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Advierten sobre futuros ataques extraterrestres

Info12/17/2011
Advierten sobre futuros ataques extraterrestres


Dos asesores de la NASA aseguran que son reales las posibilidades de que existan seres espaciales con la capacidad de invadir nuestro planeta. Por ello elaboraron el texto que indica cómo defenderse

Travis Taylor y Bob Boan, asesores de la Nasa fueron los encargados de redactar "Una introducción a la defensa planetaria", un libro con las indicaciones necesarias para defenderse ante una posible invasión espacial.

"La probabilidad que los extraterrestres existan y que sean lo suficientemente maduros como para contar con la tecnología que les permita venir aquí, realmente existe," dijo Taylor.

Tanto Taylor como Boan comenzaron a pensar en este manual en 2001, durante un debate sobre los ataques terroristas.

Al respecto, Taylor dijo que "el único modo en que los estadounidenses estaríamos en una guerra asimétrica, sería si fuéramos atacados por extraterrestres. La falta de preparación puede significar que la humanidad tenga que atrincherarse y combatir con armas improvisadas y tácticas relámpago, muy al estilo en que los extremistas islámicos han combatido a los Estados Unidos en Irak".

"Deberíamos crear una resistencia insurgente al estilo mujahideen. Los insurgentes saben cómo ganar esta guerra contra nosotros. Esto también nos dice que si fuéramos atacados por extraterrestres, esta sería nuestra mejor defensa", agregó.
El fenómeno de los Objetos Voladores No Identificados (Ovnis) siempre nos sorprende con la variedad y espectacularidad de sus casos. Esta vez, varias personas aseguran haber estado en contacto radial con seres aparentemente extraterrestres que habitan una isla del sur austral de Chile. Más de 25 cintas magnetofónicas avalan sus testimonios.

Esta misteriosa historia se inicia una noche de junio del año 1984, en la Décima Región de Chile, específicamente en el faro Mitagues, ubicado en el Canal de la Moraleda.

En ese lugar, se encontraba un grupo de siete personas, al parecer de la Armada Nacional, quienes atónitos observaban como un inmensa bola de color rojo se posaba sobre el agua a sólo algunos metros de distancia. Ante el miedo tomaron la radio de comunicaciones y comenzaron a pedir ayuda. La comunicación iba dirigida a Iquique.

En Santiago, el llamado era escuchado por la familia Ortiz, compuesta por Octavio, Cristina y sus hijas Claudia, Andrea y Paula. Ellos poseen un emisora de 27 megaciclos (banda ciudadana). Su indicativo: Lucero.

Luego de unos 15 minutos, y como no recibían respuesta, Octavio ofreció servir de puente entre los dos puntos. Le contestó Héctor, que era la persona a cargo del grupo. Le contó que no sabía qué era esa luz que tenía enfrente. "Esta cosa nos ha provocado desperfectos en los equipos eléctricos" le dijo.

En esa conversación interviene una tercera persona; el capitán del buque petrolero "Misteryes", que le pedía a Héctor que avisara lo que ocurría a las autoridades porque él navegaba con todos sus instrumentos vueltos locos.

De pronto Héctor le señala a Octavio que, "esa cosa se está agrandando, y se empieza a mover. Se está levantando. Viene hacia acá". Luego de eso se escucharon ruidos y gritos, que llevaron a la aguja de la radio hasta el máximo de su potencia y la trasmisión se interrumpió completamente.

Pese a los insistentes llamados desde la estación Lucero, el sur Austral no contestaba.

Luego de más de tres minutos de silencio y angustia, apareció la voz de Héctor que muy impactado le narró que esa cosa pasó por sobre sus cabezas y que la gente que estaba afuera se les quemó la piel.

Al día siguiente, una llamada radial de una mujer de nombre Silvia entregó el siguiente mensaje de parte de Héctor: "Dile a Octavio que no comente nada de los que ocurrió anoche porque corre peligro su puesto".

Desde ese día la familia Ortiz no supo nada más de aquel misterioso personaje del faro Mitagues.

Mitilius II

Dos días después de este hecho, las llamadas misteriosas continuaron. Un capitán del barco Mitilius II de nombre Alberto, comenzó a comunicarse desde los canales australes. Le señaló a Octavio que él había presenciado todo lo que había ocurrido en el faro Mitagues y también había escuchado la conversación. Aparentemente él estaba haciendo experimentos con el choro zapato, por lo que en esa zona tenía una serie de redes e instrumentos. Lo más extraño es que después de aquella noche, estos desaparecieron, contó.

Tiempo después Octavio sabría que el capitán Alberto, trabajaba para el Departamento Oceanográfico de la Universidad de Chile, en el cuidado de las vedas.

Por largos meses este personaje se perdió de la familia Ortiz. Cuando se volvió a comunicar su voz era muy extraña, no era el mismo. En una conversación le dijo: han pasado cosas, cosas muy buenas. Conocí a una personas muy extrañas. No sé todavía quienes son pero parecen religiosos. Me han ayudado mucho económicamente. Les tengo que trasladar equipos y cajas con materiales que no conozco hasta la isla donde viven.

Esa fue la primera vez que Octavio y su familia escucharon de los misteriosos habitantes de la isla de Friendship (Isla de la amistad).

El primer contacto radial entre la isla y la estación Lucero se produjo en mayo de 1985. Por esos meses Octavio se recuperaba de una grave enfermedad que lo tuvo varios meses postrado en la cama.

Los primeras conversaciones fueron a alguien llamado Ariel. Al principio creían que eran mormones, por la forma de hablar. Nunca pensaron que podían tener relación con ovnis, extraterrestres o fenómenos paranormales.

Las conversaciones versaban sobre los más variados temas; la muerte, la amistad, conocimientos físicos, biológicos, matemáticas, artes, la Biblia entre muchos otros tópicos.

Existen más de 1.500 minutos de grabaciones con estas conversaciones. Su tono era siempre espiritualista y se identificaban con nombres de ángeles; Ariel, Miguel, Rafael...

Decían poseer una isla entre el Archipiélago de los Chonos y las Guaytecas. Un lugar de muy difícil acceso y conformado por miles de pequeñas islas.

Sobre su enfermedad, estos seres le dijeron a Octavio que viajara a la Isla porque ellos tenían instrumentos muy modernos para curarlo. Tras ello los Ortiz hicieron tres intentos por viajar a la isla, pero siempre se arrepentían a último momento. Siempre el miedo a lo desconocido pudo más.

Agosto de 1985

Pero quizás una de los fenómenos más extraño en torno a esta historia y que convenció a la familia Ortiz que estaban frente a una situación extraordinaria y con vinculaciones aparentemente extraterrestres se produjo el sábado 17 de agosto de 1985. Ese día un objeto volador no identificado estuvo suspendido sobre la ciudad de Santiago por casi toda una tarde. Algunos programas de televisión como Sábados Gigantes, trasmitieron en directo el extraño acontecimiento. El avistamiento de este Ovni fue primera noticia nacional. Pero, ¿Qué tiene que ver ese hecho con la isla del sur de Chile?. Mucho, porque justo a esa hora una comunicación entre la estación Lucero y Ariel, cambiaría por completo la historia.

"Nosotros estábamos tranquilos disfrutando del fin de semana, cuando un llamado de Ariel, nos invita a salir al patio y mirar hacia el cielo. Desde allí pudimos ver, lo que todos vieron ese día. Pero lo más sorprendente es que nos narraron lo que pasaba con el Ovni. Los grados en que se movería. En un momento piden que no se acerque un avión que estaba en la zona", relata Octavio Ortiz.

¿Es posible que ellos pudieran estar controlando las evoluciones del Ovni?. La totalidad de dicho diálogo fue grabado por la familia.

Pero los contactos no terminaron ese día. En la serie de comunicaciones establecidos los misteriosos seres también realizaron una serie de predicciones.

Una de ellas tiene que ver con la explosión del trasbordador espacial Challenger el 28 de enero de 1986. "Nosotros nos encontrábamos en el molo de Quellón, cuando recibimos una comunicación desde la isla en la que nos informaron que el Challenguer explotaría luego de su despegue. Ello como media hora antes que ocurriera. Fue algo que hasta hoy no he podido entender", recordó Ortiz.

También en otras oportunidades anunciaron la ocurrencia de terremotos en varias partes del mundo. "Nos dijeron que el Volcán San José estaba unido al cerro San Cristóbal. Pero también nos predijeron cosas cotidianas. En una oportunidad nos avisaron que la cinta en que estábamos grabando se había atascado, o que los trajes de baño de las niñas se habían quedado colgados afuera. Con cosas como esas siempre nos sorprendían, explicó Octavio.

Otro hecho curioso, como todo lo que rodea a esta isla del sur de Chile, fue cuando cierto día, a través de un amigo de la familia, la agencia espacial norteamericana NASA, les envió un libro de tapas duras que tenía impresa la palabra "RECORD" en el que debía anotar sus comunicaciones.

También les hicieron entrega de una caja de bolígrafos que tenían serigrafiados "U.S. GOVERNMENT" en su lomo.

Los contactos con la familia Ortiz se interrumpieron hace ya varios años. Los habitantes de la isla les aseguraron que los militares grababan las comunicaciones y que, a partir de entonces, tenían que probar otros métodos de contacto como la telepatía.

Entonces decidieron enseñar a Octavio a usar ambos Hemisferios de su cerebro, pero él y su familia hasta hoy no han podido aprender esta técnica. El motivo por el cual estos seres habitan ese lugar del sur de Chile es un misterio, para algunos son extraterrestres reclutando gente antes del fin de la humanidad, para otros se trataría de una congregación religiosa, un experimento de control mental, Nazis e inclusos un grupo paramilitar.

¿Ovnis o Aviones Secretos?

Los científicos militares han desarrollado una tecnología paralela. Una muestra de ello son los aviones de forma triangular que recuerdan a los OVNIs de las películas.

Miren atentamente la fotografía que tienen a la izquierda de este texto. Cuando en los años ochenta no se conocía la existencia de prototipos aeronáuticos de tan peculiar forma, alguien que hubiera contemplado con sus propios ojos una escena como la inmortalizada habría pensado que estaba ante un OVNI. Además, este artefacto de aspecto fantasmal que ven no se puede detectar en radar y posee otras serie de propiedades tecnológicas que rayan la ciencia-ficción.

Pero hay más: la imagen está tomanda en un lugar conocido como Área-51, una zona altamente reservada y secreta de la inmensa Base Aérea de Nellis, Nevada (EEUU). Aunque el lugar existe y está operativo desde hace 30 años, no fue hasta finales de los noventa que se aceptó oficialmente su existencia.

Fue gracias al anterior presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, que firmó, antes de abandonar la Casa Blanca, una orden ejecutiva mediante la cual eximía a Groom Lake –también llamada así el Área-51– de la aplicación de cualquier legislación local, estatal o nacional. ¿Cón qué objetivo? Es desconocido, pero quién más, quién menos, está convencido de que la naturaleza secreta de las labores del ejército en aquel lugar pueden tener mucho que ver con la decisión de blindar legalmente lo que allí ocurre. Se sospecha, entre otras cosas, que el uso de materiales altamente contaminantes puede ser uno de los motivos que invitó a Clinton a “proteger” el Área-51, a pesar de que eso supusiera reconocer la existencia del lugar.

Por aquellas fechas –otoño de 2000– algunos ex trabajadores de la base desarrollaron patologías asociadas a la exposición a materiales tóxicos. Pero además de lo señalado, desde los años ochenta muchos testigos han observado cómo la base es sobrevolada por luces y objetos no convencionales. Hoy se sabe que aviones como el B-2 –el que muestra la fotografía– utilizaron el Área-51 durante años para poder llevar a cabo de forma discreta sus vuelos experimentales.

Sin embargo, hasta 1988 no se reveló al público la existencia del mismo, y de otro avión similar, el F-117, también indetectable al radar. Habían pasado casi quince años desde que se encontraban operativos. Al conocerse la fecha y los lugares en los que se experimentó con ellos –en la valle de Hudson en 1983, por ejemplo– se descubrió que muchos de los testigos habían denunciado la presencia en los cielos de OVNIs de forma triangular, lo que nos revela claramente que dichos avistamientos pudieron tener –sólo pudieron tener… y es que no todos los estudiosos así lo defienden– su origen en los vuelos experimentales de las por entonces “armas secretas”. Triángulos voladores, boomerangs gigantes a ras de suelo, OVNIs pentagonales dejándose ver en el cielo…

Fueron cientos los casos que se produjeron allí y que constituyen en sí la primera gran oleada de estas características. Hay un dato que no deja de ser llamativo: la forma de los OVNIs. Los estudios efectuados por ufologos en función de la casuística mundial, desvelan una realidad incuestionable: hasta los años ochenta, sólo un 3% de las observaciones de OVNIs responden a artefactos de forma triangular, pero desde entonces, la cifra oscila entre un 25% y un 30%. Para los estudiosos más críticos, esta “mutación” en la forma de los OVNIs se debe a que muchas observaciones de este tipo de prototipos son erróneamente interpretadas por los testigos e investigadores.

Habría una razón fundamental para ello: las más modernas naves herederas de las ya conocidas B-2 y F-117 podrían llevar años sobrevolando los cielos en silencio y de forma furtiva, ya que todavía no se habrían presentado a la opinión pública, lo que ha generado una auténtica ola de informaciones y desinformaciones sobre las características de estos nuevos aviones, en especial, del conocido como Aurora.

Nadie ha podido demostrar la existencia real de esta nave que, de atender a las diferentes informaciones que ha generado, dispondría de unas propiedades casi mágicas. Algunas referencias – no confirmadas – señalan que este avión triangular podría alcanzar una velocidad próxima a los 20 mach, es decir, 20 veces las velocidad del sonido, lo que equivale a más de 25.000 km/h.

Otras versiones más comedidas reducen a un tercio su capacidad; aún así, sería el avión más veloz creado por el hombre. La falta de confirmación oficial podría invitar a dudar de la misma existencia del Aurora. Diversas publicaciones como Popular Science o Aviation Week empezaron a recibir informaciones sobre la existencia de este artefacto volante de ensueño a mediados de los años ochenta. Aquellas primeras noticias anunciaban que el Aurora no tardaría mucho tiempo en ser presentado en público.

Pareció llegar ese momento cuando poco antes de la invasión de Panamá de 1989, las Fuerzas Aéreas anunciaron la presentación de aviones que iban a revolucionar todo lo que se sabía sobre cazas de guerra. Y se generó entonces expectación… Efectivamente, con toda la carga patriótica posible y el himno norteamericano resonando entre los hangares, fueron presentados los B-2 y el F-117. El primero se trata de un bombardero de enorme autonomía –capaz de salir desde Estados Unidos a Oriente Medio y volver sin necesidad de repostar–, de alcanzar enormes alturas y portar miles de kilos en bombas.

Por su parte, el F-117 es un caza espía de pequeñas dimensiones, no excesivamente veloz pero sí extraordinariamente “hábil” en vuelo. A ambos se les había aplicado la tecnología Stealth, gracias a la cual se obtiene la indetectabilidad al radar. Aunque las razones tecnológicas que les convierten en invisibles son desconocidas, se intuye que la aleación de metales y su peculiar forma tienen mucho que ver con el secreto.

Además, son aviones extraordinariamente silenciosos y durante la noche, lo que se observa al verlos, es una siniestra forma negra con un foco de luz en cada vértice y un cuarto punto en el centro de color rojizo e intermitente.

Eso es precisamente lo que describieron en Bélgica miles de testigos entre 1989 y 1991, cuando se produjo una espectacular oleada de apariciones de artefactos de estas características. Los sectores más racionales explicaron de inmediato las 3.000 apariciones de “no identificados” de forma triangular en los cielos centroeuropeos: se trataba del F-117. Sin embargo, el análisis de los diferentes episodios arrojó algunas dudas. El fantasmal caza, aún disponiendo de una tecnología muy avanzada, no podía ser capaz de tanto.

Además, en uno de los más relevantes sucesos ocurridos –que tuvo lugar el 30 de marzo de 1990, cuando dos F-16 persiguieron a los OVNIs– presentaba determinadas características imposibles de imitar por el caza espía.

Aquel OVNI, que pudo ser fotografiado, aparecía nítido en las pantallas de radar –cosa curiosa, habida cuenta de que esquivar a las pantallas de control es la principal característica de este joya del ejército norteamericano– y era capaz de desarrollar velocidades imposibles y aceleraciones súbitas que vulneraban cualquier ley física. Por ejemplo, desarrolló una aceleración de hasta 40G, cuatro veces más de lo que hubiera soportado un piloto.

Investigadores muy críticos como el francés Bertrand Méheust abogaron en principio por la tesis del “arma secreta”, pero más tarde se echó atrás al analizar el comportamiento de aquellos OVNIs triangulares. Y es que se mostraban de forma abierta, sin el clásico comportamiento huidizo, situándose estáticos sobre carreteras y pueblos –un F-117 no está preparado para detenerse en el aire–, y en ocasiones, hasta modificando su aspecto. Acaso –sugierieron quienes pretendían seguir apostando por la hispótesis terrestre– lo que se dejó ver en los cielos belgas durante aquellos años fue una suerte de avión más moderno y desarrollado…

¿El Aurora u otro de su generación tecnológica…? Por aquellas fechas se produjeron avistamientos que no dejaban lugar a dudas, como el ocurrido en agosto de 1989 en el Mar del Norte, cuando un oficial de la Royal Air Force del Reino Unido observó varios aviones que rodeaban en vuelo a un artefacto triangular cuyo aspecto se asemejaba bastante a los herederos del B-2 y el F-117, pero que no era exactamente ninguno de ellos. Indiscutiblemente se trataba de un artefacto terrestre… ¡pero desconocido!

El pasado mes de agosto, el Instituto para el Descubrimiento Científico –NIDS– de Estados Unidos publicaba un informe a propósito de las observaciones de extraños artefactos triangulares en los cielos norteamericanos, en donde se han registrado más de 1.000 casos en los últimos tres años. La conclusión a la que llegaron los expertos de este colectivo es que dichos artefactos “no responden al despliegue de una nave perteneciente a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos”. Pero entonces, ¿de qué se trataba?

El informe de este colectivo no niega que se trate de aeronaves terrestres, pero la tecnología que desarrollan estaría infinitamente por encima de la conocida hasta el momento. Podría ser una cuestión de fechas; los primeros aviones Stealth comenzaron a volar quince años antes de ser presentandos a la opinión pública. Así, si las informaciones publicadas por Aviation Week son ciertas, el Aurora podría tener ya una antigüedad de 20 años y haberse quedado incluso desfado respecto a los nuevos prototipos.

De hecho, la revista Popular Sciece publicaba un estudio a finales de los noventa en donde señalaba que la tecnología de invisibilidad al radar había llegado mucho más lejos de lo esperado. De acuerdo a filtraciones recibidas, los más modernos prototipos –triangulares, cómo no– habrían desarrollado un sistema basado en determinados juegos de luces que servirían hasta para pasar desapercibidos ante los ojos de eventuales testigos.

Lo dicho: ciencia ficción… pero al parecer, los hangares de las bases más secretas de los Estados Unidos ya disponen de estos aviones que, en la mayor parte de los casos, podrían volar sin el concurso de pilotos, algo necesario habida cuenta de que las maniobras desarrolladas por estos artefactos hacen imposible que sean soportadas por un organismo humano. Quienes los observan en vuelo pueden suponer que están ante un OVNI; al menos, así lo parece…












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