-Estoy harto de ti.
-¿Qué?
-Que no te aguanto.
Ella lo miraba entre confusa y sorprendida desde encima de la cama. Él estaba sentado en el suelo.
Acababan de follar como nunca.
El silencio siempre se hacía pesado después del sexo.
Una sombra de ira encendió el rostro de Marta.
Ella tenía los ojos rasgados, entre verde y marrones, grandes... Brillantes...
Destellaban como estrellas...
Fue lo primero que dijo nada más conocerla. Diez minutos después ella volvía para comerle la boca.
Caliente...
-¿Qué quieres decir con que estás harto de mí?
-Mírate, eres una jodida almohada.
-¿Yo? ¿Una almohada?
-En realidad no, una almohada follaría mejor que tú, estoy seguro.
-¿Lo has probado o qué?
-Quién sabe...
-¿Y tú qué? ¿Te crees que follas bien?
-No me jodas, claro que follo bien.
Se bajó la cremallera del pantalón y comenzó a acariciarse la polla.
-Ven y te lo demuestro.
-Ven tú.
Entonces se levantó, se acercó de dos pasos a la cama, la agarró por el pelo, no demasiado fuerte, sí, en realidad sí... Ella gimió, le acercó la polla a los labios. Hizo fuerza con el capullo frente a su boca cerrada.
-Chúpame el nabo.
Negó con la cabeza. Tenía la cara enfurruñada.
Respiraciones alteradas...
-Estás cachonda. Sé que quieres hacerlo. Venga. Chúpame el nabo.
Abrió la boca. La polla le llego hasta la garganta. Una arcada.
-Aaaah, nena.
Soltó su pelo castaño para atraparla por la nuca.
Dentro...
Fuera...
Dentro... Saliva.
Fuera... Sus labios haciendo ventosa.
Dentro... Su boca caliente quemaba.
Fuera... Su lengua carnosa, juguetona...
Dentro...
-Aaaah, nena.
Semen blanco y denso. Lo escupió en el suelo.
-Qué asco.
-¿Qué crees que estás haciendo?
-No me voy a tragar esa mierda.
Se agachó y la besó, muy hondo. La boca le sabía a su propia polla.
Le quitó la camisa con fuerza, era lo único que llevaba, algunos botones volaron. Quería verle las tetas. Acariciar su piel pálida. Chupar sus pezones rosados...
Le metió los dedos en el coño.
Chapoteó con las yemas hasta que empezó a jadear.
Más, más, más, más.
Con los dientes apoyados sobre su cuello dijo:
-Cómo me gusta tu cara cuando te corres.
Sentía el latido de su cuerpo...
Pasó un rato.
-Pues tú pones cara de gilipollas.
-Matarías por ella...
-No estés tan seguro.
Entonces saltó del colchón y comenzó a vestirse. Él era quien miraba esta vez desde la cama.
-¿Voy a volver a verte? -Preguntó él.
-Sabes que no... -Respondió ella.
Rió...
-Tu novio no te folla así.
-Mi novio no me folla.
-Pues menudo subnormal... No sabe lo que se pierde...
-¿No decías que follo mal?
-Pero seguro que su semen te lo tragabas.
Miradas de desprecio...
-Adiós.
Quiso decirle que no se fuera. Quiso abrazarla, pedirle perdón mil veces al oído y besarla. Quiso llorar a su lado durante toda la tarde.
Quiso amarla.
Pero no hizo, no dijo nada...
Ninguno de los dos dijo nada...
Ella se fue envuelta en silencio y solo este silencio se quedó junto a él en la habitación.
A solas...
Empezó a pensar en otra chica...
Era una tarde de septiembre, finales de verano. Se sentía solo. Arropado por el atardecer, se quedaba dormido frente a la ventana,...
-Menuda hija de puta... -Pensó en voz alta.