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Woodstock, La CIA, y el LSD

Info5/9/2012

La Era de Acuario: el festival de música de Woodstock






El mayor concierto de todos los tiempos, el «Woodstock Music and Art Fair al aire libre, fue calificado por la revista Time como un «Festival de Acuario» y como «el espectáculo más grande en la historia». Woodstock se convirtió en parte del léxico cultural de toda una generación. El término «Acuario» se escogió con sumo cuidado.





Según los astrónomos, las eras progresan en movimiento inverso, yendo en dirección opuesta al sol, que se mueve de Acuario a Piscis, de Piscis a Aries, etc. La Era de Piscis (una noción que es consecuencia de la precesión de los equinoccios, según los astrólogos) es el período que abarca desde aproximadamente el año 200 a. J.C. hasta la actualidad. El resultado final es que hace aproximadamente casi 2.160 años la precesión
de los equinoccios hizo que el equinoccio de primavera pasara de una constelación a otra. Parece que estamos al final de la Era de Piscis y el principio de la Era de Acuario.



La Era de Acuario, pues, quiere decir que la Era de Piscis, que era la Era de Cristo, ha llegado a su final.
«En Woodstock escribe el periodista Donald Phau, casi medio millón de jóvenes se reunieron para que les drogaran y les lavaran el cerebro en una granja. Las víctimas estaban aisladas, rodeadas de inmundicia, hasta los topes de drogas psicodélicas y se las mantuvo despiertas durante tres días consecutivos, todo con la plena complicidad del FBI y de altos cargos del gobierno. La seguridad del concierto la aportó una comuna
hippie entrenada en la distribución masiva de LSD. De nuevo serían las redes de la Inteligencia militar británica las que lo iniciarían todo», con la ayuda de la CIA a través de su ex director William Casey y de sus contactos con Sefton Delmer del MI6, cuyo contacto Bruce Lockhardt fue el controlador del MI6 de Lenin y Trotsky durante la
revolución bolchevique.



Artie Kornfeld, director de Capitol Records (propiedad de EMI), es el hombre a quien se suele acreditar como el creador de Woodstock. La financiación la aportó John Roberts, heredero de un imperio farmacéutico. Joel Rosenmann, director de Woodstock, decía, conforme se acercaba el concierto, que «la comida y el agua claramente iban a escasear, las instalaciones sanitarias desbordadas, los nervios a flor de piel, las drogas abundantes. Lo peor de todo es que no habrá forma de que nadie, aunque quiera, se pueda ir». Que te sentaras sobre tus propios excrementos era, de hecho, parte del plan,como John Roberts escribió bromeando: «Vamos a entregar plátanos en la puerta para retener a nuestros clientes.» Una comuna hippie conocida como la Hog Farm (la granja de cerdos) fue contratada para que se encargara de la seguridad. Esta comuna estaba dirigida por un tal Wavy Graver, que conjuntamente con Ken Kesey (autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, que reflejaba sus experiencias como voluntario en experimentos médicos sobre los efectos del LSD) participó en la operación MKUltra.



Sin embargo, los organizadores de conciertos sabían perfectamente que Hog Farm estaba metida en tráfico de drogas. John Roberts escribe: «Lo único que cobraron fue el transporte a y desde el festival [...] una fuerza de seguridad que tenía la misma pinta, hablaba igual y olía igual que el público entre el que se movía sería a la vez muy creíble y altamente efectiva [...] y lo más importante, sabían de drogas, distinguían el buen ácido del malo, los buenos viajes de los malos, la medicina del veneno, etc90.» La famosa comuna hippie secreta, Hog Farm, no era otra cosa que un grupo psicodélico de la costa Oeste llamada los «Merry Pranksters», que distribuyeron LSD en el festival y estaban dirigidos por el propio Ken Kesey y controlados por agentes de la operación MKUltra de la CIA.






Empieza el experimento

Donald Phau, en su Satanic Roots of Rock, describe el acontecimiento: «Dos días antes de la fecha prevista para el inicio del concierto ya habían llegado cincuenta mil chavales a Woodstock. Inmediatamente empezaron a circular las drogas.» Mucha gente llevó a sus bebés y, como afirma Roberts, incluso los bebés fueron drogados: nos dice que en un lago cercano «niños pequeños nadaban desnudos, fumaban hierba y se empapaban de esa música». En el mismo libro, Phau también sostiene que «durante los siguientes tres días, el casi medio millón de jóvenes que llegó allí fue sometido a una exposición continua a las drogas y a la música rock. Debido a las lluvias torrenciales se vieron obligados a caminar con barro hasta las rodillas. No había refugios y no había forma de salir de allí.



Los coches estaban aparcados a más de trece kilómetros. Roseman escribe que la clave del “experimento Woodstock” fue “mantener a los cantantes actuando las veinticuatro horas del día para mantener a los chavales en trance...” El 17 de agosto, The New York Times informaba que: “Esta noche un portavoz del festival avisó desde el escenario que estaba circulando “ácido defectuoso” [LSD]. Dijo: “No estáis tomando veneno. El ácido no es venenoso. Sólo sucede que está mal manufacturado. No os vais a morir... Así que si creéis que habéis tomado veneno, no es cierto. Pero si os preocupa este tema, tomad sólo media tableta.” Ese consejo, ofrecido a casi medio millón de jóvenes, de que “tomasen sólo media tableta”, lo ofreció sobre el escenario nada menos que el agente del MKUltra, Wavy Gravy».



Tendría que pasar todavía otra década antes de que la contracultura se integrara en el léxico norteamericano. Pero las semillas de lo que era un proyecto titánico y secreto para darle la vuelta a los valores de Estados Unidos se sembraron entonces. Sexo, drogas y rock and roll, grandes manifestaciones en toda la nación, hippies,
drogadictos que abandonaban los estudios, la presidencia de Nixon y la guerra de Vietnam estaban desgarrando la misma fibra de la sociedad norteamericana. Lo viejo y lo nuevo chocaban de frente sin que nadie fuera consciente de que ese conflicto formaba parte de un plan social secreto, diseñado por algunas de las personas más brillantes y diabólicas del mundo que, escondidas entre las más prestigiosas fundaciones, empresas y think tanks, usaron hábil y despiadadamente la cultura pop para promover sentimientos de alienación y disfuncionalidad, y que estaban dispuestos a promover la ruptura de las familias y frustrar su desarrollo para conseguir sus objetivos personales.



El movimiento psicodélico ganó mucho impulso entre 1965 y 1967, culminando con acontecimientos como Woodstock. Sin embargo, desapareció tan rápido como había llegado. El LSD fue declarado ilegal, Jimi Hendrix y Janis Joplin murieron, Timothy Leary dejó de pronunciar discursos y Estados Unidos, tras fracasar miserablemente en Vietnam, entró en la deprimente década de 1970. Y el Bilderberg estaba ahí, a la espera, preparado para aprovechar esa apatía en beneficio propio.


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