El hundimiento del Titanic al detalle - El Titanic se pone en marcha
El 10 de abril de 1912 el Titanic iniciaba su viaje inaugural y partía desde Southampton (Inglaterra) rumbo a Nueva York. El buque zarpó con casi una hora de retraso ya que al salir estuvo a punto de chocar con otro barco que estaba amarrado en el puerto.
El Titanic naufragó en la noche del 14 de abril de 1912 en el Atlántico Norte al chocar contra un iceberg, hundiéndose a casi 4.000 metros de profundidad. Al cumplirse cien años de esa fecha, el pecio ha pasado a estar protegido por la Convención de la UNESCO para la protección del patrimonio cultural subacuático.
Los restos del Titanic yacen frente a las costas de Terranova. Al hallarse en aguas internacionales, ningún Estado puede reivindicar la jurisdicción exclusiva del sitio. Lo malo es que, hasta ahora, el Titanic no podía beneficiarse de la protección de la Convención, adoptada por la UNESCO en 2001, ya que solo se aplica a los vestigios sumergidos desde hace al menos un siglo. A partir de 2012, sin embargo, los Estados Partes en la Convención podrán prohibir la destrucción, el pillajes, la venta y la dispersión de objetos hallados en el Titanic. Podrán también tomar todas las medidas a su alcance para proteger el pecio y hacer que los restos humanos hallados en su seno reciban un trato digno. También pueden decomisar los objetos sacados ilegalmente del agua y cerrar sus puertos a cualquier navío que lleve a cabo actividades de exploración no conformes con los principios de la Convención.
La Directora General de la UNESCO expresó su satisfacción por el hecho de que el Titanic esté ahora protegido por la Convención y manifestó también su inquietud frente a la destrucción y el pillaje que sufren numerosos pecios antiguos,. “Hemos de proteger los tesoros sumergidos del mismo modo que no toleramos el pillaje del patrimonio cultural terrestre”, declaró la Directora General, que exhortó a los submarinistas a no depositar detritus ni placas conmemorativas en el pecio.
La Convención para la protección del patrimonio subacuático, adoptada en 2011 por la Conferencia General de la UNESCO, tiene como objetivo proteger los pecios, los sitios arqueológicos, las grutas ornamentadas y otros vestigios culturales que yacen bajo las aguas. Hasta ahora, 41 Estados han ratificado la Convención.
ace 100 años zarpaba de Southampton, Inglaterra, el que a la postre se convertiría en el buque más famoso de la historia, el Titanic. En él viajaban diez españoles... ¿lograron salvarse? ¿qué hacían dentro del barco? El libro "Los diez del Titanic" escrito por Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero destripa la historia de esta decena de desconocidos a bordo del "barco insumergible".
María Josefa Peñasco, Fermina Oliva, Víctor Peñasco, Encarnación Reynaldo, Emilio Pallás, Julián Padró, Florentina Durán, Asunción Durán, Juan Monros y Servando Oviés fueron los diez españoles que aquel 10 de abril de 1912 se embarcaban en el Titanic sin saber que pasarían a la historia cinco días más tarde. Estas diez personas de Andalucía, Asturias, Castilla La Mancha, Cataluña y Madrid subieron al inmenso barco por motivos distintos, razones que ahora tres periodistas se han encargado de investigar.
Historias llenas de curiosidades y detalles de cada familia. Desde los más conocidos: Víctor Peñasco y María Josefa Pérez de Soto, quienes viajaban de luna de miel a Nueva York acompañados de su doncella, Fermina Oliva, hasta la misteriosa malagueña Encarnación Reynaldo. En total diez historias de las cuales solo siete consiguieron salvarse junto con otros 697 pasajeros.
100 años de la tragedia náutica más famosa de todos los tiempos vista desde las historias personales de los diez pasajeros españoles que vivieron en primera persona el desastre.
El hundimiento del Titanic hace 100 años es quizás el desastre más famoso y más estudiado del siglo XX. Innumerables libros y películas han examinado con gran detalle las acciones, decisiones y errores que provocaron la colisión del transatlántico contra un iceberg en la noche del 14 de abril de 1912 y su hundimiento en el transcurso de unas horas, con aproximadamente 1500 personas que perdieron la vida en las heladas aguas del Atlántico norte.
Ahora, un equipo de astrónomos de la Universidad Estatal de Texas (EE UU) ha utilizado técnicas detectivescas celestes para examinar cómo un raro suceso lunar pudo contribuir al desastre. Donald Olson y Russell Doescher, junto con el editor de la revista Sky&Telescope Roger Sinnott, darán a conocer sus hallazgos en el número de abril de esta publicación. Inspirados por el trabajo del oceanógrafo Fergus J. Wood, que sugirió que la cercanía de la Luna el 4 de enero de 1912 pudo causar mareas demasiado altas, los científicos han explorado cómo de pronunciado fue su efecto. Así han descubierto que en esa fecha tuvo lugar un acontecimiento único: la Luna y el Sol se alinearon de tal modo que los "tirones" gravitatorios de uno y otro se reforzaban mutuamente, un efecto denominado "marea de primavera". El perigeo de la Luna -su acercamiento máximo a la Tierra- fue el más cercano en 1400 años, y se produjo a menos de 6 minutos de una Luna llena. A esto hay que sumarle que el perihelio de la Tierra -máximo acercamiento al Sol- había sucedido el día anterior. En términos astronómicos, las probabilidades de que todas estas variables coincidieran son bastante remotas.
Según el grupo de investigadores, para que los icebergs que se desprendieron ese año en Groenlandia -que podrían haber sido bastante más numerosos por el citado fenómeno del 4 de enero- alcanzaran la zona por la que navegaba el Titanic en la fecha se produjo el choque, tenían que haberse desplazado más rápido de lo habitual. Normalmente, los icebergs se quedan atascados en las aguas poco profundas de las costas de Labrador y Newfoundland, y no pueden seguir viaje hacia el sur hasta que se han derretido lo suficiente para reflotar, o bien una marea bastante alta les libera. Pero la marea inusualmente elevada de enero de 1912 habría liberado muchos de estos icebergs, que se desplazarían hacia el sur movidos por las corrientes oceánicas, encontrándose en primavera de bruces con el transatlántico.
El 10 de abril de 1912 el Titanic iniciaba su viaje inaugural y partía desde Southampton (Inglaterra) rumbo a Nueva York. El buque zarpó con casi una hora de retraso ya que al salir estuvo a punto de chocar con otro barco que estaba amarrado en el puerto.
El Titanic naufragó en la noche del 14 de abril de 1912 en el Atlántico Norte al chocar contra un iceberg, hundiéndose a casi 4.000 metros de profundidad. Al cumplirse cien años de esa fecha, el pecio ha pasado a estar protegido por la Convención de la UNESCO para la protección del patrimonio cultural subacuático.
Los restos del Titanic yacen frente a las costas de Terranova. Al hallarse en aguas internacionales, ningún Estado puede reivindicar la jurisdicción exclusiva del sitio. Lo malo es que, hasta ahora, el Titanic no podía beneficiarse de la protección de la Convención, adoptada por la UNESCO en 2001, ya que solo se aplica a los vestigios sumergidos desde hace al menos un siglo. A partir de 2012, sin embargo, los Estados Partes en la Convención podrán prohibir la destrucción, el pillajes, la venta y la dispersión de objetos hallados en el Titanic. Podrán también tomar todas las medidas a su alcance para proteger el pecio y hacer que los restos humanos hallados en su seno reciban un trato digno. También pueden decomisar los objetos sacados ilegalmente del agua y cerrar sus puertos a cualquier navío que lleve a cabo actividades de exploración no conformes con los principios de la Convención.
La Directora General de la UNESCO expresó su satisfacción por el hecho de que el Titanic esté ahora protegido por la Convención y manifestó también su inquietud frente a la destrucción y el pillaje que sufren numerosos pecios antiguos,. “Hemos de proteger los tesoros sumergidos del mismo modo que no toleramos el pillaje del patrimonio cultural terrestre”, declaró la Directora General, que exhortó a los submarinistas a no depositar detritus ni placas conmemorativas en el pecio.
La Convención para la protección del patrimonio subacuático, adoptada en 2011 por la Conferencia General de la UNESCO, tiene como objetivo proteger los pecios, los sitios arqueológicos, las grutas ornamentadas y otros vestigios culturales que yacen bajo las aguas. Hasta ahora, 41 Estados han ratificado la Convención.
ace 100 años zarpaba de Southampton, Inglaterra, el que a la postre se convertiría en el buque más famoso de la historia, el Titanic. En él viajaban diez españoles... ¿lograron salvarse? ¿qué hacían dentro del barco? El libro "Los diez del Titanic" escrito por Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero destripa la historia de esta decena de desconocidos a bordo del "barco insumergible".
María Josefa Peñasco, Fermina Oliva, Víctor Peñasco, Encarnación Reynaldo, Emilio Pallás, Julián Padró, Florentina Durán, Asunción Durán, Juan Monros y Servando Oviés fueron los diez españoles que aquel 10 de abril de 1912 se embarcaban en el Titanic sin saber que pasarían a la historia cinco días más tarde. Estas diez personas de Andalucía, Asturias, Castilla La Mancha, Cataluña y Madrid subieron al inmenso barco por motivos distintos, razones que ahora tres periodistas se han encargado de investigar.
Historias llenas de curiosidades y detalles de cada familia. Desde los más conocidos: Víctor Peñasco y María Josefa Pérez de Soto, quienes viajaban de luna de miel a Nueva York acompañados de su doncella, Fermina Oliva, hasta la misteriosa malagueña Encarnación Reynaldo. En total diez historias de las cuales solo siete consiguieron salvarse junto con otros 697 pasajeros.
100 años de la tragedia náutica más famosa de todos los tiempos vista desde las historias personales de los diez pasajeros españoles que vivieron en primera persona el desastre.
El hundimiento del Titanic hace 100 años es quizás el desastre más famoso y más estudiado del siglo XX. Innumerables libros y películas han examinado con gran detalle las acciones, decisiones y errores que provocaron la colisión del transatlántico contra un iceberg en la noche del 14 de abril de 1912 y su hundimiento en el transcurso de unas horas, con aproximadamente 1500 personas que perdieron la vida en las heladas aguas del Atlántico norte.
Ahora, un equipo de astrónomos de la Universidad Estatal de Texas (EE UU) ha utilizado técnicas detectivescas celestes para examinar cómo un raro suceso lunar pudo contribuir al desastre. Donald Olson y Russell Doescher, junto con el editor de la revista Sky&Telescope Roger Sinnott, darán a conocer sus hallazgos en el número de abril de esta publicación. Inspirados por el trabajo del oceanógrafo Fergus J. Wood, que sugirió que la cercanía de la Luna el 4 de enero de 1912 pudo causar mareas demasiado altas, los científicos han explorado cómo de pronunciado fue su efecto. Así han descubierto que en esa fecha tuvo lugar un acontecimiento único: la Luna y el Sol se alinearon de tal modo que los "tirones" gravitatorios de uno y otro se reforzaban mutuamente, un efecto denominado "marea de primavera". El perigeo de la Luna -su acercamiento máximo a la Tierra- fue el más cercano en 1400 años, y se produjo a menos de 6 minutos de una Luna llena. A esto hay que sumarle que el perihelio de la Tierra -máximo acercamiento al Sol- había sucedido el día anterior. En términos astronómicos, las probabilidades de que todas estas variables coincidieran son bastante remotas.
Según el grupo de investigadores, para que los icebergs que se desprendieron ese año en Groenlandia -que podrían haber sido bastante más numerosos por el citado fenómeno del 4 de enero- alcanzaran la zona por la que navegaba el Titanic en la fecha se produjo el choque, tenían que haberse desplazado más rápido de lo habitual. Normalmente, los icebergs se quedan atascados en las aguas poco profundas de las costas de Labrador y Newfoundland, y no pueden seguir viaje hacia el sur hasta que se han derretido lo suficiente para reflotar, o bien una marea bastante alta les libera. Pero la marea inusualmente elevada de enero de 1912 habría liberado muchos de estos icebergs, que se desplazarían hacia el sur movidos por las corrientes oceánicas, encontrándose en primavera de bruces con el transatlántico.