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Appetite for Destruction cumple 25 años

Info7/20/2012
Hace un cuarto de siglo nacía el álbum debut de Guns N' Roses; lo recordamos así A diferencia de lo que suele suceder con muchos de aquellos discos considerados fundamentales e históricos, Appetite for Destruction -el álbum debut de Guns N' Roses, que mañana cumple 25 años de pura vigencia- no sirvió para retratar una época o un momento en particular, y quizá tampoco se lo haya propuesto jamás. Es probable que esos cinco homeless que integraban la banda tuvieran otras cuestiones de las que ocuparse, como qué comer o dónde dormir, por ejemplo, y que no les preocupara tanto cantar acerca de cómo eran los Estados Unidos en plena era Reagan. "Sólo describí cómo veía a Los Angeles desde mi propio punto de vista", diría Axl Rose acerca de "Welcome to the Jungle", en las palabras que se leen en Reckless Road, el libro en el que el fotógrafo Marc Canter retrata los inicios del grupo hasta la explosión final, que los convertiría en la banda más peligrosa del mundo. En el momento en que el cantante y Slash se conocieron, eran apenas eran una especie de desamparados sociales que provenían de familias y lugares muy distintos, más outsiders e inadaptados que músicos profesionales. Unos fugitivos que encontraron una opción (tal vez la única que tenían) en la música. Cuando la formación que grabó el disco se completó con Steven Adler, Duff McKagan e Izzy Stradlin, esa fina combinación de los elementos necesarios para generar combustión encendió la chispa. La única preocupación era que ahora tendrían que dividir en cinco partes la única hamburguesa con queso que podían comprar, según contó el baterista. Era junio de 1985, demasiado pronto como para pensar más allá de mañana y saber que en dos años estarían grabando uno de los grandes discos de la historia del rock. Sin plata, pero con ganas y muchos de esos "puntos de vista" por mostrar, tocaron en cada lugar del Sunset Blvd. donde pudieron, y cuando les quedó chico, los cinco se metieron en un Pontiac para hacer su primera gira a Seattle, donde Duff jugaba de local. Eran 1.600 kilómetros, y cuando recién habían recorrido 320, el auto se rompió. Aún así quisieron seguir, e hicieron el resto del camino a dedo. Fueron, tocaron y la rompieron. "Aquel viaje nos fortaleció como grupo", recuerda Slash en su autobiografía. "Habíamos ido de joda, habíamos tocado, habíamos sobrevivido, habíamos perseverado y habíamos acumulado toda una vida de anécdotas en sólo dos semanas. ¿O había sido una? No lo sé". Y ya no hacía falta tocar "Jumpin' Jack Flash", "Heartbreak Hotel" o "Whole Lotta Rosie", porque tantas noches de alcohol, drogas, reviente y sexo le habían dado a la banda canciones como "Move to the City", "Think About You", "Don't Cry" y "Anything Goes". A la imbatible dupla compositiva Rose-Stradlin se le sumarían el groove (y el cencerro) de Adler, el extraño toque glam/punk de McKagan y el definitorio estilo rock/blues de Slash. Dos elementos se precisan para formar agua, y estos cinco tipos eran todo lo que se necesitaba para metabolizar el mejor hard rock que surgió en aquel tiempo y lugar. Visto hoy, uno de los principales méritos de Appetite for Destruction -pensado como un todo más allá de sus canciones- es no ser un disco pretencioso. Cada track es tan directo, simple y potente que no da lugar a la reflexión. No hay dobles sentidos. "Axl Rose es brutalmente sincero", escribió luego Slash, "cree todo lo que dice con más pasión que cualquier otra persona a la que yo haya conocido". El riff que da comienzo al disco podría definir al rock por sí mismo, y frases como "Bienvenido a la jungla/que se pone peor cada día/donde aprendés a vivir como un animal" marcan el tono pesimista que se mantiene durante cada una de las 12 canciones, salvo por "Paradise City" (la contracara de la jungla) y "Sweet Child O'Mine" (la balada naif dedicada a la novia de Axl de ese momento, Erin Everly). Salvo esos pequeños respiros, cada canción es un retrato denso y asfixiante de la vida de estos cinco forajidos: las drogas de "Mr. Brownstone"; el alcohol barato de "Nightrain"; el vale todo de "Anything Goes"; la ironía de ser una estrella de rock de "It's So Easy"; los problemas con la ley reflejados en "Out Ta Get Me"; y las mujeres complicadas de "My Michelle", "Think About You", "Rocket Queen" y "You're Crazy". Appetite for Destruction es, además, violento y crudo. La producción de Mike Clink estuvo enfocada en reflejar a la banda tal cual era en vivo, y es por eso que fue grabado en tomas directas, sin retoques. "Aquellas sesiones fueron únicas", recuerda Slash. "Lo que Izzy tocaba era el corazón de nuestros temas, sin importar quién lo hubiera compuesto. Steven observaba mi pie izquierdo para determinar el tempo y se fijaba en Duff para ajustar la batería con el bajo". Sobre los gemidos que se escuchan en "Rocket Queen", Slash escribió: "durante la mezcla, a Axl se le ocurrió que Adriana Smith (una amiga de la banda) se lo cogiera en el estudio, de modo que pudiéramos grabar su voz y superponerla sobre el puente. Habíamos estado tomando Jack Daniels durante todo el día, así que nos pareció bastante normal la propuesta, por lo que pusimos algunas velas para darle un poco de clima. Axl y ella entraron a la cabina de grabación, se acostaron en el suelo junto a la batería y nosotros grabamos los sinceros gemidos y suspiros de Adriana. Disfrútenlos, están ahí, en la mezcla final". Lo dicho: una muestra más de un disco que es el vivo reflejo de un momento particular de cinco tipos y que, al igual que ellos, supo sobrevivir.
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