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La gallina - Federico García Lorca

Arte7/5/2010






La gallina



Había una gallina que era idiota. He dicho
idiota. Pero era más idiota todavía. Le
picaba un mosquito y salía corriendo. Le
picaba una avispa y salía corriendo. Le
picaba un murciélago y salía corriendo.
Todas las gallinas temen a las zorras. Pero
esta gallina quería ser devorada por ellas. Y
es que la gallina era una idiota. No era una
gallina. Era una idiota.




En las noches de invierno la luna de las
aldeas da grandes bofetadas a las gallinas.
Unas bofetadas que se sienten por las
calles. Da mucha risa. Los curas no podrán
comprender nunca por qué son estas
bofetadas, pero Dios sí. Y las gallinas
también.





Será menester que sepáis todos que Dios es
un gran monte VIVO. Tiene una piel de
moscas y encima una piel de avispas y
encima una piel de golondrinas y encima
una piel de lagartos y encima una piel de
lombrices y encima una piel de hombres y
encima una piel de leopardos y todo. ¿Veis
todo? Pues todo y además una piel de
gallinas. Esto era lo que no sabía nuestra
amiga.

¡Da risa considerar lo simpáticas que son las
gallinas! Todas tienen cresta. Todas tienen
culo. Todas ponen huevos. ¿Y qué me vais
a decir?





La gallina idiota odiaba los huevos. Le
gustaban los gallos, es cierto, como les
gusta a las manos derechas de las personas
esas picaduras de las zarzas o la iniciación
del alfilerazo. Pero ella odiaba su propio
huevo. Y sin embargo no hay nada más
hermoso que un huevo.

Recién sacado de las espigas, todavía
caliente, es la perfección de la boca, el
párpado y el lóbulo de la oreja. La mejilla
caliente de la que acaba de morir. Es el
rostro. ¿No lo entendéis? Yo sí. Lo dicen los
cuentos japoneses, y algunas mujeres
ignorantes también lo saben.





No quiero defender la belleza enjuta del
huevo, pero ya que todo el mundo alaba la
pulcritud del espejo y la alegría de los que
se revuelcan en la hierba, bien está que yo
defienda un huevo contra una gallina idiota.
Lo voy a decir: una gallina amiga de los
hombres.


Una noche, la luna estaba repartiendo
bofetadas a las gallinas. El mar y los tejados
y las carboneras tenían la misma luz. Una
luz donde el abejorro hubiera recibido las
flechas de todo el mundo. Nadie dormía. Las
gallinas no podían más. Tenían las crestas
llenas de escarcha y los piojitos tocaban sus
campanillitas eléctricas por el hueco de las
bofetadas.

Un gallo se decidió al fin.
La gallina idiota se defendía.
El gallo bailó tres veces pero los gallos no
saben enhebrar bien las agujas.





Tocaron las campanas de las torres porque
tenían que tocar, y los cauces y los
corredores y los que juegan al gol se
pusieron tres veces morados y tintineantes.
Empezó la lucha.

Gallo listo. Gallina idiota. Gallina lista. Gallo
idiota. Listos los dos. Los dos idiotas. Gallo
listo. Gallina idiota.

Luchaban. Luchaban. Luchaban. Así toda la
noche. Y diez. Y veinte. Y un año. Y diez. Y
siempre.

1934




Poema extraído de su obra "Obras completas"







Espero que les haya gustado!!
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