80 Anos De Serge Gainsbourg...En nombre del Provocador
Si no hubiera bebido vino hasta quitarse la vida, Serge Gainsbourg, uno de los grandes misterios que se llevó el siglo XX, habría cumplido 80 años hace poco más de dos semanas. Discípulo de Boris Vian, amigo y benefactor de los taxistas parisinos, amante de Brigitte Bardot, esposo de Jane Birkin y padre de Charlotte Gainsbourg; el francés fue un encarnizado enemigo de la aristocracia, la iglesia y el estado; también fue, por supuesto, pianista de bares gays, ícono popular, cantante de reggae, músico electrónico, sofisticado ‘crooner’ y precursor directo de los mejores discos de Beck, Air, David Holmes y un largo etcétera. Claro, no deja de ser curioso que tantos músicos contemporáneos confiesen ahora su deuda con Serge Gainsbourg, y que las canciones del maestro, imitadas hasta la náusea, sigan siendo tan desconocidas hoy como lo eran hace más de treinta años. Cosas de la vida, dicen, o quizás de la muerte. En todo caso, como la situación no parece ir a cambiar pronto, sigamos hablando de Serge. Le laid Serge.
La historia empieza en Rusia, en plena revolución bolchevique, revuelta social que obliga a los padres de Gainsbourg a huir hacia París, donde el futuro cantante nace con el nombre de Lucien el 2 de abril de 1928. Durante la ocupación nazi, la familia es obligada a llevar la estrella amarilla que señalaba su origen judío; por suerte, poco antes de ser enviados a un campo de concentración, logran huir hacia las afueras de la ciudad. Esta época serviría de inspiración para uno de los discos menos conocidos de Gainsbourg: “Rock Around the Bunker” (1975), que contiene canciones llenas de miedo, asco y humor negro como “Nazi Rock”, “Yellow Star”, “S.S. in Uruguay” y una irónica versión de “Smoke gets in your eyes”.
Pero regresemos a los alcohólicos años 50. Tal como debía ser, la trayectoria musical de Gainsbourg empieza con una desilusión: luego de fracasar como pintor se ve obligado a trabajar como pianista en clubes de strip tease para ganarse la vida. Es allí, en uno de esos antros, donde conoce al escritor Boris Vian, quien -encantado con su ácida y divertida conversación- le anima a escribir sus propias canciones. La influencia de Vian y de la ‘chanson’ se percibe en estos primeros intentos de Gainsbourg por convertirse en músico, aunque no pasaría mucho tiempo antes de que se dejara intoxicar por el jazz, el pop europeo y su propio sentido retorcido del pop.
Pero, en verdad, la fama de Gainsbourg empezó cuando algunas cantantes de pop adolescente, como Minouche Barelli, Françoise Hardy y France Gall, empezaron a interpretar sus temas. La propia Gall llegaría molestarse con Gainsbourg al descubrir el doble sentido que a estas alturas ya escondían muchas de sus composiciones; recordemos que uno de los mayores éxitos que la cantante tuvo bajo el lápiz de Gainsbourg, “Les Sucettes” (Los caramelos), hablaba sobre una niña que lamía un chupete, aunque si uno leía entre líneas… bueno, ya se pueden imaginar.
A comienzos del año 1967 Gainsbourg empieza a colaborar con Brigitte Bardot, componiendo para la actriz algunas de sus mejores canciones (muy influenciadas por los íconos de la cultura pop y por la pintura de Roy Lichtenstein) como, por ejemplo, “Bonnie and Clyde”, “Ford Mustang” y “Comic Strip”. El final de esta productiva relación musical (y amorosa) llegó con “Je T’Aime Moi Non Plus”, una lasciva canción inspirada en una frase de Dalí (“Picasso es comunista, yo tampoco”), que Bardot se negaría a editar por el orgasmo que fingía a lo largo del tema.
La que sí se atrevió a cantarlo y a llevar sus gemidos a todas las radios del mundo fue Jane Birkin, una hermosa, hermosísima, inglesa de 18 años, que se convirtió en la nueva musa, cantante y esposa de Gainsbourg, quien para entonces ya contaba con 41 largos años de ternura y malicia. Al lado de Birkin -con quien tendría una hija, Charlotte- el músico editaría sus mejores discos: “Jane Birkin / Serge Gainsbourg” (1969) y “Historie de Melody Nelson” (1971).
El primero es una colección de canciones que ya se pueden considerar ‘standards’ en cualquier rockola hipster: “L Anamour” (una apología al amor por la puerta trasera), “Orang Outan” (una inocente carta de amor de Birkin para un simio) y “18-39” (apología del ‘lolitismo’ instrumentalizada con las risas de Birkin y los eructos y ventosidades de Gainsbourg). El disco también incluía la versión definitiva de “Je T’Aime Moi Non Plus”, que provocó la ira del santo padre, extraño personaje que, desde su palacio romano, ordenó la quema de la canción. El segundo álbum es una obra conceptual sobre la seducción que un hombre (interpretado por Gainsbourg) perpetra sobre una adolescente (interpretada por Birkin). Ciertamente, el arte imita a la vida.
Durante los años 70, Gainsbourg editó varios discos de irregular factura (un álbum de reggae erótico, en el que hizo cantar a Rita Marley, lo que desató la ira del pacífico esposo de ésta, el profeta Bob), y cerró la década divorciándose de la siempre bellísima, Birkin. En los años 80, sumergido hasta las cejas en alcohol, protagonizó sonados incidentes en la televisión (en un programa en vivo le dijo a Whitney Houston que quería irse a la cama con ella) y finalmente, en marzo del año 91, los cigarrillos, el vino y otras pomadas acabaron llevándolo a la tumba. En el entierro, el presidente Mitterand dijo “fue nuestro Apollinaire, fue nuestro Baudelaire”. Quizás el ex presidente no se equivoque, aunque yo prefiero imaginar a Gainsbourg maldiciendo, como siempre, dentro de su ataúd: “No entendieron nada”, dice el muerto, con un cigarrillo entre sus dientes podridos. “Yo nunca fui de nadie”.
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Porque le decian el provocador...escuchen solo dos de sus canciones...Saludos.
Je T’Aime Moi Non Plus
Manon
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