A 18’ del sol
Puntuacion: 9.5/10
Mejor tema: ¿Dónde está el topacio? O Toda la vida tiene música hoy.
Los temas en este color son muy buenos; cuando estan sin color, normales; y cuando estan de este color son malos
01. Viento del azur
02. Telgopor
03. Viejas mascarillas
04. A 18’ del sol
05. Canción para los días de la vida
06. Toda la vida tiene música hoy
07. ¿Dónde está el topacio?
08. La eternidad imaginaria
Strauss_14 dijo:Todo lo que pongo acá es totalmente subjetivo. Es imposible pedir la objetividad pura, y eso se sabe... Además, mi objetivo es dar una opinión sobre los discos y bandas. No me creo el poseedor de la verdad absoluta, ni nada por el estilo. Estoy abierto a que los demás escriban sus opiniones en los comentarios.
A 18’ del sol es de los mejores discos concebidos por nuestro rock nacional. Si señores, se acerca al nivel de discos del Flaco como Almendra, Artaud, Desatormentándonos y demás. Es ésta una gran obra maestra de nuestro querido Luis Alberto. Tal vez no tenga highlights uno tras otro, pero contiene las atmósferas más delicadas que jamás escuche. ¡Si! Se acerca al nivel de Shine on you crazy diamond (aunque hay que considerar que este es solo un tema, no un disco) y otras genialidades del rock. Ese ambiente suave, que parece que están constantemente acariciándote con plumas de los más nobles pavos reales. Éste es un disco en el que el amor ( a mi forma de ver ¿no?) es representado de forma perfecta. Si, ese amor que te acaricia esta materializado aquí. Y no por sus letras, más que nada por su música. Para mí, el Flaco dentro de su etapa jazz-rock, también tiene otras sub-etapas: cuando el jazz-rock es más rock que jazz; y cuando el jazz-rock es más jazz que rock. La primera es indudablemente la parte Invisible, pero la segunda está comprendida solamente por este disco.
Viento del azur es un jazz con muy buena melodía aportada por la voz, y con unos arreglos corísticos de la introducción hermosos. Otra cosa a destacar es el especial y espectacular sonido que le saca el Flaco a su guitarra, acompañada de ese genial sintetizador, infaltable en este LP. Las improvisaciones son demasiado buenas. Éstas son precisas, no tienen ni una nota de mas ni una nota de menos, son realmente sobrehumanas. Tal vez el virtuosismo no domine sobre ellas, pero indudablemente el gusto musical, sí. Sin dudas, una joyita.
Telgopor es el primer instrumental que nos brinda el LP. La verdad que este no es tan destacable como el tema homónimo, pero sin embargo es bastante disfrutable. Otra vez las guitarras aportadas por Spinetta son perfectas, y la batería es muy ágil, junto con el bajo. Los trabajos menos destacados en este tema son los del teclado, ese sonido que meten después de la primera improvisación guitarrística no me gusta para nada. El tono de teclado que sí me gusta es ese que parece una campana sonando, que es el predominante en el disco. Una composición bastante ágil, movediza y dentro de todo entretenida. Nada realmente genial.
Viejas mascarillas es otro de esos temas que aportan mucho a la hermosa atmósfera. Esa cosa tan alucinante, volátil, te sumerge en un mar de guitarras y teclados bastante apreciable. Igualmente, no deja de ser un tema inferior a, por ejemplo, Viento del azur.
Viene A 18’ del sol para salvar el disco, y mantenerlo casi todo el tiempo en un nivel de excelencia impresionante. La introducción es realmente linda, esa guitarra acústica acompañada de piano queda muy bien con el resto del tema. Esta es una composición en que todo instrumento merece estar nombrado como fundamental. Ningun instrumentista es malo, cada uno aporta lo suyo, logrando así una obra impresionante. Algo que me encanta son los acordes sueltos que tira la guitarra atrás del teclado. El solo de la guitarra posee un sonido impresionante, un sonido tan brillante como el de la trompeta. Otro tema bastante movido. Sin duda los teclados y la guitarra son los grandes solistas, pero la base hace su espléndido trabajo soportando estas geniales improvisaciones.
El tema anterior termino, y una guitarra acústica llorosa nos invade el alma. Ésta si que es una canción deprimente y melancólica. Un número realmente precioso, la parte de voz es muy, pero muy delicada, caompañada de esa genial poesía. Lo único que pude entender de ésta poesía, es que esa persona que canta, tiene alas que le permiten volar, es decir, tiene elementos para continuar por la vida, para superar a esa gente de pie. Y esas alas están cuidadas por “gnomos de lata”, seres místicos que la misma persona imagina y construye. Esa persona, agradece que “le hayan puesto manos para hablarle a las cosas de mí”, osea, le han puesto dones que ningún otro animal tiene: hablar de las cosas, hacer poesía, crear. Hay otras cosas que me fueron imposibles de meter en todo esto, pero es lo que puedo decir. Además la poesía del Flaco no solo se entiende, SE SIENTE. Esas palabras son sentimientos expresados en oraciones. Me encanta cuando entra la otra guitarra acústica, que parece que se había guardado un grito doloroso por mucho tiempo, y se decidió a gritarlo en un preciso remate. Un tema memorable. Muchas personas acusan a la canción de monotonía, pero teniendo una tan pero tan bella melodía, esta acusación pasa a ser más buena que mala. Otra gran composición de Luis. Además, las guitarras que están encima, meten notas que hacen que el aburrimiento sea imposible. Todas estas características hacen a este un reposo acústico de todo el entorno jazz.
Toda la vida tiene música hoy es otro gran tema, con una gran melodía e impresionantes improvisaciones en el medio. Los acordes que tira Spinetta en el solo de teclado son muy buenos, como en A 18’ del sol. Bueno, no hace falta decir que los solos son espectaculares y que los músicos se lucen nuevamente, ¿no? Me encanta esa gran suspensión que se produce al separar la parte cantada de la improvisada. Otra pieza de oro en el disco.
¿Dónde está el topacio? Es otro tema al estilo del anterior: una genial melodía, impecable instrumentación, y, obviamente, erizante atmósfera. Otra cosa a destacar es el buenísimo estribillo de la canción, muy místico y llevadero.
Entonces, para concluir esta majestuosa obra viene La eternidad imaginaria. Un tema con predominio en la voz. La melodía de ésta es muy rara, pero eso es lo que hace a la canción especial. Además, los pequeños aportes de guitarra tienen nuevamente ese genial efecto similar a una trompeta. La verdad, este tema no alcanza el nivel de otros grandes del disco, pero sin embargo es disfrutable, y está muy bien elegido como final del disco.
En síntesis: A 18’ del sol es un disco con predominio estilístico del jazz-rock, con grandes, impecables y pasmantemente hermosas atmósferas. Es un disco que no está plagado de geniales temas, pero sin embargo tiene esa tan preciosa sensación, que convierte al LP en una preciosidad. Además esta vez la voz del flaco se destaca como nunca. Esos vibrattos son perfectos: no muy exagerados, y siempre en notas largas, cosa que hace que no se tornen aburridos. La afinación es perfecta. La ejecución guitarrística también es impresionante, inigualable. Luis Alberto nos demuestra nuevamente el músico que es, el gran genio, el dios argentino que tenemos en América. Los primeros 10 años del flaco son casi perfectos. Todos sus discos son obras maestras, grandes composiciones, pero hay solo dos que de alguna forma manchan un poco esa perfección: Spinettalandia y sus amigos, y El valle interior. Almendra II es muy discutido, y todavía no me decido como ponerlo. No puntúo al disco con 10 porque no está dotado de geniales temas uno tras otro, pero el disco en general es perfecto, y se merece la calificación de 9.5/10.
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