Parte segunda. En la anterior entrega divulgamos las conclusiones a las que habíamos llegado, utilizando los métodos de la Semiótica Aplicada, respecto al fenómeno social Obra de Arte y estas conclusiones eran: • El arte no existe • Los artistas no existen • Entonces por lógica deducción, quedamos habilitados para afirmar que la supuesta Obra de Arte tampoco existe. Para los que se interesen por la metodología de la Semiótica Aplicada deben saber que hay tres métodos semióticos principales, que son: 1. La interpretación 2. El análisis lingüístico 3. La formalización (Si alguien quiere interiorizarse en este sistema de estudio, me mandan un e-mail. Además por ser Taringueros y según el Karma tienen un descuento, jeje). Bueno, pero ahora vamos a justificar, basados en estos procedimientos, las tres premisas que establecimos, en una palabra, “VAMOS A LOS BIFES”. 1. La primera parte de este aparato o mejor dicho de este mecanismo, es la Instancia de Producción. En este lugar es donde se encuentra el artista o mejor dicho el artesano, creando, produciendo, trabajando. (Para no herir susceptibilidades lo llamaremos a partir de ahora, artista o autor). Decíamos que en esta primera instancia del Dispositivo Semiótico es donde se compone, donde se da forma al objeto, donde surge la producción literaria, musical, o “visual” y es una zona privativa y absolutamente especifica del autor. La primera parte del dispositivo, la Instancia de Producción, es también donde se transforman, donde se transmutan las cosas, podríamos definirlo como el proceso donde se cambian las dimensiones. En este lugar o dimensión es donde están las ideas, los símbolos paradigmáticos, el mundo intangible y emotivo del artista. Por eso ese cambio, que definitivamente es muy difícil de hacerse, se crea y básicamente se forma primero en “la cabeza” del artista y después se traslada, por medio de símbolos, alegorías, imágenes y metáforas a la otra dimensión, donde estamos nosotros, que es dominio exclusivo de nuestros cinco sentidos y básicamente del tiempo. Por esta razón es que recién cuando ocurre este traslado, esta transferencia, es donde los contempladores o receptores podemos estimar la obra, la podemos escuchar, la podemos leer, la podemos ver, tocar, oler, oír, básicamente la podemos sentir, juzgar, calificar y sobre todo estamos en condiciones de conceptualizarla. Aquí, en esta dimensión de la Instancia de Producción, mediante su potencia creadora apoyada en la técnica, el artista puede convertir sus ideas en “cosas”. Estas “cosas”, estos objetos con forma física, literaria o intangible son precisamente lo que llamamos obra pero que todavía no son obra de arte, porque falta completar el Dispositivo Semiótico que nos llevara a decir esto es una “Obra de Arte” o que hoy todavía no lo es y tal vez mas adelante lo sea, o lo más triste y patético de todo, que por distintas circunstancias ese objeto deje de ser una obra de arte, que deje de emocionarnos, turbarnos, que deje de arrebatar nuestros sentidos y se transforme en otra cosa. Lo concreto, lo que importa para nuestro estudio, es que en la Instancia de Producción no hay nada que el artista pueda hacer para deducir fehacientemente que forjó o produjo una obra de arte, no hay “algo” intrínseco, taxativo dentro del objeto obra producido por el autor que determine que es o se transformara en una Obra de Arte y la prueba de esto es que la Obra de Arte puede ser cualquier cosa, la Mona Lisa de Leonardo, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, una película de Steven Spielberg o Federico Fellini, “La Fuente” de Marcel Duchamp, La Quinta Sinfonía de Beethoven, El David, de Michelangelo Buonarroti o incluso, absolutamente nada. Un pequeño ejemplo para demostrar la jerarquía de esta instancia dentro del fenómeno Obra de Arte. Hace unos pocos meses en una estación del metro de Washington, (esto ya fue publicado en Taringa hace unos meses), un reconocidísimo violinista interpretó seis piezas de Bach durante una hora. En ese tiempo aproximadamente 2.500 personas pasaron por su lado sin prestarle la mas mínima atención. La sorpresa de los organizadores del experimento social fue total. Joshua Bell uno de los tres mejores violinista del mundo fue absolutamente ignorado por la multitud, solamente algunos se pararon a escucharlo no por mucho tiempo y otros, los menos, le dejaron algunas monedas. Ninguno de los pasantes lo identifico, porque ni las autoridades del metro habían sido informadas del experimento y Joshua, vestido de forma muy poco llamativa, continuo tocando maravillosamente su violín sin lograr conmover a nadie ni hacer emocionar hasta las lagrimas a sus oyentes como lo había hecho unas horas antes, en un teatro de Boston, en el que se pagaron más de 300 dólares la entrada para verlo tocar lo mismo que en el Metro. El reconocido artista interpretó en aquel lugar una de las piezas de música más complejas jamás escritas, con un violín construido por Antonio Stradivari de Cremona, numerado como el 576 y que fue fabricado por el gran luthier en el año 1646. Agregaremos que el instrumento esta avaluado en 5.500. 000 millones de dólares, siempre y cuando consigas que te lo vendan, porque aunque se posea todo ese dinero, no significa que se pueda comprar una cosa como esa. El experimento social fue organizado por el periódico Washington Post, y tenía otros objetivos, buscaba otras respuestas de comportamiento humano, pero evidentemente demostró algo que muchos intuíamos desde hace tiempo, y es que no existe la obra de arte, en este caso las obras de arte son las composiciones del genio musical del barroco alemán Johann Sebastián Bach, pero también se demostró que no existe el artista, Joshua Bell, como indicamos antes, es uno de los violinistas más importantes del mundo y sin embargo no significo nada para esa multitud que paso frente a él. ¿Y entonces?, si no existe la obra de arte y no existe el artista porque habría de existir el arte. La conclusión es muy simple. No existe el Arte, lo que si existe es otra cosa, algo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que pensamos históricamente como arte. Lo que existe es un Dispositivo Semiótico que se llama Obra de Arte, que se rige por otros parámetros y principios muy diferentes, que existe sin necesidad de la presencia de un artista ni del objeto por el fabricado y si este mecanismo no está bien construido, no está completo, no hay ninguna posibilidad de constatar el evento Obra de Arte. En este caso concreto falto completar la fase dos, falto, no se instalo lo que llamamos al principio de este estudio, la Instancia de Reconocimiento, faltaron los carteles, las luces de las marquesinas, las señoras ataviadas de gala para la gran ocasión, las luces del teatro, la levita del artista, la apertura del telón, los programas elaborados por los Críticos de Arte que nos muestran y previenen para que estemos preparados porque vamos a presenciar una Obra de Arte. En este caso era Joshua Bell interpretando a Bach pero cualquier obra correría la misma suerte si no se sustenta en el Dispositivo Obra de Arte completo y terminado en sus tres fases. En la próxima entrega finalizamos la tesis.
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