enfrentarlo, cuestionarlo; por ejemplo yo sé que a partir de este reportaje va a caer sobre mí toda la pauta de medios que maneja este caballerito, como le gusta decir a mi amigo Fidel Castro. Este caballerito tiene medios que se le subordinan y va a utilizarlos para tratar de estigmatizarme socialmente. Pero a mí siempre me gustan las grandes peleas, me gusta pelearme con gente de peso, así que es hora de darle debate a este señor que me parece que es una pésima influencia en este gobierno.
— T: ¿Hay alguna posibilidad de que sea candidato en La Matanza?
— D: No, yo no quiero ser candidato a nada. Sí quiero que el gobierno de Néstor Kirchner avance. Voy a defender a este gobierno como dije alguna vez a los tiros y en la calle.
— T: Observando su despacho pueden verse fotos con Lula, Morales, Kirchner, retratos de Perón y Evita. ¿Qué significan estas personalidades en tu vida?
— D: Este es mi mundo. El mundo de una América latina unida, donde sus movimientos sociales protagonizaron los cambios y hoy lo expresan los presidentes de la región, una América nacional, popular, profundamente transformadora, respetuosa de los procesos nacionales de cada país. No es hora de andar dividiendo entre revolucionarios y reformistas, es hora de unidad del continente.
— T: Hablemé de Perón y Evita.
— D: Perón fue un gran conductor, un visionario, la referencia más alta de todo el siglo XX. Y Evita es la pasión peronista llevada al límite. Me río cuando algunos hacen de la moderación un culto, y ahí digo ¿qué carajo tenía que ver Evita con la moderación? Es la política más venerada por todo el pueblo argentino, y más respetada, inclusive universalmente.
— T: La semana pasada en estas mismas páginas apareció Mariano Grondona, quien entre otras cosas contó que le hizo un reportaje a Perón en el ‘67 y que en la charla de ocho horas nunca mencionó ni a Evita ni a Isabelita. Además, dijo que él cree que las mujeres del peronismo siempre fueron “mujeres de”. ¿Coincide con ese análisis?
— D: No, yo creo que Evita fue Evita y nunca “la mujer de”. Con brillo propio, con talento propio, con un perfil que trasciende los tiempos. Lo mismo creo de Cristina Fernández, quien me parece una mujer brillante, que no es “la mujer de”, sino Cristina Fernández.
— T: ¿A quién destaca, respeta, de la oposición?
— D: Muchas cosas de Claudio Lozano, Rodolfo Terragno, a los Rodríguez Saá.
— T: ¿Carrió?
— D: No.
— T: ¿Por qué?
— D: No, porque me parece que hizo un giro donde se gorilizó mal. Hizo un giro hacia la centroderecha que no comparto. Una visión muy antiperonista de la vida y de la historia.
— T: ¿Qué opinión tiene de la pelea del radicalismo por encolumnarse o no detrás de Lavagna?
— D: Me parece patética. Tengo un hermano radical, y ya que esto es para un diario de San Luis puedo mencionar que él se pasa la mitad del año en esa provincia, en El Trapiche, y yo también voy en el verano. Bueno, decía que tengo un hermano radical, y el otro día leíamos la vida de Yrigoyen, de Manuel Gálvez, que es una vida medio novelada. Yendo a los orígenes del radicalismo, a mí me hace acordar a la Corriente Clasista y Combativa, porque desde 1890 a 1907 fue una organización fierrera, no era una organización electoral, era una organización que generó la lucha armada en la provincia de Buenos Aires, con episodios muy fuertes en Témperley, Lomas de Zamora... ¿Qué quedó de aquella Unión Cívica Radical de Leandro N. Alem, su sobrino Hipólito Yrigoyen, de los grandes postulados relacionados con la incorporación de las mayorías populares, que uno las podía leer en continuidad con los caudillos federales, con Perón? No queda nada.
— T: ¿Qué piensa de la idea de Alfonsín de ir en desmedro de su partido en pos de unirse a Lavagna?
— D: Es muy de Alfonsín. Es un tipo que nunca en política logró materializar lo que propuso. Su administración terminó en un gran fiasco, y no se mueve por convicciones, sino por pura especulación. Dejó a los argentinos algunos regalitos como el Pacto de Olivos, de lo que recién estamos queriendo salir.
— T: ¿Qué reflexión hace sobre la desaparición de Jorge Julio López?
— D: Es un pésimo mensaje para la democracia, la libertad y los derechos humanos de la Argentina. Si aparece muerto o no aparece, son mensajes terribles.
— T: Cuentemé cómo lo pasa en las vacaciones en El Trapiche, San Luis.
— D: Es muy lindo. El río, ese pueblo espectacular. Mi hermano Ariel, que es profesor de educación física, se va con toda su familia y yo muchas veces voy a pasar unos días con él, y si no hay lugar alquilamos por ahí. Nos gusta mucho a mí, mi mujer y a mis hijos ir a San Luis, porque es un lugar propio para descansar, bañarse, tomar sol, andar a caballo. Somos muy felices ahí.
— T: ¿Qué significa en su vida política su esposa?
— D: Es mi compañera desde hace casi 25 años. Nos conocimos de muy pibes, militando en las Comunidades Eclesiales de Base, un ámbito de pertenencia y militancia durante la dictadura de la izquierda cristiana, de los teólogos de la liberación. Tuvimos grandes maestros como Musante, Montes... Aprendimos mucho juntos, pasamos las buenas y las malas, y Alicia, mi esposa, es el sentido común, el criterio, la sensibilidad, la compañera de todas las horas.
— T: ¿Qué significa el espacio de la Federación de Tierra y Vivienda?
— D: Significa la resistencia de miles y miles de argentinos al modelo neoliberal conservador de los ‘90. En la pared de un gimnasio que tenemos en La Matanza hay una frase muy linda que dice: “El sueño es la lucha y la esperanza de construir una patria para todos”.
— T: ¿Existe la posibilidad de que vuelva a la calle?
— D: Yo lo dije cuando estaba en el Gobierno. La clase obrera nunca renuncia a sus instrumentos de lucha. Así que esa pregunta prácticamente no tiene respuesta.
[/b]— T: ¿Cómo se define?
— D: Soy un tipo muy común, de costumbres normales, que tengo mi lugar en el mundo en El Tambo, en La Matanza, en el asentamiento donde vivo hace más de 25 años. Nací en La Matanza hace 50 años y nunca me fui. Fui concejal, diputado provincial, dirigente social, consejero general de Educación. La Matanza es mi mundo, mi vida, mi lugar, y creo que voy a morir ahí. Soy un tipo que actúa por convicciones en un mundo donde las convicciones importan muy poco.
FUENTE
http://www.grupopayne.com.ar/archivo/06/0612/061203/15b.php