Escribir cura. Todo aquel que tenga costumbre de escribir lo sabe bien. Escribiendo sacamos de nosotros todo aquello que pueda hacernos daño, y lo convertimos en algo bello, o algo duro, pero en algo que ya no nos puede afectar. La ducha Le resultaba extremadamente molesto cuando el tubo fluorescente de luz estaba a punto de llegar al fin de su período útil. Es en ese momento cuando comienza a parpadear, y el baño se transforma en un pub nocturno. La luz fluorescente comenzó a titilar en el preciso instante en el que ella estaba bañándose, justamente mientras mantenía los ojos cerrados para evitar que el champú le irritara los ojos. Se enjuagó la cara y entre flashes terminó de bañarse. Una de las cosas que odiaba de vivir sola era no tener conocimientos sobre electricidad. Y no contar con alguien que le alcanzara la toalla en caso de habérsela olvidado. Para completar su mala suerte, el tubo fluorescente comenzó a fallar cada vez más, haciendo que los intervalos de oscuridad fueran más largos que los de luz cegadora y, efectivamente, había olvidado las toallas; salir completamente mojada de la ducha en busca de algo para secarse no era una idea que le agradara. Corrió la cortina de baño y entre el parpadeo confundió la base del lavabo con un par de… efectivamente el defecto del tubo luminiscente estaba dañando su visión –se dijo. Resbaló con sus pies mojados y rozó algo áspero en la oscuridad, pisó un zapato. Maldijo por lo bajo: había mojado sus mocasines de gamuza, ¡demonios! –protestó. En el tropezón y el cuidado por no pisar de nuevo los zapatos se desorientó en la oscuridad. Estiró la mano a tientas para encontrar el picaporte de la puerta, o al menos el interruptor para así evitar chocarse con el lavabo. Con un tic la luz volvió a encenderse… se vio frente al espejo, su reflejo le devolvió un torso aún enjabonado; volvió a maldecir por lo bajo. Otro tic y otra vez oscuridad. Pero ya podía ubicarse, la puerta estaba justo a su derecha, tan sólo con estirar un poco el brazo alcanzaría a abrirla. Fue entonces cuando descubrió que no era una falla del tubo fluorescente. Era una broma sin gracia. Había visto un par de piernas, sí, y había pisado unos zapatos, pero no eran los suyos. Su captor estaba jugando con la luz, simplemente como una estrategia para que ella saliera de la ducha. Lo reconoció. Pero no reaccionó. En su rostro quedó congelada una expresión de confusión. No se había convencido de lo que había visto. Ese era el plan. Entonces prendió la luz; tardó en encenderse, y durante el incesante titilar él la electrocutó. La muerte fue instantánea, descalza y con los pies mojados la electricidad recorrió su cuerpo en una fracción de segundo, tiempo suficiente para detenerle el corazón. Pero no contento con ello, tuvo que aprovecharse de ella también. La última vez. Conclusiones de las primeras pericias: muerte por accidente. Electrocutada. Interruptor en malas condiciones. ¿Violación? Descartada. No había restos de semen. Surgieron otras hipótesis. Investigación en curso. Violador en libertad. Autor Eve Argentina Cuentos Siempre ha existido alguien a quien le gusta contar una historia y alguien a quien le gusta escuchar. Ese es el principio básico que le ha permitido a la Narrativa vencer las barreras del espacio y el tiempo. Desde que el hombre comenzó a vivir en comunidad, gustó de reunirse alrededor del fuego cuando terminaba el día, y sintió la necesidad de contar a los demás sus experiencias y los sucesos que le habían acaecido, muchas veces refiriéndolos como si le hubieran sucedido a una tercera persona o enriqueciendo y transformando la realidad con su fantasía. Así el relato se empezó a independizar de su autor y los oyentes pudieron repetirlo y recrearlo. En su larga vida la narrativa ha conocido dos tipos de transmisión: la oral, que consistió en la repetición de padres a hijos a través de generaciones; la escrita, que fijó sus formas y las embelleció con sus propios recursos. Existen distintas formas de narrar. El cuento, la forma primitiva, es el único que se ha adaptado a través de los tiempos. Una narración breve de un suceso imaginario, en la que aparece un reducido número de personajes, una sola acción, un solo foco temático. Su finalidad es provocar en el lector una única respuesta emocional. No hay peor violencia cultural que el embrutecimineto que se produce cuando no se lee “Leer porque si” significa leer porque uno tiene ganas de hacerlo sin ninguna justificación lógica, porque “se le canta” leer y no le tiene que rendir cuentas a nadie, porque quiere enfrentarse a un texto sin pensar que después se lo van a hacer separar en párrafos, o le harán buscar sustantivos comunes o propios, o le pedirán que descubra los adverbios y preposiciones, o le van a hacer analizar sintácticamente su título, o le van a dar una guía de interpretación… Se "lee porque si" cuando se busca disfrutar de la lectura sin condicionamiento alguno... Comunidad: Botanica "el maravilloso mundo verde"
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