Estrategias de los supermercados para que los clientes compren de más
Según recoge el blog Food del Huffington Post, los supermercados están organizados de tal manera de crear en el cliente la intención de comprar más. A pesar de que se ingrese al local con la lista de lo que se necesita en mente, en general siempre hay “una o dos cositas” que se llevan de más.
Aquí una lista de las “trampas” que utilizan los supermercados para hacer que sus clientes lleven más productos, con el fin de conocerlas e intentar evitar caer en los señuelos, tan perjudiciales para el bolsillo del comprador.
El carrito: se inventó en 1930 para ayudar al comprador y hoy toda persona que entra al supermercado agarra uno automáticamente. La idea es que, si se deben llevar pocos productos, se opte por una canasta o un elemento más pequeño, para no sentir que se debe llenar un carro entero.
Aromas y sabores: bien cerca de la entrada se ubican los productos de pastelería y perfumería, que atraen por sus olores y colores. Su intención es mejorar el ánimo (y el apetito) para disponer al cliente a la compra. En ese momento hay que recordar la lista exacta.
Lo más comprado, al fondo: los productos de primera necesidad, como los lácteos, el pan y la carne, se encuentran al final del supermercado. Esto tiene la intención de hacer que el cliente pase por todo el local y mire todas las góndolas antes de llegar a destino, para que se tiente con algo (siempre sucede) y agregue el producto a la lista.
Productos maquillados: humedecen las frutas y verduras para que den la impresión de frescura y el comprador se tiente más con el brillo. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por las apariencias: la realidad es que el agua las pudre más rápido.
Pasillos angostos: para que los clientes se choquen entre ellos y tengan más tiempo de levantar la vista para ver el batallón de productos que tienen a su alrededor. También usan música suave para aminorar la marcha.
Falsas ofertas: es normal ver al final de la góndola precios grandes y creer que se trata de alguna oferta, pero no es así, es sólo un señuelo.
Precios sin $: el humano percibe como más barato un producto que marca “2,99” a “$2,99”. Además, nos resulta más barato “2,99” que “3”.
Limitar el número de productos por persona: ver “Sólo 10 leches por persona” hace pensar que el producto escasea, lo que genera desesperación y provoca que los clientes lleven siempre ese número, por miedo a que haya faltantes, cuando en realidad se trata de otra estrategia.
Muestras gratis: cuando se recibe algo gratuitamente, se tiene la sensación de que se debe pagar el favor de vuelta y se lo hace comprando más. Mejor hacer la vista gorda a los jamones que ofrecen las voluptuosas promotoras.
Góndolas organizadas: lo más caro está al nivel de los ojos. Para encontrar los productos más baratos, el comprador debe agacharse o extender su mano hacia arriba. Además, aquellos ítems destinados a los niños están, por supuesto, a su altura.
La cola del súper: siempre está llena, y al lado hay productos como chocolates, golosinas o gaseosas, que despiertan el instinto glotón del hombre. Habrá que aguantar la espera o el hambre del momento en pos del bienestar económico del bolsillo.
Entonces, a cuidarse y a cuidar el peso
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Según recoge el blog Food del Huffington Post, los supermercados están organizados de tal manera de crear en el cliente la intención de comprar más. A pesar de que se ingrese al local con la lista de lo que se necesita en mente, en general siempre hay “una o dos cositas” que se llevan de más.
Aquí una lista de las “trampas” que utilizan los supermercados para hacer que sus clientes lleven más productos, con el fin de conocerlas e intentar evitar caer en los señuelos, tan perjudiciales para el bolsillo del comprador.
El carrito: se inventó en 1930 para ayudar al comprador y hoy toda persona que entra al supermercado agarra uno automáticamente. La idea es que, si se deben llevar pocos productos, se opte por una canasta o un elemento más pequeño, para no sentir que se debe llenar un carro entero.
Aromas y sabores: bien cerca de la entrada se ubican los productos de pastelería y perfumería, que atraen por sus olores y colores. Su intención es mejorar el ánimo (y el apetito) para disponer al cliente a la compra. En ese momento hay que recordar la lista exacta.
Lo más comprado, al fondo: los productos de primera necesidad, como los lácteos, el pan y la carne, se encuentran al final del supermercado. Esto tiene la intención de hacer que el cliente pase por todo el local y mire todas las góndolas antes de llegar a destino, para que se tiente con algo (siempre sucede) y agregue el producto a la lista.
Productos maquillados: humedecen las frutas y verduras para que den la impresión de frescura y el comprador se tiente más con el brillo. Sin embargo, no hay que dejarse engañar por las apariencias: la realidad es que el agua las pudre más rápido.
Pasillos angostos: para que los clientes se choquen entre ellos y tengan más tiempo de levantar la vista para ver el batallón de productos que tienen a su alrededor. También usan música suave para aminorar la marcha.
Falsas ofertas: es normal ver al final de la góndola precios grandes y creer que se trata de alguna oferta, pero no es así, es sólo un señuelo.
Precios sin $: el humano percibe como más barato un producto que marca “2,99” a “$2,99”. Además, nos resulta más barato “2,99” que “3”.
Limitar el número de productos por persona: ver “Sólo 10 leches por persona” hace pensar que el producto escasea, lo que genera desesperación y provoca que los clientes lleven siempre ese número, por miedo a que haya faltantes, cuando en realidad se trata de otra estrategia.
Muestras gratis: cuando se recibe algo gratuitamente, se tiene la sensación de que se debe pagar el favor de vuelta y se lo hace comprando más. Mejor hacer la vista gorda a los jamones que ofrecen las voluptuosas promotoras.
Góndolas organizadas: lo más caro está al nivel de los ojos. Para encontrar los productos más baratos, el comprador debe agacharse o extender su mano hacia arriba. Además, aquellos ítems destinados a los niños están, por supuesto, a su altura.
La cola del súper: siempre está llena, y al lado hay productos como chocolates, golosinas o gaseosas, que despiertan el instinto glotón del hombre. Habrá que aguantar la espera o el hambre del momento en pos del bienestar económico del bolsillo.
Entonces, a cuidarse y a cuidar el peso
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