Para mi amigo el folkloron @fer_cont que me hizo conocer este maravilloso poeta. Graduado en la Facultad de Filosofía y Letras y en Ciencias de la información por la Universidad de Buenos Aires y becario de la misma, Roberto Juarroz amplió estudios en La Sorbona. Fue después profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación de la misma entre 1971 y 1984. En esta universidad ejerció la docencia durante treinta años. Marchó al exilio con el advenimiento del general Perón. Trabajó como bibliotecólogo para la Unesco y la OEA en diversos países y entre 1958 y1965 dirigió veinte números de la revista Poesía = Poesía junto con Mario Morales. Colaboró en numerosas publicaciones argentinas y extranjeras y fue crítico bibliográfico del diario La Gaceta de Tucumán (1958-63), crítico cinematográfico de la revista Esto es (Buenos Aires, 1956-58) y traductor de varios libros de poesía extranjera, en especial de Antonin Artaud. Su poesía ha sido muy estudiada y vertida a una gran cantidad de lenguas. Desde junio de 1984 fue miembro numerario de laAcademia Argentina de Letras. Recibió varios premios, el Gran premio de honor de poesía de la Fundación Argentina de Buenos Aires, el Esteban Echeverría de 1984, el "Jean Malrieu" de Marsella en mayo de 1992, y el premio de la "Bienal Internacional de Poesía", enLieja, Bélgica, en septiembre de 1992. PDF Antología completa de "Poesía Vertical": dijo:http://www.paginadepoesia.com.ar/escritos_pdf/juarroz_poesiavertical.pdf Fragmentos 23 – IX No hay tiempo. Ya no hay tiempo. Pero, ¿alguna vez hubo tiempo? La ilusión de la vida por delante, se conjuga con el verbo de la vida por detrás. Y todo transcurrir no es más que un punto, quizá un punto extensible o el revés de ese punto, porque el tiempo es puntual. Un punto que a veces se desliza levemente, como una gota de asombro de la luz o un inesperado corpúsculo de sombra, tan sólo para justificar algo parecido a un nivel en el barómetro casi fijo que mide la presión imposible de la vida. O tal vez simplemente la presión diagonal de lo imposible. 15 - XII Buscar una cosa es siempre encontrar otra. Así, para hallar algo, hay que buscar lo que no es. Buscar al pájaro para encontrar a la rosa, buscar el amor para hallar el exilio, buscar la nada para descubrir un hombre, ir hacia atrás para ir hacia delante. La clave del camino, más que en sus bifurcaciones, su sospechoso comienzo o su dudoso final, está en el cáustico humor de su doble sentido. Siempre se llega, pero a otra parte. Todo pasa. Pero a la inversa. 17 - III Detener la palabra un segundo antes del labio, un segundo antes de la voracidad compartida, un segundo antes del corazón del otro, para que haya por lo menos un pájaro que pueda prescindir de todo nido. El destino es de aire. Las brújulas señalan uno solo de sus hilos, pero la ausencia necesita otros para que las cosas sean su destino de aire. La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia. 17 -I Hay que caer y no se puede elegir dónde. Pero hay cierta forma del viento en los cabellos, cierta pausa del golpe, cierta esquina del brazo que podemos torcer mientras caemos. Es tan sólo el extremo de un signo, la punta sin pensar de un pensamiento. Pero basta para evitar el fondo avaro de unas manos y la miseria azul de un Dios desierto. Se trata de doblar algo más que una coma en un texto que no podemos corregir. 11 – V El ojo traza en el techo blanco una pequeña raya negra. El techo asume la ilusión del ojo y se vuelve negro. La raya se borra entonces y el ojo se cierra. Así nace la soledad. 8 - X Pensar es una incomprensible insistencia, algo así como alargar el perfume de la rosa o perforar agujeros de luz en un costado de tiniebla. Y es también trasbordar algo en insensata maniobra desde un barco inconmoviblemente hundido a una navegación sin barco. Pensar es insistir en una soledad sin retorno. 2 - III El otro que lleva mi nombre ha comenzado a desconocerme. Se despierta donde yo me duermo, me duplica la persuasión de estar ausente, ocupa mi lugar como si el otro fuera yo, me copia en las vidrieras que no amo, me agudiza las cuencas desistidas, descoloca los signos que nos unen y visita sin mí las otras versiones de la noche. Imitando su ejemplo, ahora empiezo yo a desconocerme. Tal vez no exista otra manera de comenzar a conocernos. 4 - III Si uno no es igual a su despertar, si el despertar lo excede o es menor que uno, ¿quién ocupa la diferencia? Y si uno no es igual tampoco a su dormir, ¿adónde se queda su costado despierto o qué otra cosa se duerme con uno? El signo igual parece a veces la duplicación ensimismada del menos. 9 -I Pienso que en este momento tal vez nadie en el universo piensa en mí, que sólo yo me pienso, y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría. Y aquí empieza el abismo, como cuando me duermo. Soy mi propio sostén y me lo quito. Contribuyo a tapizar de ausencia todo. Tal vez sea por esto que pensar en un hombre se parece a salvarlo. 16 -II El centro no es un punto. Si lo fuera, resultaría fácil acertarlo. No es ni siquiera la reducción de un punto a su infinito. El centro es una ausencia, de punto, de infinito y aun de ausencia y sólo se acierta con ausencia. Mírame después que te hayas ido, aunque yo esté recién cuando me vaya. Ahora el centro me ha enseñado a no estar, pero más tarde el centro estará aquí. 73 - II Lo enterraremos todo, los brazos, el movimiento y la pala, la pasión de los viernes, la bandera de andar solos, la pobreza, esa deuda, la riqueza, esa otra. Lo enterraremos hasta con sabiduría, cortando sabiamente los terrones, o cortándolos sin darnos cuenta, sabiamente. Un resto de mirada quedará flotando como un pincel absurdo sobre la tregua doblemente fiel de todo ausente. Y menos mal que no habrá nadie para escarbar luego bien hondo y descubrir que no hay nada enterrado. 48 - III Un caos lúcido, un caos de ventanas abiertas. Una confusión de vértigos claros donde la incandescencia se construye con el movimiento total de la ruptura. Viajar por las líneas que se quiebran a cada instante y rodar como un émbolo sin guía hacia los núcleos aleatorios de las cancelaciones primigenias. Tocar las vértebras sin eje, los círculos sin centro, las particiones sin unidad, los choques sin contacto, las caídas sin escuadra, los pensamientos sin quien piense, los hombres sin más rostro que su dolor. Y recoger allí la ley de lo casual, la norma de lo imposible: cada forma es un borde cortante del caos, un ángulo perplejo de sus ojos abiertos, los únicos abiertos. Porque el caos es la tregua de la nada, la lucidez sin compromiso, la intersección aguda de un espacio sin interés por los objetos y de un tiempo pensante. 38 - V Menos que el circo ajado de tus sueños y que el signo ya roto entre tus manos. Menos que el lomo absorto de tus libros y que el libro escondido de páginas en blanco. Menos que los amores que tuviste y que el tizne que alarga los amores. Menos que el dios que alguna vez fue ausencia y hoy ni siquiera es ausencia. Menos que el cielo que no tiene estrellas, menos que el canto que perdió la música, menos que el ojo seco de los muertos, menos que el humo que olvidó su aire. Y ya en la zona del más puro menos colocar todavía un signo menos y empezar hacia atrás a unir de nuevo la primera palabra, a unir su forma de contacto oscuro, su forma anterior a sus letras, la vértebra inicial del verbo oblicuo donde se funda el tiempo transparente del firme aprendizaje de la nada. Y tener buen cuidado de no errar otra vez el camino y aprender nuevamente la farsa de ser algo. 7 - VI ¿Cómo amar lo imperfecto, si escuchamos a través de las cosas cómo nos llama lo perfecto? ¿Cómo alcanzar a seguir en la caída o en el fracaso de las cosas la huella de lo que no cae ni fracasa? Quizá debemos aprender que lo imperfecto es otra forma de la perfección: la forma que la perfección asume para poder ser amada. 19 - VI Algunos de nuestros gritos se detienen junto a nosotros y nos miran fijamente como si quisieran consolarnos de ellos mismos. Algunas palabras que hemos dicho regresan y se paran a nuestro lado como si quisieran convencernos de que llegaron a alguna otra parte. Algunos de nuestros silencios toman la forma de una mujer que nos abraza como si quisieran secarnos el sudor de las ternura solitarias. Algunas de nuestras miradas retornan para comprobarse en nosotros o quizá para permitir que nos miremos desde enfrente como si quisieran demostrarnos que lo que nos ocurre es una copia de lo que no nos ocurre. Hay momentos y hasta quizá una edad de nuestra imagen en que todo cuanto sale de ella vuelve como un espejo a confirmarla en la propia constancia de sus líneas. Así se va integrando nuestro pueblo más secreto. 13 - VIII El centro del amor no siempre coincide con el centro de la vida. Ambos centros se buscan entonces como dos animales atribulados. Pero casi nunca se encuentran, porque la clave de la coincidencia es otra: nacer juntos. Nacer juntos, como debieran nacer y morir todos los amantes. 26 – VI La campana está llena de viento, aunque no suene. El pájaro está lleno de vuelo, aunque esté quieto. El cielo está lleno de nubes, aunque esté solo. La palabra está llena de voz, aunque nadie la diga. Toda cosa está hecha de fugas, aunque no haya caminos. Todas la cosas huyen hacia su presencia. 14 - IX También el infinito Tiene un derecho y un revés. Los dioses siempre están al derecho, Aunque a veces se acuerden quizá del otro lado. El hombre siempre está al revés y no puede acordarse de otra parte. Pero también el infinito suele dar vueltas en el aire como una moneda, que no sabemos quien arroja con sus giros de sarcásticas guiñadas. Y así cambian a veces los papeles, pero no seguramente la memoria. El hombre es el revés del infinito, aunque el azar lo traslade un instante al otro lado. (para Michel Camus y Claire Tiévant) 129 - IX Somos el borrador de un texto que nunca será pasado en limpio. Con palabras tachadas, repetidas, mal escritas y hasta con faltas de ortografía. Con palabras que esperan, como todas las palabras esperan, pero aquí abandonadas, doblemente abandonadas entre márgenes prolijos y yertos. Bastaría, sin embargo, que este tosco borrador fuera leído una sola vez en voz alta, para que ya no esperásemos más ningún texto definitivo. 1 – XI (parte II) No tenemos un lenguaje para los finales, para la caída del amor, para los concentrados laberintos de la agonía, para el amordazado escándalo de los hundimientos irrevocables. ¿Cómo decirle a quien nos abandona o a quien abandonamos que agregar otra ausencia a la ausencia es ahogar todos los nombres y levantar un muro alrededor de cada imagen? ¿Cómo hacer señas a quien muere, cuando todos los gestos se han secado, las distancias se confunden en un caos imprevisto, las proximidades se derrumban como pájaros enfermos y el tallo del dolor se quiebra como la lanzadera de un telar descompuesto? ¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo cuando nada, cuando nadie ya habla, cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras de un mundo que ha perdido su memoria de ser mundo? Quizá un lenguaje para los finales exija la total abolición de los otros lenguajes, la imperturbable síntesis de las tierras arrasadas. O tal vez crear un habla de intersticios, que reúna los mínimos espacios entreverados entre el silencio y la palabra y las ignotas partículas sin codicia que sólo allí promulgan la equivalencia última del abandono y el encuentro (para Jean Paul Neveu) 7 - IV Toda nomenclatura es triste. Huele a campos tapiados, a cadenas de lúgubres adioses, a pisadas que aplastan, a papeles manchados, a descarnadas corrosiones. Aunque se enumeraran ángeles, aunque se encolumnaran rosas, aunque se indizaran amores. Toda nomenclatura traba la azul enredadera cuyos brotes demuestran que el silencio es un verbo. Toda nomenclatura atrasa el reloj sin cuadrante del ritmo que es la vida. 76 - XIV Vivir es estar en infracción. A una ley o a otra. No hay más alternativas: no infringir nada es estar muerto. La realidad es infracción. La irrealidad también lo es. Y entre ambas fluye un río de espejos que no figuran en ningún mapa. En ese río todas las leyes se disuelven, todo infractor se vuelve otro espejo. 92 – XIV Donde siempre hubo una espera ya no hay nada: mi perro me ha enseñado a morir. Nunca escribí su nombre. hoy tampoco lo escribo. Él no podía decirlo y lo borró con él. La lámpara apagada tiene una claridad que redime el engaño del azar de encenderse. ¿Adónde llega todo si nada lo recibe? Casi sin darme cuenta he encendido una luz sobre el foso cubierto mientras un hueco nuevo que apenas se nota muerde algo más el sueño de creer que vivimos. 6 - XII Hay fragmentos de palabras adentro de todas las cosas, como restos de una antigua siembra. Para poder hallarlos es preciso recuperar el balbuceo del comienzo o el fin. Y desde el olvido de los nombres aprender otra vez a deletrear las palabras, pero desde atrás de las letras. Quizá descubramos entonces que no es necesario completar esos fragmentos, porque cada uno es una palabra entera, una palabra de un lenguaje olvidado. Y hasta es posible que encontremos en cada cosa un texto completo, un reservado y protegido texto que no es preciso leer para entender. 113 - XIV Las respuestas se han acabado. Quizá nunca existieron y sólo eran espejos enfrentados al vacío. Pero ahora también las preguntas se han acabado. Los espejos se han roto, hasta los que no reflejaban nada. Y no hay modo de rehacerlos. Sin embargo, tal vez quede en alguna parte una pregunta. El silencio es también una pregunta. Resta un espejo que no puede romperse porque no se enfrenta a nada, porque está dentro de todo. Hemos encontrado una pregunta. ¿Será el silencio también una respuesta? Quizá a determinada altura las preguntas y las respuestas son exactamente iguales. SUMATE CON UN CLICK!
Roberto Juarroz - Poesía Vertical
Datos archivados del Taringa! original
102puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos: