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Los hechos narrados en este relato son pura ficción y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Inspirado en la violencia que nos rodea.




Aquella historia que me contó un viejo amigo era realmente chocante.
Me hizo pensar por horas, días y semanas, meses hasta que que me decidí por escribirla.
Me hizo pensar sobre la vida y la muerte y de quien merecía cada una.
Sé que de nadie tiene derecho quitar la vida, y que una vida por más que sea de un asesino, vale.
¿Pero cuanto vale?

También me hizo ver las diferencias de los mundos con los que vivimos.
Hay un mundo que pueda estar pintado como el paraíso, donde la moralidad es lo principal.
Un mundo totalmente falso, puesto que la naturaleza humana no es de índole pacífica por distintos motivos.
Sean estos soberbia, avaricia, rencor, etcétera.

Que cuando hay personas que tienen la vida resuelta, hay otras que luchan por una migaja.
Nuestro mundo es bipolar en estos casos.
Y Dios tiene un extraño sentido del humor.

No sé por completo la veracidad de la siguiente historia, tal vez el viejo que se la contó a mi amigo era un charlatán, tal vez un asesino o tal vez un justiciero.
Nadie es quien, como ya he dicho para juzgar.

Y es que todo es relativo y todo en sí es más complejo de lo aparente.
Siendo así que hace siglos, nuestra enredada sociedad condenó a los que viven ahora y esto es porque la pobreza, la cultura y la moralidad se heredan.

Varios sin saberlo estuvimos destinados, y no hablo de un plan divino, a ser lo que somos por los que nos precedieron.

Bueno, sigamos con la historia.

Hablando de la delincuencia entre amigos que de hace años nos veíamos, uno sacó a la luz una muy interesante historia, tal vez macabra de pensar que fuese real.
Yo callé y mientras más hablaba, más nos poníamos en suspenso.
Nunca lo supe, nunca lo sabré.

Y es una de esas historias de camino a casa que uno suele tener con un taxista, pero fíjate bien del carro al que te subes.
Nunca sabes el misterioso mundo detrás del que conduce el volante.
Esos ojos que ahora solo miran el timón y la autopista, solo para llevarte a tu hogar, han visto tantas o más cosas que los tuyos.
.
Eso le pasó a mi viejo amigo cuando viajaba en un taxi.
Es increíble la cantidad de detalles que se acuerda a pesar de los años.

Le contó el taxista sobre su sobrino, hablando también del famoso tema del vandalismo, robo y delincuencia en general.

Aquel joven era de un futuro prometedor.
La esperanza de su familia.
Después de que su padre muriese de cáncer hace cinco años, su pobre madre tuvo que ver como lo mantenía.
Y era una mujer trabajadora, una madre como pocas.

Este joven tenia todo al alcance de sus manos, todo.
Y contaba con los recursos que lo ayudarían.

Pero una noche lujuriosa le cambió la vida para siempre.
Lo peor es que él nunca fue del todo consciente de los hechos que vendrían después de que su novia haya quedado embarazada.
Y cuando se enteró de la noticia, se puso pálido como un muerto.
Fue como si se rompiera su mundo de cristal, un crudo y brutal golpe de la realidad.

Es así como aquel joven que tenia sueños y metas, que solo tenia que dedicarse a estudiar, tenia ahora que trabajar.

Anduvo desesperado un tiempo, buscando una manera decente de ganarse el pan, y no había nada.
Hasta que se le ocurrió el empleo perfecto al mirar a su tío con su viejo taxi llegando de visita.
Rogó a su tío para que le consiguiera un taxi nuevo.
Y este con un poco de magia, unas cuantas llamadas y una que otra mentirita piadosa, lo logró.

Aquel si era un tío, uno de verdad.

Así pasaron los días y el empeñoso joven fue ganando dinero honrado.
Respetaba mucho su herramienta de trabajo.
Cuidaba como oro a aquel taxi, de eso viviría su amado hijo pensaría.
No había nada que indicase que algo malo iba a suceder.

Hasta ese día.

Según el relato, dicen que eran las 11pm y el joven no venía.
El tío se paso de visita sorpresa otra vez solo para encontrarse con la noticia de que su amado sobrino no volvía.
Su hermana estaba muy preocupada por su hijo, como toda madre.

Ella, optimista como siempre decia:
"Se debe estar de ganando el pan, esperemoslo"

El problema era que ni ella se creía lo que decía.

Pero pronto el tiempo pasó.
Eran ahora las ya 2am y no venía.

La preocupación y miedo los invadió.
Fueron tan rápido que no tardaron ni cinco minutos en llegara la comisaría,
Las palabras que escucharon del policía que los atendió fueron de mal augurio:
"A un joven que coincide con su descripción le han robado su auto"

A toda velocidad fueron al lugar de los hechos y lo que vieron...
Mucha gente alrededor de algo.
Gritos, murmullos y luces por doquier.
Y solo pudieron reconocer un bulto tirado en la autopista.
Un bulto...
Todo lo que quedaba del joven, se había convertido en parte del morbo popular.
Su tío fue el único que tuvo el valor de destaparle la cara.
Y en efecto era él.

Parecía dormido, atrapado en una mala pesadilla.
Pero en realidad los únicos que parecían que estaban teniendo un mal sueño eran el tío y su hermana,
Esta última no pudo soportar ver a su retoño muerto y fue por eso que se desmayó y cayó estrepitosamente al suelo.

En cambio el tío no perdió de vista su objetivo.
Era característico de él su frialdad para pensar.
Como si no hubiese nadie a su alrededor, se abstraía totalmente.
Y solo lloró para él mismo.

Se acercó y toco el frío rostro de su amado sobrino.
Con mucho dolor en su corazón cerró los ojos profundamente y lo recordó como aquel niño travieso que solía ser.
Recordó esos tiempos felices, ahora arrebatados por la muerte.

Quiso saber qué había pasado y preguntó persona por persona.
Pero la mayoría eran curiosos al paso y morbosos.
Aquellos que solo estorban a veces y que esa muerte para ellos, solo será un tema de conversación.
Triste realidad, pero tampoco le echo la carga de la culpa.
No se la merecen.

Pero de entre todas las personas, una pequeña anciana que apenas podía caminar, fue clave para el tío.
Aquella que usaba un bastón casi tan antiguo como ella.
Llevaba, según dijo, un vestido celeste con flores amarillas.
Pareciese que por milagro no tuviese telarañas.
Al verla, podías casi volver en el tiempo.

"Yo sé quien lo asesinó"

Fue en eso cuando el tío volteo rápidamente la cabeza.
Y la anciana le dio una descripción precisa.
Así se hizo una idea.

"Fue un sujeto sin cabello, tatuado en la cabeza, alto como no te imaginas y sobretodo blanco como extranjero"

Aquellos parásitos de la sociedad matan por placer.
La vida de un joven con futuro les valía tanto como un taxi.
Un sucio auto.

Pero el tío, buscaba venganza.

Fue entonces que guardo su tristeza para más tarde y sacó a la luz un odio sediento de sangre.
Un odio descomunal, casi inhumano.
Su sobrino había sido asesinado por un desgraciado.

La anciana seguía dando más detalles:

"Lo mato por placer, porque ya le habían robado el auto y que yo sepa él no era de por aquí."

El tío se quedo pensando en cómo encontrarlo, y se le ocurrió una idea.
Mejor dicho, una pregunta...




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