Realmente pueden llevarlo, pero no sería práctico. Cristopher Whitman, del centro de experimentación de la Marina de Estados Unidos, explica que el silenciador en armas automáticas añade más peso y es una posible fuente de problemas debido al recalentamiento. Si disparamos muchas balas seguidas, los gases de las explosiones calientan el silenciador hasta el punto de que pueden dañar la salida del arma y poner en peligro al tirador.
En este vídeo ponen a prueba precisamente eso instalando un silenciador en una ametralladora M249. Al cabo de unos 350 disparos el silenciador sencillamente se funde.
Existen algunas armas, como el fusil de asalto AS Val de las fuerzas especiales rusas, que están expresamente diseñadas para hacer algo menos de ruido. Para ello incorporan un tubo de salida más largo que retenga los gases y usan munición subsónica SP-6 que no supera los 395 metros por segundo. El nivel de ruido del AS Val ronda los 130 decibelios.
Finalmente, y salvo casos como el del AS Val, que es para uso de francotiradores, las armas pesadas suelen ir montadas encima de vehículos, y el propio sonido de los motores ya hace que no tenga mucho sentido poner un silenciador. En el cine, mientras tanto, podemos seguir deleitándonos con las aventuras de espías en las que el silenciador obra milagros a mayor gloria del guión.