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Malvinas: historia de un saqueo

Info4/2/2012
Empresas británicas comenzaron a operar para llevarse el petróleo de las islas. Planean sacar más de 2 billones de dólares en crudo. El Congreso fue advertido hace tiempo, pero nadie tomó cartas en el asunto. Lo inaudito: el Gobierno es accionista de una de las petroleras que desembarcarán en el archipiélago.

Malvinas: historia de un saqueo


El interés británico por el petróleo existente en torno a las islas Malvinas no es nuevo. Si los trabajos de explotación recién han comenzado, no es por otra razón que por los costos y la lejanía de las islas respecto de Europa. Pero aún desde antes de la guerra de 1982, informaciones de uno y otro lado del Atlántico daban cuenta de la existencia de valiosas reservas de “oro negro” en las adyacencias del archipiélago.

Precisamente por eso, los más entendidos en el tema Malvinas siempre aludieron a él considerándolo como un “despojo” o un “saqueo”. Y es que de eso se trata: de un saqueo histórico, que comenzó como una simple acción militar de ultramar (una más de las tantas acciones piratas de aquella época), pero que muy pronto contó con el total respaldo y beneplácito del gobierno de Su Majestad.

Ya comenzado el siglo XX y hasta mucho después de terminada la Segunda Guerra Mundial, eran varios los que consideraban que la insistencia de los británicos en mantener la ocupación de las Malvinas estaba directamente relacionada con su interés de tener una base de reaprovisionamiento en el Atlántico Sur.

Cualquiera que por entonces visitara las por ellos llamadas “Falkland Islands” podría desmentir aquella teoría: en “Port Stanley” (por entonces y hasta la invasión del 2 de abril de 1982 ningún lugar de las islas tenía nombres castizos) no había naves ni efectivos de refuerzo; apenas si había un puñado de efectivos de infantería de la Royal Navy armados de simples fusiles y pistolas; las comunicaciones eran más que modestas y no existían pertrechos bélicos ni grandes almacenes de aprovisionamiento.

Por cierto, cuando los militares argentinos tomaron las islas en el ’82, solo tuvieron que disparar unas cuántas ráfagas para rendir a los pocos soldados británicos presentes. Recién después de terminada la guerra los británicos convirtieron las islas en una pequeña fortaleza, pero con el principal interés de desalentar cualquier otro intento de ataque militar. De tal modo, la realidad demuestra que al Reino Unido nunca le interesaron las islas como enclave militar. Así las cosas, por lo único que pueden importarle las Malvinas es por el petróleo que las rodea. Y, efectivamente, es por eso que le importan.


Rentable, con historia y con ayuda

“Las islas Malvinas están rodeadas por cuatro cuencas sedimentarias con potencialidad petrolera: al sur y en sentido este-oeste, las denominadas Plateau Malvinas, Cuenca Malvinas y Cuenca Malvinas Sur; al norte, la Cuenca Malvinas Norte. En esta última es donde se ha registrado la mayor actividad exploratoria de manos de una de las empresas que posee el mayor territorio en Malvinas Norte: Rockhopper Exploration Plc.”, reza un pasaje de uno de los extensos trabajos del investigador argentino Hugo Rodríguez, director de Grupo de Estudios Estratégicos Argentinos (GEEA).

Según la empresa Desire Petroleum -la misma que acaba de iniciar la explotación del petróleo malvinense-, “se ha detectado la existencia y la potencial extracción no riesgosa de 3.500 millones de barriles de petróleo y más de nueve trillones de pies cúbicos de gas”. Pero además, el total potencial de las reservas petrolíferas de la zona rondaría los 60.000 millones de barriles. Más de 2 billones de dólares teniendo en cuenta que el precio del barril de petróleo por estos días es de 80 dólares. Está claro que se trata de un negocio fabuloso.

Hugo Rodríguez no cesa de enviar cartas, información y comunicados a los legisladores nacionales a efectos de que nuestro Congreso despierte y tome cartas en el asunto. El investigador dice que, hasta ahora, no ha tenido éxito en su encomiable tarea.

En un trabajo difundido el año pasado, el investigador alertaba: “En el año 2010, precisamente febrero de 2010, se comenzará a extraer el ‘oro negro’ de Malvinas. Las destinadas para realizar dicha acción son las siguientes empresas extranjeras: Desire Petroleum; Argos Resources; Rockhopper Exploration Ltd; Borders and Southern Petroleum y Falkland Oil and Gas Ltd. Todas éstas trabajando ilícitamente en este territorio que se encuentra en disputa de la soberanía entre Argentina y el Reino Unido”. Nadie hizo caso a su advertencia.

En lo que el director del GEEA denomina “saqueo petrolero” de Malvinas, se da cuenta de que las primeras licitaciones a compañías petroleras fueron entregadas por el Reino Unido en 1995, aunque las intenciones británicas se conocen en la Argentina desde 1972.

No obstante, en 1965, el entonces embajador argentino ante las Naciones Unidas, Lucio García del Solar, logró la aprobación de la Resolución 2065, por la cual la comunidad internacional exigió a Gran Bretaña que se sentara a negociar con la Argentina sobre su reclamo por las Malvinas.

Aún luego de la caída del gobierno radical al que respondía el embajador García del Solar (Arturo Humberto Illia, derrocado por el golpe militar de 1966), la situación en torno a Malvinas se mantenía inalterable: Gran Bretaña estaba obligada a negociar, pero en los hechos no aceptaba. Y la Argentina reiteraba cada vez su exigencia.
Hasta 1972, y aún hasta años después, la soberanía británica no abarcaba a las islas Georgias ni Sándwich del Sur; incluso había bases argentinas allí. Más aún: aviones comerciales argentinos volaban regularmente a Malvinas; existía una escuela bilingüe; la Argentina había instalado un hospital exclusivo para los malvinenses y era común que los isleños –que para los argentinos no eran ningunos “kelpers”- vinieran al continente a continuar sus estudios o a realizar compras. Pero todo se derrumbó con la invasión argentina en 1982.

Hoy, los británicos usurpan las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur con sus 200 millas respectivas. Pronto se extenderán a otras 150 millas más y mantendrán una gran actividad en la Antártida Argentina, donde nuestro país ya depende de otros países para ejercer soberanía antártica (por mar y aire). Ahora, gracias al Tratado de Lisboa, toda Europa respalda la postura británica, y además, instalarán la primera base militar fuera de Europa, precisamente en Malvinas. Para garantizar la soberanía británica del Atlántico Sur. Está claro que el saqueo tiene historia.


Nuestra desidia

Hasta mediados de 2009 la Argentina no había planteado en la Corte Internacional de Justicia el hecho de que Gran Bretaña entregó las primeras licitaciones para la explotación del petróleo de Malvinas en 1995. El gobierno argentino ni siquiera reaccionó en términos legales cuando la administración de Londres decidió incrementar drásticamente el arsenal militar de su base en las islas. Por cierto, la Argentina se limitó a declarar su “rechazo” a la decisión británica, aunque tal “rechazo” no fue expresado ante la ONU ni ante organismo internacional alguno, lo que lo convierte en un mero rezongo interno.

Algo más grave ha ocurrido a nivel oficial de parte de la Argentina: aunque Gran Bretaña violó reiteradamente los tratados de Madrid y de Londres, nuestro país no fue capaz de denunciarlos, como le hubiera correspondido, por lógica y por ley.

Inclusive, y a pesar del reclamo en tal sentido de los países de la región, hasta hace unas semanas el gobierno nacional no había incluido el tema Malvinas en la agenda del Consejo de Defensa de la UNASUR.

Y aunque desde siempre tanto el Poder Ejecutivo como el Congreso Nacional han desconocido las pretensiones británicas, rechazándolas sistemáticamente ante los organismos y foros internacionales (también han rechazado la Constitución Europea que incluye a las Malvinas como propiedad británica), hasta el momento el país como tal no ha adoptado ninguna medida concreta derivada de ese rechazo.

Peor todavía: aunque se supone que ENARSA es la empresa estatal que debe aprobar, rechazar o impedir la concreción de licitaciones para la explotación hidrocarburífera en todo el territorio nacional y su plataforma continental, no ha denunciado a ninguna de las empresas extranjeras que ya están explotando el mar argentino.

El martes 1° de diciembre de 2009 entró en vigencia el Tratado de Lisboa, cuyo texto, en uno de sus anexos, considera a las Islas Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur, y Antártida Argentina como británicas. Unos 4 millones de kilómetros cuadrados que Gran Bretaña pretende para sí, territorio equivalente a media Argentina continental. La firma de ese tratado se había realizado dos años antes en la capital portuguesa y quedó vigente luego de que todos los Estados miembros lo ratificaran unilateralmente.

Sucesor de la antigua constitución europea, tiene como principal novedad la creación del puesto de presidente del Consejo Europeo, cargo para el que se nombró al belga Herman Van Rompuy. Además aumenta las funciones de la nueva Alta Representante de Exteriores, la británica Catherine Ashton, que sustituye a Javier Solana y está al frente de un nuevo y reforzado cuerpo diplomático comunitario.

Por esos días, la presidenta Cristina Fernández estaba en Europa, pero en ninguno de sus discursos se refirió al Tratado de Lisboa. Obviamente, la mandataria tampoco hizo alusión a lo que ya era inminente: la explotación de petróleo argentino por parte de empresas inglesas en las cercanías de Malvinas.

La que sí se manifestó, aunque bastante tarde, fue nuestra Cancillería: “Con motivo de la entrada en vigor el 1º de diciembre de 2009 del Tratado de Lisboa, que modifica el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea y el Tratado de la Unión Europea, el Gobierno argentino instruyó a la Embajada argentina ante la Unión Europea y a las Embajadas acreditadas ante los 27 Estados Miembros de la UE para que presenten notas de protesta ante las respectivas autoridades rechazando tal pretensión, haciendo expresa reserva de los derechos argentinos de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y ratificando que dichos territorios y los espacios marítimos circundantes son parte integrante del territorio de la República Argentina y están ilegítimamente ocupadas por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”.

No obstante, la Cancillería dejó que pasaran dos largos años sin hacer absolutamente nada: ni protesta, ni manifestación de desagrado, ni rechazo ni reclamo. No se necesita mucho más para advertir que el saqueo de nuestro petróleo a manos inglesas, no sólo tiene su historia y es muy rentable, sino que además ha contado con la inestimable, aunque tal vez involuntaria, ayuda del gobierno argentino.


NOTA: Este artículo fue escrito el día 12 de marzo de 2010. Recien este año fue dado a conocer los planes britanicos, por los medios de difusion argentinos, desde un informe de la Cancillería.

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