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26 cuentos para Reflexionar Jorge Bucay (parte 2)

Info5/21/2012
EL PORTERO DEL PROSTIBULO


No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero
del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?
De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra
actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque sus padres había sido
portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.
Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se
pasaba de padres a hijos.
Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con
inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.
Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas
instrucciones.
Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va
a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que
entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y
qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla
con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....
Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no sé leer ni
escribir.
¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra
persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda
a escribir, por lo tanto...
Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida,
también mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar.
Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le
vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que
tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte.
Y sin más, se dio vuelta y se fue.El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que
podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a sí casa, por primera vez
desocupado. ¿Qué hacer?
Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se
arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba
para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una
ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos
oxidados y una tenaza mellada.
Tenía que comprar una caja de herramientas completa.
Para eso usaría una parte del dinero recibido.
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería,
y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la
compra.
¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.
A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había
terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su
vecino.
Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como
me quedé sin empleo...
Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. Mire,
yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de
mula.
Hagamos un trato - dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los
dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le
parece?.
Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días...
Aceptó. Volvió a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
Sí...
Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de
viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos
podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.
El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un
destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era
cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la
indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De
paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo
que necesitaban sus clientes.
Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las
herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.
Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una
vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la
ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos
preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las
cabezas de los martillos.
Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego
fueron los clavos y los tornillos.....
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se
transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de
herramientas. El empresario más poderoso de la región.
Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió
donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectoescritura, las
artes y loas oficios más prácticos de la época.
El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la
escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el
alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su
firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.
El honor sería para mí - dijo el hombre -. Creo que nada me gustaría más que
firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
¿Usted? - dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo - ¿Usted no sabe leer
ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir?
Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y
escribir?
Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera
sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!.

LA MIRADA DEL AMOR


El rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el
rey había hecho su última esposa.
Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar
que la madre de Sabina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de
usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina
subió al carruaje y corrió junto a su madre.
A su regreso, el rey fue informado de la situación.
-¿No es maravillosa?-dijo-Esto es verdaderamente amor filial. No le importó su
vida para cuidar a su madre!! Es maravillosa! Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo
fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último
durazno que quedaba en la canasta.
-¡Parecen ricos!-dijo el rey.
-Lo son- dijo la princesa y alargando la mano le cedió a su amado el último
durazno.
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, Renunció a su propio placer, para
darme el último durazno de la canasta.¿no es fantástica?
Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión
desaparecieron del corazón del rey.
Sentado con su amigo más confidente, le decía:
-Nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi
carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.

LA CIUDAD DE LOS POZOS


Esta ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades
del planeta.
Esta ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes ...pero pozos al fin.
Los pozos se diferenciaban entre sì, no solo por el lugar en el que estaban
excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el
exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de
metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más
pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las
noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.
Un día llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún
pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie
debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo
superficial sino el contenido.
Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de
cosas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron
de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más optaron por el arte y
fueron llenándose de pinturas , pianos de cola y sofisticadas esculturas
posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos
ideológicos y de revistas especializadas.
Pasó el tiempo.
La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar
nada más.
Los pozos no eran todos iguales así que , si bien algunos se conformaron, hubo
otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su
interior...
Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió
aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos
gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más
espacio en su interior.
Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus
camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían
hinchándose de tal manera , pronto se confundirían los bordes y cada uno
perdería su identidad...
Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su
capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más
hondo en lugar de más ancho.
Pronto se dio cuenta que todo lo que tenia dentro de él le imposibilitaba la
tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo
contenido...
Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego , cuando vio que no había otra
posibilidad, lo hizo.
Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás
se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...
Un día , sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa:
adentro, muy adentro , y muy en el fondo encontró agua!!!.
Nunca antes otro pozo había encontrado agua...
El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo,
humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua
hacia fuera.
La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era
bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua,
empezó a despertar.
Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto , en tréboles, en flores, y en
troquitos endebles que se volvieron árboles después...
La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a
llamar "El Vergel".
Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro. -Ningún milagro-
contestaba el Vergel- hay que buscar en el interior, hacia lo profundo... Muchos
quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se
dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse.
Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas...
En la otra punta de la ciudad, otro pozo, decidió correr también el riesgo del
vacío...
Y también empezó a profundizar...
Y también llegó al agua...
Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...
-¿Qué harás cuando se termine el agua?- le preguntaban. -No sé lo que
pasará- contestaba- Pero, por ahora, cuánto más agua saco , más agua hay.
Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.
Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que
habían encontrado en el fondo de sì mismos era la misma...Que el mismo río
subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían
comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente , como todos los demás, sino
que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:
La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el
coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que
tienen para dar...


UN LUGAR EN EL BOSQUE


Esta historia nos cuenta de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov.
Baal Shem Tov era conocido dentro de su comunidad porque todos decían que
él era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios
escuchaba sus palabras cuando él hablaba.
Se había hecho una tradición en este pueblo:
Todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaba algo que no habían
podido conseguir iban a ver al rabino.
Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él
elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único, que él conocía, en medio
del bosque. Y una vez allí, cuenta la leyenda, que Baal Shem Tov armaba con
ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y
entonaba después una oración en voz muy baja... como si fuera para él mismo.
Y dicen...
que Dios le gustaban tanto esas palabras que Baal Shem Tov decía, se
fascinaba tanto con el fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión
de gente en ese lugar del bosque...
que no podía resistir el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de
todas las personas que ahí estaban.
Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie sabía las palabras
que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo...
Pero conocían el lugar en el bosque. Sabían cómo armar el fuego.
Una vez al año, siguiendo la tradición de Baal Shem Tov había instituido, todos
los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo
lugar en el bosque, prendían el fuego de la manera en que habían aprendido
del viejo rabino, y como no conocían las palabras cantaban
cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban de
cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego.
Y dicen...
que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el
bosque y de esa gente reunida... que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual concedía los deseos a
todos los que ahí estaban.
El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido
perdiendo...
Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.
No sabemos cuáles son las palabras.
Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego
a la manera que Baal Shem Tov lo hacía...
Sin embargo hay algo que sí sabemos:
Sabemos esta historia,
Sabemos este cuento...
Y dicen...
que Dios adora tanto este cuento...
que le gusta tanto esta historia...
que basta que alguien la cuente...
y que alguien la escuche...
para que Él, complacido,
satisfaga cualquier necesidad
y conceda cualquier deseo
a todos los que están compartiendo este momento...
Amén... (Así sea...)
EL MAESTRO SUFI
El Maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los
alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos
pero no nos explicas su significado...
- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal
de reparación te convide con un rico durazno.
- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo
- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.
- ¿ Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en
trozos para que te sea más cómodo?...
- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...
- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...
- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...
- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el
discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:
- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a
comer una fruta masticada


SIN NOMBRE
PUNTEEN


Un señor muy creyente sentía que estaba cerca de recibir una luz que le
iluminara el camino que debía seguir. Todas las noches, al acostarse, le pedía a
Dios que le enviara una señal sobre cómo tenía que vivir el resto de su vida.
Así anduvo por la vida, durante dos o tres semanas en un estado semimístico buscando recibir una señal divina.
Hasta que un día, paseando por un bosque, vió a un cervatillo caído,
tumbado, herido, que tenía una pierna medio rota. Se quedó mirándolo y de
repente vió aparecer a un puma. La situación lo dejó congelado; estaba a
punto de ver cómo el puma, aprovechándose de las circunstancias, se comía al
cervatillo de un sólo bocado.

Entonces se quedó mirando en silencio, temeroso también de que el
puma, no satisfecho con el cervatillo, lo atacara a él. Sorpresivamente, vio al
puma acercarse al cervatillo. Entonces ocurrió algo inesperado: en lugar de
comérselo, el puma comenzó a lamerle las heridas.
Después se fue y volvió con unas pocas ramas humedecidas y se las
acercó al cervatillo con la pata para que éste pudiera beber el agua; y después
se fue y trajo un poco de hierba húmeda y se la acercó para que el cervatillo
pudiera comer.
Increíble.
Al día siguiente, cuando el hombre volvió al lugar, vió que el cervatillo
aún estaba allí, y que el puma otra vez llegaba para alimentarlo, lamerle las
heridas y darle de beber.
El hombre se dijo:
Esta es la señal que yo estaba buscando, es muy clara. "Dios se ocupa de
proveerte de lo que necesites, lo único que no hay que hacer es ser ansioso y
desesperado corriendo detrás de las cosas".
Así que agarró su atadito, se puso en la puerta de su casa y se quedó ahí
esperando que alguien le trajera de comer y de beber.
Pasaron dos horas, tres, seis, un día, dos días, tres días... pero nadie le
daba nada.
Los que pasaban lo miraban y él ponía cara de pobrecito imitando al
cervatillo herido, pero no le daban nada.
Hasta que un día pasó un señor muy sabio que había en el pueblo y el pobre
hombre, que estaba muy angustiado, le dijo:
- Dios me engañó, me mandó una señal equivocada para hacerme creer
que las cosas eran de una manera y eran de otra. ¿Por qué me hizo ésto? Yo
soy un hombre creyente...
Y le contó lo que había visto en el bosque.
El sabio lo escuchó y luego dijo:
- Quiero que sepas algo. Yo también soy un hombre muy creyente.
Dios no manda señales en vano. Dios te mandó esa señal para que
aprendieras.
El hombre le preguntó:
- ¿Por qué me abandonó?
Entonces el sabio le respondió:
- ¿Qué haces tú, que eres un puma fuerte y listo para luchar,
comparándote con el cervatillo?
Tu lugar es buscar algún cervatillo a quien ayudar, encontrar a alguien
que no pueda valerse por sus propios medios.

ESTRELLITAS Y DUENDES


"En el país de los cuentos había una vez un pequeño duende. Un duende muy
travieso que siempre andaba riendo y saltando de un lado para otro... Vivía
en una casita toda rodeada de montañas. A su lado, un pequeño río que
discurría placidamente por la falda de la ladera describiendo un paisaje difícil
de imaginar.......... Lo que mas gustaba al duendecillo era ver como cada
mañana, con los primeros rayos de sol, todas las flores de su jardín iban
abriendo una por una sus hojas..... Uno de aquellos días, como muchos otros,
salio a pasear a la montaña. Y caminando entre las rocas encontró una flor: era
una flor preciosa, nunca había visto otra de igual belleza. Le había cautivado
tanto que paso toda la tarde mirándola. Era maravilloso verla cuando se
contorneaba cada vez que el viento acariciaba sus hojas............. Al siguiente
dia y al siguiente, y al otro, volvió para estar a su lado y mirarla. Un día como
tantos otros, nuestro duendecillo vio como de una de sus hojas caía una
pequeña lagrima. No entendía como la flor más maravillosa del mundo podía
estar triste. Se acercó; a ella y le pregunto: -"?Por que lloras?". -Y contesto la
flor: "me siento triste aquí entre las rocas, sin nadie que me mire salvo tu. Me
gustaría vivir en un jardín como el tuyo y ser una mas de entre las flores.
Además, te concederé el deseo que mas quieras si me llevas allí". Fue
entonces, cuando el pequeño duende la tomo entre sus manos y con todo el
cariño del mundo la planto en el lugar mas bonito de su jardín........... Una
vez cumplido el deseo, la flor le dijo al duendecillo: - "Y bien, ahora que me
has llenado de felicidad al traerme aquí, ?que es lo que mas deseas en este
mundo?". Y el duendecillo entonces, la miro fijamente y contesto : - "Quiero
ser flor como tu para sentirme por siempre a tu lado". Y
colorin colorado, en el país de los cuentos, el final ha llegado.

SIN QUERER SABER


Y si es cierto que has dejado de quererme...
yo te pido,
¡por favor,
no me lo digas!

Necesito por hoy
y todavía
navegar
inocente en tus mentiras...
Dormiré sonriendo
y muy tranquilo.
Me despertaré
bien temprano en la mañana.
Y volveré a hacerme a la mar,
te lo prometo...
Pero esta vez...
sin atisbo de protesta o resistencia
naufragaré por voluntad y sin reservas
en la profunda inmensidad de tu abandono...


SIN NOMBRE 2


En un oasis escondido entre los mas lejanos paisajes del desierto, se
encontraba el viejo ELIAHU de rodillas, a un costado de algunas palmeras
datileras.
Su vecino HAKIM, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus
camellos y vio a ELIAHU transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
-Que tal anciano? La paz sea contigo.
-Contigo- contesto ELIAHU sin dejar su tarea.
-Que haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
-Siembro- contesto el viejo.
-Que siembras aquí, ELIAHU?
-Datiles -respondio ELIAHU mientras señalaba a su alrededor el palmar.
-Datliles!!!- repitió el recién llegado, y cerro los ojos como quien escucha la
mayor estupidez.
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo.Ven, deja esa tarea y vamos a
la tienda a beber una copa de licor.
-No debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...
-Dime, amigo: Cuantos años tienes?
-No se... sesenta, setenta, ochenta, no se... lo he olvidado... pero eso que
importa?
-Mira amigo, los datileros tardan mas de 50 años en crecer y recién después de
ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy
deseándote el mal y lo sabes, ojala vivas hasta los 101 años, pero tu sabes que
difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y
ven conmigo.
-Mira Hakim, yo comí los dátales que otro sembró, otro que tampoco soñó con
probar esos dátales. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los
dátales que hoy planto... y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido,
vale la pena terminar mi tarea.
-Me has dado una gran lección, ELIAHU, déjame que te pague con una bolsa de
monedas esta enseñanza que hoy me diste - y diciendo esto, HAKIM le puso en
la mano al viejo una bolsa de cuero.
-Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves , a veces pasa esto: tu me
pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin
embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseche una bolsa de
monedas y la gratitud de un amigo.
-Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me
das hoy y es quizás mas importante que la primera. Déjame pues que pague
esta lección con otra bolsa de monedas.
-Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos
bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar
ya coseche no solo una, sino dos veces.
-Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo
de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte...
CODICIA
Cavando, para montar un cerco que separara mi terreno de el de mi vecino, me
encontré enterrado en mi jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mi no me intereso por la riqueza, me intereso por lo extraño del hallazgo,
nunca he sido ambicioso y no me importan demasiado los bienes materiales,
pero igual desenterré el cofre.
Saqué las monedas y las lustre. Estaban tan sucias las pobres...
Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente, las fui contando...
Constituían en si mismas una verdadera fortuna. Solo por pasar el tiempo,
empecé a imaginar todas las cosas que se podrían comprar con ellas.
Pensaba en lo loco que se pondría un codicioso que se topara con semejante
tesoro. Por suerte, por suerte...no era mi caso...
Hoy vino un señor a reclamar las monedas, era mi vecino. Pretendía sostener
en un miserable que las monedas las había enterrado su abuelo, y que por lo
tanto le pertenecían a el.
Me dio tanto fastidio que lo mate...
Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas, se las hubiera dado,
porque si hay algo que a mi no me importa son las cosas que se compran con
dinero, eso si, no soporto la gente codiciosa...

LA OLLA EMBARAZADA
recomienden


Un señor le pidió una tarde a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no
era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestarla. A los cuatro días,
la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla fue a
pedirle a su vecino que se la devolviera.
—Casualmente, iba para su casa a devolverla... ¡el parto fue tan difícil!
— ¿Qué parto?
— El de la olla.
— ¿Qué?!
— Ah, ¿usted no sabía? La olla estaba embarazada.
— ¿Embarazada?
— Sí, y esa misma noche tuvo familia, así que debió hacer reposo pero ya está
recuperada.
— ¿Reposo?
— Sí. Un segundo por favor –y entrando en su casa trajo la olla, un jarrito y
una sartén.
— Esto no es mío, sólo la olla.
— No, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es
suya.
“Este está realmente loco”, pensó, “pero mejor que le siga la corriente”.
— Bueno, gracias.
— De nada, adiós.
— Adiós, adiós.
Y el hombre marchó a su casa con el jarrito, la sartén y la olla. Esa tarde, el
vecino otra vez le tocó el timbre.
—Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y la pinza? ...Ahora se sentía más
obligado que antes.
—Sí, claro.
Fue hasta adentro y volvió con la pinza y el destornillador. Pasó casi una
semana y cuando ya planeaba ir a recuperar sus cosas, el vecino le tocó la
puerta.
— Ay, vecino ¿usted sabía?
— ¿Sabía qué cosa?
— Que su destornillador y la pinza son pareja.
— ¡No! –dijo el otro con ojos desorbitados— no sabía.
—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya la embarazó.
— ¿A la pinza?
— ¡A la pinza!... Le traje la cría –y abriendo una canastita entregó algunos
tornillos, tuercas y clavos que dijo había parido la pinza.
“Totalmente loco”, pensó. Pero los clavos y los tornillos siempre venían bien.
Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo.
— He notado –le dijo— el otro día, cuando le traje la pinza, que usted tiene
sobre su mesa una hermosa ánfora de oro. ¿No sería tan gentil de prestármela
por una noche? Al dueño del ánfora le tintinearon los ojitos.
— Cómo no –dijo, en generosa actitud, y entró a su casa volviendo con el
ánfora perdida.
—Gracias, vecino.
—Adiós.
—Adiós.
Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a golpearle
al vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana, su ansiedad no aguantó y
fue a reclamarle el ánfora a su vecino.
— ¿El ánfora? –dijo el vecino – Ah, ¿no se enteró?
— ¿De qué?
— Murió en el parto.
— ¿Cómo que murió en el parto?
— Sí, el ánfora estaba embarazada y durante el parto, murió.
— Dígame ¿usted se cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un
ánfora de oro?
— Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla. El casamiento
y la cría del destornillador y la pinza, ¿por qué no habría de aceptar el
embarazo y la muerte del ánfora?

Tú, puedes elegir lo que quieras, pero no puedes ser
independiente para lo que es más fácil y agradable, y no
serlo en lo que es más costoso. Tu criterio, tu libertad, tu
independencia y el aumento de tu responsabilidad vienen
juntos con tu proceso de crecimiento. Tú decides ser adulto o
permanecer pequeño.



BUENO AMIGOS ESO ES TODO ESPERO QUE LES GUSTE COMENTEN,RECOMIENDEN,SIGANME Y PUNTEEN (SI QUIEREN)

AQUI ESTA LA PARTE 1:
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