Para mi, sí, definitivamente. Me atrevo a más incluso: mi poesía preferida, en general. También me encantan A la izquierda del roble, del gran Benedetti, Dadora de las playas de una tal Cortázar, y algún que otro verso de Un amor , firmada por un muchacho que se llamaba Pablo Neruda. Pero pocos poemas o canciones me llegan tan profundamente como ésta que traigo hoy, para compartir con ustedes.
Los vaivenes del enamorado, en busca del amor mismo, que usa diversas máscaras (mujeres) para esconderse, pero que siempre es el mismo, el que nos corresponde por destino y elección. Un poesía terrible, hermosa: ¿la mejor?
(Nótese la facha de su autor)
El amenazado
Es el amor . Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el
áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena
amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de
mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por
las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor : la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.