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Escultor Ron Mueck

Arte2/17/2012


Ron Mueck es un escultor australiano, que tuvo su origen profesional en el mundo de los efectos especiales para el cine. No es un escultor cualquiera, ya que sus “obras de arte” son hiper-realistas, reproducen fielmente cada detalle del cuerpo humano, llega a tal extremo de poner en sus figuras poros, lunares, puntitos negros, vellos en los brazos y piernas, cabello y todo lo que el cuerpo pueda tener.

Los detalles son tan reales, que si las esculturas tuvieran la estatura de una persona (normalmente son más grandes o más pequeños), cualquiera podría equivocarse.

Esculturas





























Entrevista a Ron Mueck

Durante la entrevista, Mueck nos habla de su desafío al utilizar en esta época las técnicas tradiciones de diseño y construcción, en contraposición al diseño por ordenador. Lo cual resulta curioso, porque ha sido precisamente internet –la tecnología- quien primero se ha ocupado de mostrar la obra del escultor.

Veamos cómo modela sus esculturas Ron Mueck.

Sarah Tanguy: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de jugar con las escalas en tus figuras?

Ron Mueck: Nunca hice figuras de tamaño natural porque nunca me ha parecido interesante. Todos los días vemos gente a tamaño natural.

ST: ¿Alteras la escala para provocar un impacto emocional y psicológico?

RM: Más bien, hago las cosas para que no parezcan tan normales.

ST: Con Big Man, ¿sabías de antemano que ibas a trabajar en una escala gigantesca?






RM: Él no comenzó siendo grande, sino surgió de otra pieza que yo había esculpido, una pequeña figura de un hombre envuelto en mantas, para la que no utilicé ninguna referencia, ni tampoco ningún modelo, sino que salió totalmente de mi imaginación.

En esa época yo trabajaba como artista residente en la National Gallery y ellos tenían una clase de dibujo. Yo trabajé allí y di mis primeras clases, y lo disfruté mucho.
Cuando volví a mi estudio y vi la pequeña figura del hombre envuelto en mantas, pensé, “¿Cómo sería si hiciera lo mismo, pero trabajando con la vida, dándole un aspecto más real?”.
Yo nunca trabajo con modelos vivos. Yo utilizo fotografías o referencias que veo en los libros, tomo mis propias fotografías o miro en mi interior.






Sin embargo, yo intenté encontrar un modelo real, parecido a aquel pequeño individuo envuelto en mantas. Localicé a uno que era físicamente similar, y trabajé en mi estudio con él durante tres horas, hasta que me di cuenta que él no me iba a ayudar a salir adelante con mi proyecto.

Sus miembros no eran lo bastante flexibles. Su vientre tenía su propia forma. Aquel hombre no podía adoptar la postura de mi pequeña escultura. Por otro lado, yo tampoco me sentía bien teniendo un modelo en mi estudio. Me di cuenta de que me intimidaba tener allí a alguien con el que tenía que relacionarme.

Tenía allí a un hombre desnudo y completamente afeitado. Él no tenía ni medio pelo en el cuerpo. Todo eso me impedía estar a gusto. Pensé, “bien, ¿qué hago yo aquí con un hombre desnudo?”.

Así que le pedí que se sentara en una esquina mientras yo pensaba todo esto. Él entonces me sugirió algunas poses y tomó alguna de esas posturas ridículas que suelen realizar los modelos. Eran falsas y artificiales, y me di cuenta de que todo aquello no me servía para nada.





Yo trataba de reunir todo mi valor para decirle que se marchara. Lo miré, allí sentado en la esquina, tratando de decidirme. Él no estaba tan enfadado como lo parece estar Big Man, pero tenía esa misma posición. Y pensé en ese momento, “¡Qué buena idea!”, y así nació la pose de Big Man.

Primero hice un boceto en arcilla de él en esa posición, aproximadamente de un pie de alto. En ese momento pensaba que ese podría ser el tamaño final de la escultura.

Tomé algunas fotografías de lo que hacía, como hago a menudo, porque considero que si fotografío mi trabajo, puedo verlo de una manera diferente. Es como cuando te miras en un espejo, y te das cuenta de todas las imperfecciones y asimetrías, que no puedes ver de otra manera, porque las has mirado durante demasiado tiempo.

Luego, mientras miraba esas fotografías, y en una de ellas, dibujé una pequeña figura que parecía mirar el boceto de arcilla. Así, que a ojo de buen cubero, me di cuenta que la relación a escala entre el boceto de arcilla y la figura dibujada podía ser como de ocho pies. Con el dibujito al lado, a él se le veía muy grande. Y pensé, “bien, puedo intentar hacerlo a ese tamaño”.

Una vez decidida la escala, tomé mas fotografías. Tomé una de perfil, de la que saqué, dibujándolas, las líneas del contorno y todo eso lo llevé a papel. Después dibujé todo en papel marrón a tamaño de siete u ocho pies. Y una vez lo terminé, decidí que lo haría así.

A partir de ese enorme boceto monté la armadura con alambre y lo cubrí todo con yeso.

ST: ¿Es el yeso el que le da esa tonalidad amarillenta?

RM: Yo utilizo un yeso dental más duro que ‘el yeso de París’, que tiene esa pigmentación amarilla, aunque luego lo pinto todo.


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