La propiedad industrial en Argentina
Los orígenes de las marcas y patentes en la Argentina se remontan a 1864, año en que fue promulgada la Ley de Patentes. En 1866, en pleno crecimiento del modelo agroexportador, se concede la primera patente de invención argentina a Antonio Carcenac y Santiago Barrere por un invento para la conservación de cueros, lanas sucias y sebos. Diez años después se sanciona la Ley de Marcas, cuando tan sólo siete países poseían legislación marcaria. Al año siguiente, la Argentina registra la primera marca nacional, la “Hesperidina”, un licor con propiedades curativas estomacales inventado y fabricado por Melvine Sewell Bagley, un inmigrante de origen norteamericano.
La “Hesperidina” fue la primera marca registrada en el país en 1876
Esta arquitectura jurídica apuntaló el trabajo de inventores, creadores, diseñadores y soñadores en general, que fomentaron la industria y el comercio nacional, entre ellos, Juan Vucetich, (por el sistema dactiloscópico para la identificación de personas, más conocido como “huella digital”), Ladislao Biro (por la birome), y hasta Roberto Arlt, por imaginar a las medias con puntera y talón reforzado con caucho.
También integran la larga lista de inventos argentinos el primer helicóptero eficiente y seguro de la historia, el método para evitar la coagulación de la sangre que hizo posible la primera transfusión, el semáforo para ciegos, y hasta el deporte de “pelota al cesto” y el primer largometraje con dibujos animados. Más tarde, algunas marcas registradas en el país impactaron de tal forma que llegaron a identificarse con el producto, como en el caso de “Gillette” (con la hoja de afeitar), “Curitas” (con los apósitos protectores adhesivos), “Vaquero” (con el jean) y “Gomina” (con el fijador).
http://www.construsur.com.ar/index.php?name=News&file=article&sid=195
Los orígenes de las marcas y patentes en la Argentina se remontan a 1864, año en que fue promulgada la Ley de Patentes. En 1866, en pleno crecimiento del modelo agroexportador, se concede la primera patente de invención argentina a Antonio Carcenac y Santiago Barrere por un invento para la conservación de cueros, lanas sucias y sebos. Diez años después se sanciona la Ley de Marcas, cuando tan sólo siete países poseían legislación marcaria. Al año siguiente, la Argentina registra la primera marca nacional, la “Hesperidina”, un licor con propiedades curativas estomacales inventado y fabricado por Melvine Sewell Bagley, un inmigrante de origen norteamericano.
La “Hesperidina” fue la primera marca registrada en el país en 1876
Esta arquitectura jurídica apuntaló el trabajo de inventores, creadores, diseñadores y soñadores en general, que fomentaron la industria y el comercio nacional, entre ellos, Juan Vucetich, (por el sistema dactiloscópico para la identificación de personas, más conocido como “huella digital”), Ladislao Biro (por la birome), y hasta Roberto Arlt, por imaginar a las medias con puntera y talón reforzado con caucho.
También integran la larga lista de inventos argentinos el primer helicóptero eficiente y seguro de la historia, el método para evitar la coagulación de la sangre que hizo posible la primera transfusión, el semáforo para ciegos, y hasta el deporte de “pelota al cesto” y el primer largometraje con dibujos animados. Más tarde, algunas marcas registradas en el país impactaron de tal forma que llegaron a identificarse con el producto, como en el caso de “Gillette” (con la hoja de afeitar), “Curitas” (con los apósitos protectores adhesivos), “Vaquero” (con el jean) y “Gomina” (con el fijador).
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