Una exposición en Jerusalén muestra los objetos personales de Adolf Eichmann, ejecutor del Holocausto, y los informes que permitieron su captura y juicio.
El contenido de la exposición es tan atípico como el patrocinador: el Mosad, servicio de espionaje exterior de Israel, que muestra por primera vez una pequeña parte de sus archivos y almacenes. El comisario solo puede ser identificado por su nombre de pila, Avner, dado que se trata de un agente en activo y en el Mosad solo se conoce la identidad de su máximo jefe.
Adolf Eichmann decía que entró en las SS “para hacer carrera”. Y desde luego, la hizo. En los años 30 se encargó de negociar con dirigentes sionistas un plan para la deportación masiva a Palestina de los judíos alemanes. El plan no llegó a aplicarse. En 1942, Adolf Hitler y el jefe de las SS, Reinhard Heydrich, confiaron al metódico Eichmann la compleja logística de la Solución a la cuestión judía.
Tras la caída del III Reich, Eichmann logró pasar desapercibido. En 1950 viajó a Italia con un nombre falso, Riccardo Klement, y gracias a sus contactos con la jerarquía católica obtuvo un pasaporte de Cruz Roja que le permitió trasladarse a Argentina. Allí se reunió con su familia y tuvo varios trabajos Vició bajo la protección de la CIA y del Gobierno alemán ya que conocían su falsa identidad porque Eichmann podría hablar de sus antiguos compañeros nazis que trabajaban para el gobierno de Konrad Adenauer.
Vivió en relativa tranquilidad hasta que su hijo Klaus, se enamoró de una joven llamada Sylvia, hija de un judío que había sobrevivido al campo de Dachau. Sylvia identificó a Klement como Eichmann y la noticia llegó al Mosad, que organizó su secuestro.
Un grupo de agentes del Mossad entraron en Argentina. El 11 de mayo de 1960, cuando volvía en autobús de su trabajo en una factoría de Mercedes Benz, los agentes le inmovilizaron y le introdujeron en un coche. Nueve días más tarde lo sacaron del país fuertemente drogado y vestido con un uniforme de piloto, haciéndolo pasar por un empleado de la compañía aérea El Al. Con los controles aeroportuarios de hoy, la operación habría sido imposible.
En la muestra de Tel Aviv se exhiben la jeringuilla con la que Eichmann era mantenido sedado, los objetos que llevaba encima en su último día de libertad (una pitillera, unas llaves, un cortaplumas, un peine), el taburete y la cabina que ocupó durante el juicio. También se exhiben los informes del Mosad, con algún detalle novedoso: se identificó oficialmente a Eichmann por sus orejas.
Eichmann fue juzgado en Jerusalén y condenado a muerte. Se le ahorcó, se le incineró y sus cenizas fueron esparcidas en el mar. Hasta el juicio de Eichmann, Israel había vivido de espaldas al Holocausto y los supervivientes eran tratados con displicencia. A partir del juicio, el Holocausto fue convertido en el fundamento moral de la legitimidad de Israel.



