Este post es de mi autoría (Gerardo G. C.) [User: camaleonslpc]
El oscuro y súcubo
Me despierto aturdido.
Me levanto de la cama, y el brusco movimiento me produce un mareo, que casi me deja incosciente. Me apoyo en la pared. Quedo exhalando hasta que consigo recuperarme.
Con torpeza, me dirijo a la puerta. La lluvia empapa los cristales de mi casa. La madera chirría bajo mis pies, y el largo pasillo estremece mi mente. No soy supersticioso. No hay peligro.
La basta negrura empapa las frías paredes de la casa. Afuera, no hay ruído, no hay pájaros, el viento se ha asustado, y se ha detenido. No hay familia, no hay amigos, no hay vecinos. La soledad llena mi cabeza, raya mi mente cual hoja de cuchillo.
Llego al sótano. Un congelador permanece abandonado, en una esquina del oscuro lugar. Las goteras forman un ruído rítmico y constante. Intento abrir la pesada tapa, que se ha atascado por el hielo que la mantiene cerrada. Con una palanca, logro abrirla.
Es olor es repulsivo. La descomposición se ha ralentizado, y me quedo mirando la maldita cabeza, del maldito bastardo que liquidé.
No es humano, la cabeza aún hace gestos y amagos de querer respirar. Sigue vivo, y aún quedando solamente su cabeza, aún con el frío del congelador, la cabeza escarchada, aún está viva. No quiero que me muerda. Cierro la tapa.
Pequeños golpes desde dentro del congelador. Suena como un tambor. Subo las escaleras y me dirijo arriba. El árbol pelado delante de mi casa, proyecta a través de los cristales, la forma de una mano huesuda que quiere atraparme.
La lluvia crepuscular se vuelve roja. Roja sangre.
Miles de pájaros llueven del cielo, sus cuerpos inertes golpean el tejado. Las tejas se parten y resbalan, por los costados de la casa.
Una cosa ha golpeado una de las ventanas, que se ha resquebrajado. No era uno de los pájaros.
Agarro la cinta y la pongo en el reproductor. Me regresan los recuerdos, mientras revivo la cinta, aún llena de polvo.
Ese sonido otra vez. Se ve cuando fuimos allí, cuando bajamos. Lo de aquella expedición.
Tuvimos que reforzar los micrófonos para que no se derritiesen.
Fuimos bajando mucho más. Lo hicimos para ver que había en el núcleo del planeta, si había lava, o por el contrario, era hueco. Aprovechamos para bajar por un volcán inactivo que llegaba a las capas internas de la Tierra.
En aquella gran cueva, miles de gritos, millones de gritos, cantidades masivas de gritos.
Cosas volando, cosas con cuernos, cosas clavando tridentes afilados en los millones de individuos, casi calavéricos, que estaban incrustados en las paredes, sin piernas, solo dolor.
Y luego la voz... "¿Quiénes sois vosotros, que venís antes de tiempo? ¿Qué hacéis? Del primero al último sufriréis, pues yo soy Lucifer, el caído, y de aquí ya no saldréis. Abandonad toda esperanza, aquellos que entréis aquí. Arrancaremos la carne de vuestros huesos, deshilacharemos los músculos y clavaremos en vuestros ojos, cortaremos en vuestros brazos y segaremos todo sentimiento. Ni odio, ni amor, ni compasión por uno mismo. Solo dolor."
El fuego quemaba sin cesar, los millones de cuerpos resquebrajados, despedazados, aún vivos, eran torturados.
Necesitábamos llevarnos pruebas de aquello. Uno intentó morderme, y le corté la cabeza. La metí en la bolsa y huímos.
Esa cabeza la conservo en el congelador. Abrimos una salida al dolor, y por nuestra culpa, el oscuro y súcubo ha vomitado sus despojos.
Llueve sangre de ángel, pues el infierno está vacío ya. La noche es negra como la boca de un lobo, el día rojo como sus ojos.
He leído toda la Biblia.
He puesto crucifijos en la casa.
Ya no queda tiempo. En el Infierno ya no queda nadie, en el cielo tampoco. No hay salvación. No hay ayuda. No hay esperanza. No hay nada.
Ten piedad de mí, Señor.
Autor: Gerardo G. C.