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En el país de los alimentos el hambre mata

Info8/7/2008
La cruda realidad en la Argentina




¿Cómo se llegó a la situación de hambre en la Argentina?


El punto de partida del desplome fue el Rodrigazo de 1975, cuando cayeron los salarios. Hubo una mejoría entre 1991 y 1994, pero después se multiplicaron los índices de desempleo.

En el “granero del mundo” hay hambre.
A pesar de las cosechas y exportaciones récords de granos, carnes y alimentos, la pobreza golpea a 20 millones de argentinos.
Con planes sociales en marcha, la desnutrición infantil crece de manera galopante.
Con una gran capacidad ociosa, más del 40% de la fuerza laboral –5 millones de personas– tiene problemas de empleo porque está desocupado o trabaja pocas horas. Y, de los que trabajan, más de una cuarta parte gana tan poco que vive por debajo de la línea de pobreza.
Los descarnados datos a setiembre marcan que el 55% de los argentinos –20 millones de personas– vive en un hogar pobre porque no tiene ingresos para comprar una canasta básica de alimentos y servicios.
Y de esos 20 millones, casi el 40% es indigente porque no puede comprar los alimentos básicos, a pesar de los planes alimentarios y sociales en vigencia.
En las provincias del norte argentino, como Formosa, la pobreza supera el 80% .
Y en Tucumán, Salta o Jujuy ronda entre el 65 y el 75% de la población. En el Gran Buenos Aires golpea a más del 60% –casi seis millones de personas– y en la “próspera” ciudad de Buenos Aires supera el 20% de los porteños. Según la encuesta 2002 del Banco Mundial, en las áreas rurales la pobreza es del 72,6% .
El mayor peso de la pobreza recae en los niños: los menores de 14 años que viven en hogares pobres suman 7,5 millones: el 74,3 % de la población infantil.
Hasta mediados de la década del 70 la pobreza era una cuestión marginal en la Argentina, pero ya comprendía al 8 % de la población concentrada en los llamados “bolsones de pobreza” en torno a las “villas miseria” . Una alta proporción de los asalariados y toda la clase media estaba al margen de ese flagelo y disponía de una ascendente movilidad social.
A finales de los años 70 y en los 80, la pobreza fue creciendo porque la economía estaba estancada y los bruscos aumentos de precios licuaban rápidamente los ingresos de los asalariados. Fueron los años de alta inflación y devaluación de la moneda.
El punto de partida del desplome económico y social vino con el Rodrigazo de 1975 (megadevaluación del peso) que inició un proceso de pauperización creciente que englobó a la casi totalidad de la clase media y que la literatura sociológica bautizó como los “nuevos pobres” . Los salarios y los ingresos de la población comenzaron a caer en forma sostenida.
En el 80 la pobreza subió al 20% . Y pegó un salto espectacular por el deterioro del salario con la hiperinflación de 1989/90.
Sin recuperar los niveles de mediados de 1985, a partir de 1991 los ingresos de la población tuvieron una mejora por la baja de la inflación y por el boom de créditos, lo que ayudó a bajar la pobreza. Pero esta mejoría sólo duró hasta mediados de 1994. Desde entonces la situación empeoró en forma sostenida, agigantada, además, por el crecimiento de la brecha entre los que más y menos ganan.

Familias, ingresos y niveles de pobreza

pobreza


La estadística oficial argentina considera que las familias tipo –matrimonio y dos hijos– que ganan menos de 711 pesos por mes son pobres.
Esto significa que, con 5,90 pesos promedio por día para cada uno, no tienen ingresos para comprar una canasta básica de alimentos, vestimenta y otras necesidades.
Se estima que la alimentación y los gastos elementales del jefe de familia equivalen a 230 pesos, el de la esposa, a 170 pesos, una hija de 8 años, 165 pesos, y un hijo de 5 años, 146 pesos.
Si la familia estuviese compuesta de un tercer hijo, el núcleo familiar pasaría a ser pobre si ganara menos de 773 pesos mensuales.
En cambio, se considera que las familias que tienen un solo hijo son pobres si ganan menos de 561 pesos por mes.
Estos datos corresponden a la Capital y el Gran Buenos Aires. En el resto del país, salvo en la Patagonia, los valores son más bajos porque varía tanto la composición de la canasta de alimentos y servicios como los precios de los productos. Pero los salarios también son inferiores.
En cambio, es indigente el adulto que gana menos de 103 pesos mes, equivalente a una canasta sólo de alimentos básicos. Y es indigente la familia de 4 integrantes que gana menos de 320 pesos mensuales.

Mapa de Pobreza en la Argentina


indigencia



Más de la mitad de la población es pobre



Buenos Aires, 22 de agosto de 2002 (INFOSIC). La pobreza afecta a más de la mitad de la población del país, ya que hay 18,5 millones de personas que no tienen ingresos suficientes para satisfacer un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias (salud, educación, vivienda) consideradas esenciales.
De los 18,5 millones de pobres, 8,7 millones se encuentran en una situación de indigencia, es decir, que no pueden cubrir los gastos de la canasta básica de alimentos.
Además, según los datos oficiales, cuatro de cada seis menores de 14 años son pobres.
Las cifras surgen de proyectar para todo el país los resultados del relevamiento realizado en mayo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) que arrojó que para el total urbano (23,5 millones de personas) el 53 por ciento de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, lo que representa al 41,4 por ciento de los hogares.
Por su parte, el nivel de la indigencia afectó al 18 por ciento de las viviendas y al 24,8 por ciento de las personas. Se considera como indigentes a quienes que no cuentan con los recursos para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer el umbral mínimo de necesidasdes energéticas y proteicas.
En números concretos, 2,816 millones de hogares se encuentran debajo de la línea de pobreza y en ellos residen una población aproximada de 12,4 millones de personas personas.
De este total de hogares, hay 1,2 millones en los cuales habitan 5,8 millones de personas se encuentran en una situación de indigencia".
Esto significa que se sumaron al ejército de pobres 5,2 millones de personas con respecto a la anterior medición de octubre de 2001.
En el contexto de la actual recesión, los datos reflejan que la pobreza se incrementa al mismo ritmo que la suba de precios que encarece la canasta básica de consumo alimentario. Un dato dramático es que cuatro de cada seis menores de 14 años son pobres.
La región del noreste argentino es la más afectada por la pobreza donde alcanza al 69,8 por ciento de la población, y el 59,4 por ciento de los hogares, mientras que el 38,8 por ciento de las personas de esa zona es indigente, lo que representa el 30,7 por ciento de las viviendas.
Le siguieron en el ranking: la región cuyana donde el 54,9 por ciento de la población es pobre, y el 24,7 por ciento de las personas es indigente; en la zona pampeana alcanza a 52,7 por ciento y 25,1 por ciento respectivamente; y en la patagonia la pobreza afectó al 39,1 por ciento de los habitantes, y la indigencia al 15,4 por ciento.
El sondeo confirmó los datos difundidos en julio sobre el aglomerado del Gran Buenos Aires (Capital Federal y 19 partidos del Conurbano) donde la tasa de hogares por debajo de la línea de pobreza alcanzó a 37,7 por ciento, y al 49,7 por ciento de la población.
En la región bonaerense, el 22,7 por ciento de la población vive bajo la línea de indigencia, o sea el 16 por ciento de los hogares.
En la ciudad de Buenos Aires, padece pobreza el 19,8 por ciento de las personas.
En cambio, en el conurbano 1 que encierra solamente a San Isidro y Vicente López, la pobreza alcanza a 23,3 por ciento de las personas.
Según las cifras oficiales, el ingreso promedio en los 28 aglomerados urbanos de los hogares pobres indigentes es de 146 pesos, mientras en los pobres no indigentes se ubicó en 420 pesos, frente a los 1.114 pesos de los no pobres.

Oficial 53 porciento de los argentinos son pobres

Ayer se conocieron los datos oficiales sobre la situación social de los argentinos: según la encuesta realizada por el INDEC en mayo (ahora computados los principales centros urbanos del país), 53% vive por debajo de la línea de pobreza y 24,8% es indigente. Son 18,5 millones de pobres y 8,5 millones de indigentes en todo el país. En ciudades como Formosa, el porcentaje de pobres asciende a 78,3%. El 70,3% de los menores de 14 años del país ya es pobre. Hay 5,2 millones de pobres más que en octubre del año pasado. Medidas populistas, que sólo en apariencia buscaban mejorar los ingresos de los que menos tienen, causaron este fuerte e histórico deterioro social en el país.



La Argentina ya se parece a los países más pobres de América latina: 53% de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza y en provincias como Formosa esa situación alcanza a 78,3% de sus habitantes. Es decir, que de cada 100 formoseños, 78,3 no puede acceder a los bienes y servicios considerados esenciales. Pero hay un dato que, sin dudas, es el más dramático de todos los que día a día se difunden: 70,3% de los menores de 14 años del país ya vive en la pobreza y 33,4%, en condiciones de indigencia.

No existe antecedente en la Argentina de tener un nivel de vida tan precario: los indicadores actuales no sólo superan en magnitud a los que llegó a tener el país en plena hiperinflación de 1989, sino que además con el agravante de que por entonces, a pesar que la inflación depuraba los ingresos de la gente, había sólo 7% de desocupación con lo cual la solución pasaba fundamentalmente por detener los precios. En cambio ahora el desempleo asciende a 21,7% de la población.

Los datos son oficiales y fueron difundidos ayer desde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El cuadro que ha dejado la devaluación y la larga y profunda recesión está siendo sin dudas dramático: sólo entre octubre del año pasado y mayo de este año se registraron 5,2 millones de pobres más.

La Argentina ya se parece a los países más pobres de América latina: 53% de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza y en provincias como Formosa esa situación alcanza a 78,3% de sus habitantes. Es decir, que de cada 100 formoseños, 78,3 no puede acceder a los bienes y servicios considerados esenciales. Pero hay un dato que, sin dudas, es el más dramático de todos los que día a día se difunden: 70,3% de los menores de 14 años del país ya vive en la pobreza y 33,4%, en condiciones de indigencia.

No existe antecedente en la Argentina de tener un nivel de vida tan precario: los indicadores actuales no sólo superan en magnitud a los que llegó a tener el país en plena hiperinflación de 1989, sino que además con el agravante de que por entonces, a pesar que la inflación depuraba los ingresos de la gente, había sólo 7% de desocupación con lo cual la solución pasaba fundamentalmente por detener los precios. En cambio ahora el desempleo asciende a 21,7% de la población.

Los datos son oficiales y fueron difundidos ayer desde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El cuadro que ha dejado la devaluación y la larga y profunda recesión está siendo sin dudas dramático: sólo entre octubre del año pasado y mayo de este año se registraron 5,2 millones de pobres más.

Indigentes

Así, sobre una población urbana estimada en 35 millones de habitantes, hay 18,5 millones que son pobres. Y otros 8,5 millones que son indigentes, es decir, directamente no están recibiendo las calorías alimentarias que se consideran esenciales. Pero, además: desde el INDEC estimaban ayer que en las condiciones actuales, en promedio los no pobres tienen 27,5% de probabilidades de convertirse en pobres hacia octubre próximo, lo que muestra que por el momento este estado de empobrecimiento crónico sigue avanzando mes a mes.

Los datos son a mayo pasado, cuando la inflación acumulaba un alza de 25,9%. Pero en la medida que los precios suben y los ingresos no ajustan el cuadro se complica. Inclusive desde el organismo oficial reconocieron que hacia julio, cuando la inflación acumulada ascendía a 34,7%, la pobreza se habría incrementado en varios puntos porcentuales más, a pesar de que el grueso de los planes sociales se terminó de repartir en junio. Es que en tanto los precios suben, los salarios nominales han continuado cayendo: en octubre pasado los ingresos promedio del país se ubicaron en $ 569 mensuales mientras que hacia mayo los mismos cayeron a $ 540 aunque 50% de los asalariados gana menos de $ 400 al mes. Así, sólo en el Gran Buenos Aires y donde se registró 49,7% de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza en mayo, la cifra en junio asciende a 52%. Hacia 1989, la pobreza en el Gran Buenos Aires ascendía a 47,3% pero con un desempleo de 7% cuando hoy en esa jurisdicción la desocupación se ubica en 22%. La peor situación se da en las ciudades del nordeste del país con 69,8% de su población viviendo en la pobreza y 38,8% en la indigencia. Además, allí se encuentran los salarios más bajos: en promedio apenas se ganan $ 371 al mes y 50% gana menos de $ 300. En Concordia, 71,7% de la población es pobre y 45,8% indigente. En Posadas, 69,1% de sus habitantes es pobre y de ellos 38,6%, indigente. En Gran Resistencia (Chaco), 67,8% de la población es pobre y 36,2%, indigente. En tanto en Corrientes hay 67,2% de pobres y 37,4% de indigentes.

Para el noroeste argentino los indicadores son muy similares con 63,5% de pobres, 29,5% de indigentes e ingresos mensuales de $ 386,5. En Jujuy, la pobreza asciende a 68,1% y la indigencia a 31,7%. En Salta, 66% de su población es pobre y 37,1%, indigente. En Tucumán: 63,8% y 27,2%, respectivamente.

En Cuyo, 54,9% de sus habitantes vive por debajo de la línea de pobreza en tanto 24,7% es indigente y los salarios promedio mensuales se ubican en $ 439,7. En la región pampeana las cifras son de 52,7 por ciento y 25,1 por ciento, respectivamente, en tanto la región patagónica es la que mejor se encuentra con 39,1 por ciento de pobreza, 15,4 por ciento de indigencia y salarios mensuales de $ 713,7 promedio.








Las "villas miseria", barrios ilegalmente constituidos ubicados en zonas marginales del espacio urbano, carentes de una infraestructura mínima de servicios orientados a atender sus requerimientos básicos, surgen de la crisis del modelo agroexportador en la primera mitad de siglo y el temprano desarrollo de la actividad industrial ya que estos favorecieron a un rápido proceso de urbanización. La crisis que se inicia en los setenta, consolidan los bolsones de pobreza estructural, que en el caso de la Argentina, en relación a la gran mayoría de los países de América Latina, son de extensión limitada.

Las transformaciones económicas y sociales que caracterizaron a la década del ochenta tuvieron un notable impacto en las condiciones de vida de la población. La fuerte recesión, se tradujo en un notable deterioro de la capacidad que el sistema productivo tiene de generar empleo. Así se extendió la pobreza.

Desde el punto de vista de la metodología adoptada para la medición de uno y otro tipo de pobreza, es importante destacar que el criterio de medición que se basa en la evaluación de la satisfacción de las necesidades básicas (NBI) es adecuado para la captación de los hogares pobres estructurales. Esto responde al fuerte sesgo que este criterio tiene a evaluar, a través de las condiciones de las viviendas, la no-existencia de un stock básico, lo cual resulta de una larga historia de pobreza.

Los nuevos pobres son hogares que seguramente cuentan con una vivienda adecuada, acceso a servicios de saneamiento básico, etc., a los cuales pudieron acceder previo al deterioro de sus ingresos. Es precisamente este último aspecto el que los identifica, por lo que el criterio de Línea de Pobreza (LP) es el más adecuado para su captación.

Para el análisis de la situación de pobreza en diferentes regiones del país se recurre básicamente a dos fuentes de información:

Los censos de población de 1980 y 1991, a través de los cuales es posible evaluar la incidencia y distribución de la pobreza estructural a lo largo de la década del ochenta.

Encuestas de hogares, a través de las cuales se pudo relevar los ingresos que las familias perciben.

Entre 1980 y 1991 el número de hogares con necesidades básicas insatisfechas muestra una reducción del 4%, en tanto el número total de hogares se incrementó en un 20,5%. De este modo, la incidencia de la pobreza pasa de ser del 18.3% al 14.5%. Esta reducción relativa de la pobreza tuvo lugar en la casi totalidad de las provincias del país, siendo la Capital Federal y Tierra del Fuego los únicos distritos donde se verifica un leve incremento de la misma.

Para el caso del Gran Buenos Aires, entre 1980 y 1986 se produce un leve incremento de la pobreza. El proceso inflacionario que se inicia desde 1987, y que tiene su pico en 1989, repercutió en un crecimiento del 100%, representado fundamentalmente por aquellas familias que, si bien tienen sus necesidades básicas satisfechas, el deterioro de sus ingresos las lleva a la situación de no poder cubrir el costo de una canasta básica de bienes y servicios.

A partir de 1990 se inicia una progresiva reducción del tamaño de la pobreza, a una velocidad que decrece de año en año, siendo la proporción de hogares bajo la línea de pobreza en 1993 del 19.4%. Por último, y en forma coherente con el deterioro del nivel de los ingresos familiares de los sectores medios y bajos más pobres que se verificó desde 1994, la pobreza muestra un incremento que se extiende hasta el año 1996. Hacia mayo de este año, el 26.5% de los hogares era pobre.

La clasificación de los hogares en una escala de ingresos per cápita expresada en términos de valores de líneas de pobreza nos permite comprender la dinámica de este proceso, al mostrarnos cómo se posicionan los hogares en torno al límite de la pobreza. La proporción de hogares con ingresos comprendidos entre 0.75 y 1.25 líneas de pobreza, es decir aquellos cuyos ingresos se ubican en la proximidad de la línea por encima y por debajo, supera al 15% desde 1987. Este grupo adquiere gran significación, pues aumenta la importancia del efecto que puedan tener políticas moderadas de empleo e ingreso en la incidencia de la pobreza y, por otra parte, es el más vulnerable al deterioro de los ingresos captados por parte de las familias.

En el período posterior, entre 1990 y 1992, la proporción de los hogares indigentes - aquellos que, aún si utilizaran la totalidad de sus ingresos para la alimentación no lograrían acceder a una canasta básica de alimentos - llega a 12.3% en 1989, reduciéndose luego hacia 1992 valores cercanos al 2%. Por último, en 1993 la proporción de hogares indigentes inicia un aumento, que llega al 3.8% en mayo de 1996.

La etapa del ciclo vital en que se encuentran las familias tiene especial incidencia en la probabilidad que éstas tienen de quedar inmersas en el universo de la pobreza. La presencia de niños en la familia tiene el doble efecto de, por un lado, aumentar el número de personas que dependen del ingreso de los adultos, y por otro, disminuir este ingreso, al dificultar a la madre de los niños su participación en la actividad económica.

En los hogares con niños la probabilidad de ser pobres aumenta significativamente. En en 1994 en el Gran Buenos Aires la incidencia de la pobreza para el total de los hogares es de 18.4%, entre los hogares con niños menores de 15 años la misma se eleva al 32.9%. Como consecuencia de ello, el 43% de estos niños viven en hogares pobres. En conclusión, los efectos de la pobreza y la desocupación tienen especial impacto en las familias con niños.



Pobreza = Desnutricion


Desnutrición infantil en la Argentina

Ojos grandes, mirada perdida, bracitos largos y flacos. Debe ser la peor cara de la crisis. Pero es el rostro de alrededor del 20 por ciento de los chicos argentinos, ya que los especialistas estiman que uno de cada cinco niños en la Argentina padece de desnutrición.

No son, sin embargo, las cifras oficiales que maneja el Ministerio de Salud. La última encuesta nacional de nutrición es de 1996 y afirma que el problema afecta al 13% de los niños.

Un relevamiento del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (Cesni), una ONG consultora de la Organización Mundial de la Salud, apunta que en 2001 la desnutrición afectaba a entre el 11 y el 17 por ciento de la población infantil y que las regiones más castigadas eran el noroeste y el nordeste argentinos. Según dijo a La Nacion el director del Cesni, Alejandro O’Donnell, se proyecta que como consecuencia del último coletazo de la crisis la desnutrición infantil superó el 20 por ciento.

En ausencia de cifras actualizadas, el indicador oficial es la cantidad de niños con necesidades básicas insatisfechas. “En el norte del país y en el Gran Buenos Aires el 60% de los niños no tiene garantizada su alimentación, aunque no todos estén desnutridos”, dijo Hilda “Chiche” Duhalde, titular del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales.

En el Ministerio de Salud, el viernes último la secretaria de Salud, Graciela Rosso, convocó a una reunión con representantes del área en Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes y Santa Fe. El objetivo era conocer cómo había evolucionado la desnutrición en cada provincia durante los últimos meses. Una fuente del Ministerio de Salud que pidió no ser mencionada dijo que concluyeron que el problema se duplicó y que en promedio llega al 25% en las estadísticas hospitalarias provinciales.

Esta versión, similar a las estimaciones de Cesni, no fue confirmada oficialmente. “Del encuentro surgieron cifras muy parciales de la realidad de cada provincia. No se pueden hacer generalizaciones hasta no contar con una nueva encuesta nacional de nutrición”, dijo Elvira Calvo, jefa del departamento de Nutrición de la Dirección Materno Infantil de la cartera de Salud. “En Tucumán la situación se agravó muchísimo, pero en el Chaco no, porque aunque se duplicó la demanda en los hospitales los centros de salud distribuyeron leche, y esto disminuyó el impacto de la crisis”, dijo.

Los especialistas diferencian entre dos tipos de desnutrición. El marasmo es la desnutrición crónica. El niño expuesto a reiterados impactos nutricionales presenta una progresiva disminución en su talla. Según fuentes de Salud, la enfermedad afectaba al 13% de la población infantil en 1996, y no habría aumentado. Para el Cesni, afecta a más del 20 por ciento.

Kwashiorkor es el nombre de la desnutrición aguda: el niño consume su masa corporal debido al déficit en proteínas. Para Salud, en 1996 afectaba al 3% de los niños, y hoy se habría duplicado. Según el Cesni, es el 10 por ciento.


El mapa del país

“El mapa de la desnutrición es otro. Tucumán es sólo la punta de un iceberg. Hace dos años comenzó a notarse un aumento en los casos de desnutrición aguda, que siempre había tenido índices muy bajos”, aseguró Enrique Abeyá Gilardón, investigador de la Sociedad de Pediatría Argentina y profesor de Política Alimentaria en la Universidad de Belgrano. Y prosigue: “Kwashiorkor es una palabra africana que define al prototipo de desnutrición que aparecía en Gambia: chicos con brazos largos, muy flacos, ojos grandes y abdomen distendido porque los músculos perdieron su tono. Esto está apareciendo en Tucumán... y los niveles de pobreza que existen en el país hacen pensar que la situación se puede extender”.

Los estudios del Cesni hablan de que el 50% de los niños entre seis meses y dos años tiene anemia. Según informó Elvira Calvo, una medición hecha por el ministerio en 2000 señala que en el nordeste y el NOA la anemia alcanza el 66% de los niños y el 48% en el Gran Buenos Aires.

“La desnutrición es la parte visible de la crisis. La piel cambia de color y textura. Las defensas del organismo bajan de golpe. Los deseos de comer desaparecen y un estado de somnolencia se adueña del cuerpo. La situación es grave y el futuro es dramático. No sólo por el deterioro físico, sino también por los retrasos que produce en la inteligencia”, asegura O’Donnell.

El cálculo es desalentador: el bajo peso al nacer (menos de 2500 gramos) le puede quitar a un niño de 6 a 8 puntos de su coeficiente intelectual. Padecer anemia, otros 6; una alimentación deficiente en zinc resta otros 3 puntos.
“Seguramente tendrán problemas en el colegio. Eso va a ocurrir no porque nacieron con deficiencia, sino porque no pudieron desarrollar su capacidad intelectual”, asegura Silvia Báez, que coordina el programa de Asistencia Nutricional de la Red Solidaria en ocho comedores de la Capital y el Gran Buenos Aires.

El programa lleva pesados 1580 chicos de menos de cinco años, de los que 315 presentaron desnutrición. “El grado de recuperación que conseguimos es del 31%. Es bajo, antes era del 50%”, asegura Báez.

“Al aumentar los precios de la canasta desaparecieron de la mesa familiar alimentos fundamentales ”, dice María Luisa Ageiros, responsable de proyectos de Salud de Unicef. “Inseguridad alimentaria significa que la disponibilidad efectiva de alimento no está garantizada. Imagínese qué es capaz de hacer alguien cuando se encuentra en esa situación”, apunta Abeyá Gilardón.

pobreza




BASTA...



Fuente:
www.carbonell.com.ar/mapapobreza.htm


http://marcialcandioti.blogspot.com/2007/09/desnutricin-en-argentina-y-el-mundo.html
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