El ratón y el toro Un toro fue mordido por un ratón, y enfadado por la herida, intentó capturarlo. Pero el ratón alcanzó su seguridad en su agujero. Aunque el toro cavó en las paredes con sus cuernos, se cansó antes de que pudiera alcanzar al ratón, y poniéndose de cuclillas, se quedó durmiento fuera del agujero. El ratón se asomó, se arrastró furtivamente hacia su flanco, y mordiéndolo otra vez, se retiró de nuevo a su agujero. El toro se levantó, y no sabiendo que hacer, quedó tristemente perplejo. Entonces el ratón dijo, -Los grandes no siempre prevalecen. Hay momentos cuando los pequeños y humildes son los más fuertes para hacer sus actuaciones.- Nunca desprecies el valor de los pequeños. El lobo y la cabra Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo: -- Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido. Pero la cabra le dijo: -- Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a tí mismo, siendo yo tu plato. Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños. El perro y el carnicero Penetró un perro en una carnicería, y notando que el carnicero estaba muy ocupado con sus clientes, cogió un trozo de carne y salió corriendo. Se volvió el carnicero, y viéndole huir, y sin poder hacer ya nada, exclamó: -- ¡ Oye amigo ! allí donde te encuentre, no dejaré de mirarte ! No esperes a que suceda un accidente para pensar en cómo evitarlo. El águila y el escarabajo Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo, suplicándole que le salvara. Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga. Pero el águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia. Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros pequeñuelos. Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus. Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos. Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte. El lobo con piel de oveja Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la obtención de su comida. Se metió entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor. Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el rebaño a un encierro, quedando la puerta asegurada. Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante. Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño. Los jóvenes y las ranas Varios jóvenes, jugando cerca de un estanque, vieron un grupo de ranas en el agua y comenzaron a apedrearlas. Habían matado a varias, cuando una de las ranas, sacando su cabeza gritó: - Por favor, paren muchachos, que lo que es diversión para ustedes, es muerte y tristeza para nosotras. Antes de tomar una acción que creas te beneficia, ve primero que no perjudique a otros. Los árboles y el hacha Un hombre entró en un bosque y pidió a los árboles que le proporcionaran un mango para su hacha. Los árboles consintieron en su petición y le dieron un fresno joven. Apenas había el hombre encajado el nuevo mango del fresno a su hacha, cuando comenzó a usarlo y rápidamente taló con sus golpes los más nobles gigantes del bosque. Un viejo roble, lamentándose cuando fue demasiado tarde de la destrucción de sus compañeros, dijo a un cedro vecino: -El primer paso nos ha perdido a todos nosotros. Si hubiéramos tenido mejor previsión, podríamos haber retenido aún nuestros propios privilegios y haber estado de pie una eternidad.- Nunca se debe dar una ventaja a un desconocido El negro Cierto hombre llevó a trabajar a su propiedad a un negro, pensando que su color provenía a causa de un descuido de su anterior propietario. Una vez en su casa, probó todas las jabonadas posibles, intentó toda clase de trucos para blanquearlo, pero de ninguna manera pudo cambiar su color y terminó poniendo enfermo al negro a fuerza de tantos intentos. Lo que la naturaleza diseña, se mantiene firme. El ciego Érase una vez un ciego muy hábil para reconocer al tacto cualquier animal al alcance de su mano, diciendo de qué especie era. Le presentaron un día un lobezno, lo palpó y quedó indeciso. -No acierto - dijo, si es hijo de una loba, de una zorra o de otro animal de su misma cualidad; pero lo que sí sé es que no ha nacido para vivir en un rebaño de corderos. La naturaleza de la maldad se puede notar en una sola de sus características. El gato y las ratas Había una casa invadida de ratas. Lo supo un gato y se fue a ella, y poco a poco iba devorando las ratas. Pero ellas, viendo que rápidamente eran cazadas, decidieron guardarse en sus agujeros. No pudiendo el gato alcanzarlas, ideó una trampa para que salieran. Trepó a lo alto de una viga, y colgado de ella se hizo el muerto. Pero una de las ratas se asomó, lo vio y le dijo: -- ¡ Oye amiguito, aunque fueras un saco de harina, no me acercaría a tí ! Los malvados, cuando no pueden dañar a sus víctimas directamente, buscan un atrayente truco para lograrlo. Cuídate siempre de lo que te ofrecen como muy lindo y atrayente. Zeus y las abejas Envidiosas las abejas a causa de la miel que les arrebataban los hombres, fueron en busca de Zeus y le suplicaron que les diera fuerza bastante para matar con las punzadas de su aguijón a los que se acercaran a sus panales. Zeus, indignado al verlas envidiosas, las condenó a perder su dardo cuantas veces hirieran a alguno y a morir ellas mismas después. La envidia no es buena consejera, más bien nos puede llevar a perder lo que ya poseemos. El enfermo y su doctor Habiéndole preguntado un médico a un enfermo por su estado, contestó el enfermo que había sudado más que de costumbre. -Eso va bien dijo el médico. Interrogado una segunda vez sobre su salud, contestó el enfermo que temblaba y sentía fuertes escalofrios. -Eso va bien -dijo el médico. Vino a verle el médico por tercera vez y le preguntó por su enfermedad. Contestó el enfermo que había tenido diarrea. -Eso va bien -dijo el médico, y se marchó. Vino un pariente a ver al enfermo y le preguntó que cómo iba. -Me muero -contesto- a fuerza de ir bien. Por lo general, quienes nos rodean nos juzgan por las apariencias y nos consideran felices por cosas que en realidad nos producen profundo dolor. El cazador miedoso y el leñador Buscando un cazador la pista de un león, preguntó a un leñador si había visto los pasos de la fiera y dónde tenía su cubil. -Te señalaré al león mísmo. -dijo el leñador. -No, no busco al león, sino sólo la pista- repuso el cazador pálido de miedo y castañeteando los dientes. Si quieres ser atrevido en las palabras, con más razón debes ser valiente con los actos. Las ranas y el pantano seco Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra: -- Amiga, bajemos las dos a este pozo. -- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la compañera --, ¿ Cómo crees que subiremos entonces ? Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella. Y antes de terminar les dejo el mejor... LA ESPADA Y EL CAMINANTE Caminando, cierto hombre halló una espada en el suelo, y preguntándole quién le había perdido, la espada respondió: -Es verdad que a mí sólo me perdió uno, pero yo he perdido a muchos. El malo a muchos daña, pero perece al fin.
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