Juan Ignacio y su amigo de toda la vida, Luis Incisa, estaban viviendo en San Diego, adonde llegaron con 23 años y muchas ganas de llevarse el mundo por delante. Iban a aprender inglés y a realizar una especialización en negocios internacionales, pero los planes cambiaron radicalmente después de unas cervezas que compartieron con un grupo de mexicanos en aquel bar. "Nos dijeron que se estaba filmando la película del Titanic ahí, y que iban a probarse en un casting para ser extras. Un tal Jesús nos insistió en que nos sumemos"
Entusiasmados con la idea de conocer un set de filmación y, sobre todo, después de escuchar que el barco montado por Cameron era "impresionante", se acercaron hasta encontrar a unos guardias. "Somos actores", dijo Luis, en broma . "¿A quién vienen a ver?", les preguntaron. "A Jesús". "¿Jesús Guerero?", inquirieron los de seguridad. "Sí", respondieron los argentinos, "por las dudas". "Increíblemente, el que estaba a cargo del casting para los extras se llamaba Jesús, igual que nuestro amigo". Veinticuatro horas después, Luis y Juan Ignacio estaban vestidos de marineros grabando una de las tantas tomas que un día se convirtieron en Titanic .
Firmaron un contrato de 160 dólares por día de filmación. "A veces estábamos hasta la madrugada, otras, un ratito. Nos pagaban horas extra, el hotel y toda la comida", comenta Juan Ignacio.
Dicen que cuando vieron la película no le prestaron tanta atención a la trama, porque intentaban recordar el backstage de cada escena e identificar a sus amigos: "En la parte más dramática, cuando se está hundiendo el barco, nosotros nos divertimos mucho. Nos maquillaron pálidos para parecer congelados y no teníamos problemas con sumergirnos en el agua". Ahora, tendrán la ocasión de verse de nuevo en la pantalla grande: Titanic reestrenó la semana pasada , en 3D. "Tal vez ahora la veamos a conciencia", prometen.
Espero que les haya gustado
Saludos.
Entusiasmados con la idea de conocer un set de filmación y, sobre todo, después de escuchar que el barco montado por Cameron era "impresionante", se acercaron hasta encontrar a unos guardias. "Somos actores", dijo Luis, en broma . "¿A quién vienen a ver?", les preguntaron. "A Jesús". "¿Jesús Guerero?", inquirieron los de seguridad. "Sí", respondieron los argentinos, "por las dudas". "Increíblemente, el que estaba a cargo del casting para los extras se llamaba Jesús, igual que nuestro amigo". Veinticuatro horas después, Luis y Juan Ignacio estaban vestidos de marineros grabando una de las tantas tomas que un día se convirtieron en Titanic .
Firmaron un contrato de 160 dólares por día de filmación. "A veces estábamos hasta la madrugada, otras, un ratito. Nos pagaban horas extra, el hotel y toda la comida", comenta Juan Ignacio.
Dicen que cuando vieron la película no le prestaron tanta atención a la trama, porque intentaban recordar el backstage de cada escena e identificar a sus amigos: "En la parte más dramática, cuando se está hundiendo el barco, nosotros nos divertimos mucho. Nos maquillaron pálidos para parecer congelados y no teníamos problemas con sumergirnos en el agua". Ahora, tendrán la ocasión de verse de nuevo en la pantalla grande: Titanic reestrenó la semana pasada , en 3D. "Tal vez ahora la veamos a conciencia", prometen.
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