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Era un frío día de enero de 1969 y los Beatles estaban sentados en un enorme escenario de los Twickenham Film Studios de Londres, en compañía de las últimas personas del mundo con quienes habrían querido estar: ellos mismos. Ya habían pasado varios días intentando componer y ensayar material nuevo para un show en vivo que tenían programado -el primero desde agosto de 1966-, pero las cosas no estaban funcionando bien. El único que sentía algún apuro era Paul McCartney: "No entiendo por qué se metieron en esto si no les interesaba", les dijo a los otros tres Beatles. "¿Qué están haciendo acá? Yo vine porque quería hacer un show, pero no veo que tenga demasiado apoyo".
Paul miro a sus compañeros de banda, amigos de tantos años -John Lennon, George Harrison y Ringo Starr-, que lo miraron y no dijieron nada. "Tenemos sólo dos opciones: o lo hacemos o no lo hacemos; y quiero que ustedes decidan. Porque no me interesa pasarme todo el puto día acá cagándome de embole, mientras ustedes se dignan a decicidir si quieren hacerlo o no." Paul esperó un rato, pero no obtuvo respuesta. Una vez más, los otros Beatles se limitaron a mirarlo en silencio. Ese no fue ni por asomo el peor momento que atravesarían en aquellos días. El estertor final de los Beatles constituye a una de las más misteriosas y complicadas historias de separaciones del siglo XX, y ciertamente la más desoladora. Los Beatles no solamente habían hecho música: habían modelado una época, tanto como cualquier fuerza política, y de manera más positiva que la mayoría de ellas. ¿Por qué, entonces, se separaron? Muchos les echaron la culpa por el fin de la banda a las maquinaciones de Yoko Ono -la mítica media naranja de John Lennon- y a la perfidia de Allen Klein, el nuevo manger de la banda, que era el niño miamdo de Jonh Lennon, pero a quien McCartney no soportaba. Pero las cosas no fueron tan sencillas. "No creo que nadie hubiera podido separar a cuatro personas tan fuertes como ellos, por más que lo intentara", declaró luego Ono. "Debe haber pasado algo dentro de ellos; no una fuerza exterior, en absoluto." De echo, las verdaderas causas estaban ahí nomás, al alcance de la mano. Hacía mucho que estaban ahí, desparramadas a lo largo de una historia con tantas desventuras como éxitos.
Estas sesiones, de las que saldrían luego el disco y la película Let It Be, empezaron de manera inesperada, pero para cuando McCartney hizo su alegato las cosas ya se habían puesto muy densas. Durante todo el último año, la cohesión de la banda había empezado a resquebrajarse. En particular, la dilatada amistad de Lennon y McCartney estaba transformándose velozmente. Lennon, fundador de la banda, en cierto sentido había aceptado el liderazgo de la banda; lo que es más importante: comenzaba a sentirse limitado por los Beatles. Mientras que Paul amaba al grupo profundamente, al punto que vivía para él. Estos dos hombres habían sido el motor de la banda, y la sociedad que forjaron fue la más fructífera que haya conocido la historia de la música popular; pero finalmente lo que se sentó las bases para la aventura que fueron los Beatles fueron el temperamento y las necesidades de John Lennon: había armado la banda para aliviar la sensación de angustia y soledad generada cuando su madre lo entregó en custodia a la tía de Lennon y su padre desapareció por completo de su vida.
Fin del post.