Kibutz, una solución al problema de la tierra en Argentina
La multiplicación de tomas de predios tanto en la Capital Federal, como en distritos del Gran Buenos Aires, reinstala el debate sobre la deuda social en la Argentina

Como lo plantean quienes participan de las ocupaciones de predios, el contar con una vivienda digna y un pedazo de tierra donde levantarla, forman parte de un derecho elemental básico e indiscutible. Eso no deja de poner en evidencia que la forma de realizar las ocupaciones sí sea discutible.
La solución no debe pasar por el lado más simple: buscar un predio abierto lo suficientemente grande, asentarse en él, y lograr que mediante las medidas judicial posteriores, se destrabe el conflicto, el Estado adquiera o expropie las tierras, y se de nacimiento a un nuevo barrio.
Ante un escenario lógico a la hora de comprender los derechos y las razones de quienes reclaman por su propia tierra, y quienes cuestionan los métodos y los lugares elegidos, debe abrirse un nuevo escenario de debate.
En ese contexto, existió una iniciativa hace una década, y en la cual impulsaba la creación de Kibutz en Argentina, como una forma de estimular el desarrollo de la producción comunitaria, y el fortalecimiento federal del país.
El proyecto en cuestión, que en ese momento había sido remitido a una agrupación política que encabezaba Elisa Carrió fue ignorado.
Los kibutz nacieron en como una propuesta del sionismo socialista, y su nombre es en sí mismo una definición, ya que la palabra hebrea se traduce como "agrupación". Los kibutz son simplemente una comunidad agrícola, y aquí podrían tomar cualquier otro nombre.
Los kibutz fueron esenciales para la creación del Estado de Israel. En los primeros años los kibutz cumplieron un papel central en el desarrollo de la economía del país, produciendo una parte importante de las exportaciones del mismo.
Si bien en la actualidad, las nuevas generaciones de israelíes, en un país con un nivel socieconómico muy elevado y una tecnologización abrumado, miran con cierto recelo el estilo de vida comunitario clásico de los kibutz, lo cierto es que su existencia no ha mermado.
Tanto los medios de producción como los servicios y demás bienes pertenecen a todos los miembros. Hoy en día casi todos los kibutz tienen trabajadores asalariados externos al kibutz, incluyendo trabajadores extranjeros. Tanto los salarios para gastos personales como los demás recursos, se distribuyen entre los miembros del kibutz según la pauta de "cada cual otorga según sus posibilidades y recibe según sus necesidades". Las decisiones importantes, incluyendo todo lo concerniente a cambios en los postulados o su aplicación, deben ser tomadas por la asamblea de miembros, en la que pueden participar todos los miembros que así lo deseen.
En 1910 comenzó a funcionar la primera de las colonias agrícolas, con tan sólo 10 habitantes. Los datos de 2001 indican que existían 267 establecimientos agrícolas, con 115.500 habitantes.
La solución no debe pasar por el lado más simple: buscar un predio abierto lo suficientemente grande, asentarse en él, y lograr que mediante las medidas judicial posteriores, se destrabe el conflicto, el Estado adquiera o expropie las tierras, y se de nacimiento a un nuevo barrio.

Ante un escenario lógico a la hora de comprender los derechos y las razones de quienes reclaman por su propia tierra, y quienes cuestionan los métodos y los lugares elegidos, debe abrirse un nuevo escenario de debate.
En ese contexto, existió una iniciativa hace una década, y en la cual impulsaba la creación de Kibutz en Argentina, como una forma de estimular el desarrollo de la producción comunitaria, y el fortalecimiento federal del país.
El proyecto en cuestión, que en ese momento había sido remitido a una agrupación política que encabezaba Elisa Carrió fue ignorado.
Los kibutz nacieron en como una propuesta del sionismo socialista, y su nombre es en sí mismo una definición, ya que la palabra hebrea se traduce como "agrupación". Los kibutz son simplemente una comunidad agrícola, y aquí podrían tomar cualquier otro nombre.
Los kibutz fueron esenciales para la creación del Estado de Israel. En los primeros años los kibutz cumplieron un papel central en el desarrollo de la economía del país, produciendo una parte importante de las exportaciones del mismo.
Si bien en la actualidad, las nuevas generaciones de israelíes, en un país con un nivel socieconómico muy elevado y una tecnologización abrumado, miran con cierto recelo el estilo de vida comunitario clásico de los kibutz, lo cierto es que su existencia no ha mermado.
Tanto los medios de producción como los servicios y demás bienes pertenecen a todos los miembros. Hoy en día casi todos los kibutz tienen trabajadores asalariados externos al kibutz, incluyendo trabajadores extranjeros. Tanto los salarios para gastos personales como los demás recursos, se distribuyen entre los miembros del kibutz según la pauta de "cada cual otorga según sus posibilidades y recibe según sus necesidades". Las decisiones importantes, incluyendo todo lo concerniente a cambios en los postulados o su aplicación, deben ser tomadas por la asamblea de miembros, en la que pueden participar todos los miembros que así lo deseen.
En 1910 comenzó a funcionar la primera de las colonias agrícolas, con tan sólo 10 habitantes. Los datos de 2001 indican que existían 267 establecimientos agrícolas, con 115.500 habitantes.