Bolañista antes del tsunami Bolaño, Carlos Labbé (Santiago de Chile, 1977) es un nombre indiscutible de la nueva literatura latinoamericana. Escritor y músico, mezcla sus dos pasiones en su último libro, Coreografías espirituales (Periférica), donde un vocalista parapléjico escribe con sus ojos la historia de una afamada banda de rock. De pequeño quería ser… Como los panaderos que recorrían en triciclo los barrios de Santiago; quería ser autónomo, aromático y bienvenido en la calle. ¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres? En el punto más frágil de mis seis años, mi mamá me convenció de que si tomaba este medicamento hecho de miga de pan me iba a sentir invencible. “¿Te tomaste el miguín?”, me preguntaba. Y hacía efecto. ¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor? Con cualquier persona que tenga una bolsa de pan recién horneado dispuesta a compartir. ¿Algún sitio que le inspire? Los lugares con agua, ojalá reventando en la orilla o, en su defecto, cayendo desde el cielo. “La experiencia personal es como el pan. Deliciosa, pero se añeja en un día” ¿Cuál ha sido el mejor regalo que ha recibido? Fue un préstamo, más bien. Las llaves de una casa de verano en Victoria, en el territorio mapuche, donde conocí a la Mónica Ramón Ríos. ¿Para qué sirven los premios? Si lo otorga una comunidad de personas amantes de la creación, sirve como convite a construir una identidad. Si lo otorga una empresa privada para lavar dinero, sirve como deuda, como bumerán que volverá implacable sobre la obra premiada. ¿Qué significa ser escritor? Creo que es el oficio de hacer bailar a alguien que lee críticamente. ¿Y músico? Iba a decir: “Creo que es el oficio de hacer leer el cuerpo de alguien que quiere bailar contigo”. Pero eso es una ambición, no una definición. ¿Cómo conviven dentro de usted esas dos bestias? Se leen mutuamente. A veces se sacan a bailar. ¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas? Me cuesta reírme así, tengo que estar bajo alguna influencia para eso. Tal vez I Love Dick. ¿Y cuál mataría por haber escrito? El Decamerón, para que no me mate la peste. Las mil y una noches, para que el gobernante posponga mi muerte.
Carlos Labbé: “En 75 años Chile se hundirá en el mar”
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